Alan Gross: Castro's prisoner
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    Alan Gross se va a vivir a Israel, pero quiere volver a Cuba

    Alan Gross se va a vivir a Israel, pero quiere volver a Cuba
    julio 13, 2017

    En mayo pasado el subcontratista judeo-estadounidense que fue preso
    político en Cuba se estableció con su esposa Judy en la Tierra
    Prometida. En la isla perdió cinco años de vida, cinco dientes y su
    carrera de trabajador para el desarrollo, pero dice que allí dejó familia.
    El ex subcontratista estadounidense Alan Gross, que pasó cinco años
    preso en Cuba por presuntos delitos contra la Seguridad del Estado,
    reveló a la agencia JTA que el pasado 3 de mayo él y su esposa Judy
    culminaron sus planes de hacer Aliá, el reasentamiento en la Tierra
    Prometida como inmigrantes de los judíos de la diáspora, bajo la Ley de
    Retorno que les otorga el derecho a “subir a Jerusalén”(vivir en Israel)
    y hacerse ciudadanos israelíes.

    Entrevistado por esa agencia de noticias judía, Gross evocó sus años
    como trabajador para el desarrollo en Israel y en las zonas palestinas,
    después de que se iniciaran las conversaciones de paz de Oslo en 1993.
    “Estuve en Israel probablemente 60 veces antes de hacer Aliá”, dijo.

    Descartó que su experiencia cubana tuviera que ver con esta decisión:
    “No puedo decir que Cuba haya tenido que ver. No creo que mis
    antecedentes judíos tuvieran nada que ver con el trato que recibí“.

    Cuando fue arrestado en el aeropuerto de La Habana en diciembre de 2009,
    Gross, quien entonces residía en Potomac, Maryland, trabajaba en la isla
    como subcontratista de la Agencia de los Estados Unidos para el
    Desarrollo Internacional, USAID. Se dedicaba a facilitar acceso a
    Internet a la pequeña comunidad hebrea cubana (miembros de la comunidad
    le visitaron en varias ocasiones en el Hospital Militar de La Habana,
    donde pasó la mayor parte de su cautiverio en la Sala de Penados).

    Catorce meses después de su detención fue enjuiciado por “actos contra
    la independencia o la integridad territorial” del país, y recibió una
    sentencia de 15 años de prisión. Cinco años después de su arresto, en
    diciembre de 2014, Gross formó parte de un canje en el que él y tres
    espías cubanos condenados en EE.UU. fueron liberados simultáneamente, el
    mismo día en que el presidente Barack Obama y el gobernante cubano Raúl
    Castro anunciaron que los dos gobiernos reanudarían sus relaciones.

    Gross agradece por su liberación a Obama y a varios miembros del
    Congreso, pero no pierde de vista el papel de las organizaciones judías:
    “La realidad es que fue el esfuerzo de base en la comunidad judía lo que
    inclinó (a mi favor) el esfuerzo”, dijo. “Había decenas de miles de
    correos electrónicos, literalmente decenas de miles, eso fue lo que
    inclinó la balanza. Mi redención de Cuba es una historia de activismo”.

    Los Gross se han establecido en Tel Aviv. Tienen una hija que vive en
    Jerusalén con su esposo e hija, la nieta de Alan y Judy.

    Preguntado acerca de cómo está su hebreo, dice que “no muy bien, y no
    mejor que mi español”, idioma que perfeccionó mientras extinguía su
    larga sentencia.

    En Tel Aviv, la ciudad sobre el Mediterráneo por la que suele andar a
    pie, Alan Gross dice que frecuenta una cigarrería donde se reúne con
    otros fumadores de puros a echar humo, commer hummus, y hablar de
    política. El vicio del tabaco lo adquirió en Cuba, donde sus captores le
    regalaban habanos en ocasiones especiales.

    “Cada vez que un dignatario me visitaba el gobierno cubano me daba una
    caja de habanos caros”, recuerda. “Cada caja costaba el salario de un
    mes de un cubano. Me tenían enviciado, los H.P”, recuerda. “Tienen más
    habanos que alimentos”, agrega. “El 50 % de las tierras cultivables de
    Cuba están sin cultivar”.

    El prisionero americano perdió cinco piezas dentales debido a la
    malnutrición durante su tiempo tras las rejas. Pero Cuba le hizo a Alan
    Gross un daño peor que quitarle cinco dientes y cinco años de su vida.

    A pesar de que no era un espía y las autoridades cubanas no lo
    condenaron por espionaje, buena parte de la información publicada sobre
    su caso lo caracterizaba como un espía, y eso significa que no podrá
    volver a dedicarse al trabajo que ama, el desarrollo de las economías
    emergentes, apunta la agencia JTA.

    “En los países donde podría trabajar, imagino a la gente mirándome
    desconfiada (…) eso elimina la capacidad de recuperar la confianza del
    cliente”.

    Preguntado sobre si volvería a la isla de tener una oportunidad dijo que
    “volvería enseguida”. De hecho, ha escrito dos veces a la Embajada de
    Cuba en Tel Aviv, solicitando que lo reciban, pero no ha habido respuesta.

    Afirma que tiene ganas de ver a los familiares de sus compañeros de
    celda, que le llevaban comida. “Ellos me ayudaron a sostenerme durante
    cinco años; son también mi familia”, concluye diciendo.

    [Redactado por Rolando Cartaya basado en entrevista de JTA]

    Source: Alan Gross se va a vivir a Israel, pero quiere volver a Cuba –
    www.martinoticias.com/a/alan-gross-se-va-a-vivir-a-israel-pero-quiere-regresar-a-cuba/148939.html