Alan Gross: Castro's prisoner
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    Miami-La Habana ¿dónde viven los intolerantes?

    Miami-La Habana: ¿dónde viven los intolerantes?
    Recientemente los medios oficialistas cubanos han dedicado espacios a lo
    que denominan “la intolerancia miamense”
    Miércoles, enero 11, 2017 | Roberto Jesús Quiñones Haces

    GUANTÁNAMO, Cuba.- Recientemente los medios oficialistas cubanos han
    dedicado espacios de la prensa plana y televisiva a lo que denominan “la
    intolerancia miamense”.

    Entre los textos publicados por la prensa está el titulado “Indecencia”,
    del periodista y vicepresidente de la UNEAC (Unión de Escritores y
    Artistas de Cuba) Pedro de la Hoz, aparecido en Granma el pasado 19 de
    diciembre.

    Según el periodista, la suspensión de los conciertos que Buena Fe y
    Alexander Abreu debían haber ofrecido el pasado diciembre allá, se debe
    al extremismo imperante en Miami. Aseguró también que a Pancho Céspedes
    le cayeron en pandilla, sin la más mínima ética, por haber criticado a
    un músico que participara en un show televisivo “que mancillaba la
    memoria del Comandante”.

    Creo que lo indecente estriba en que quienes han aportado a la historia
    contemporánea muestras fehacientes de intolerancia le endilguen la misma
    conducta a los compatriotas de Miami cuando, con toda lógica, dadas las
    circunstancias en que iban a producirse las giras y las posiciones
    asumidas por esos músicos, la entidad patrocinadora decidió suspenderlas.

    Es cierto que en Miami viven asesinos, corruptos y terroristas, pero
    aquí también los tenemos. Aquí viven personas inocentes que sufrieron
    las consecuencias del terrorismo. Allá viven muchísimas más personas que
    tuvieron que salir de Cuba debido a la intolerancia del castrismo, entre
    ellas los familiares de los cubanos que viajaban en las avionetas de
    Hermanos al Rescate, asesinados cobardemente; y miles de cubanos que en
    sus historias tienen un fusilado o un familiar condenado a largos años
    de cárcel por haberse opuesto a Fidel Castro cuando éste traicionó los
    ideales democráticos de la revolución. Al parecer, quienes no
    participamos de ese vendaval de odio estamos condenados a vivir atados a
    sus consecuencias, hasta que un día los ultrajados sueños de Martí sean
    una práctica cotidiana y sobre las dos orillas se establezcan la paz y
    la reconciliación.

    Basten estos ejemplos: allá el señor Edmundo García tiene un programa de
    radio donde fustiga al exilio histórico cubano y defiende furibundamente
    al castrismo, como antes lo hizo Aruca. Que yo sepa, nunca ha sido
    detenido, ni su casa ha sido registrada por la policía, mucho menos le
    han ocupado sus equipos de trabajo ni su salario, ni le han hecho un
    mitin de repudio a pesar de las lógicas sospechas que caen sobre su
    persona y labor. Al grupo infantil La Colmenita se le permitió una gira
    por los EE.UU en la que se centró en la defensa de los cinco cubanos que
    entonces estaban presos allá.

    Aquí jamás hemos visto que el gobierno le ha permitido a un opositor
    tener un programa de radio o siquiera poder dirigirse libremente al
    pueblo y criticar el descalabro que sufre este país. Tampoco se permitió
    a un intelectual norteño decir algo en los medios cubanos a favor de
    Alan Gross.

    Estos mismos que reclaman tolerancia a los cubanos de allá callaron
    cuando una turba penetró en la casa de la poetisa María Elena Cruz
    Varela y la agredió salvajemente. Callaron cuando el régimen apresó,
    condenó y fusiló en menos de quince días a los jóvenes que iban a
    secuestrar una embarcación, aunque luego desistieron de hacerlo sin
    haber causado daño a nadie; son los mismos que callan ante la
    discriminación política y social que sufren cientos de intelectuales
    cubanos y quienes ahora callan ante la detención de El Sexto.

    Una cosa es la intolerancia y otra la ingenuidad. Los cubanos que iban a
    ofrecer su arte allí, y el mismo Pancho Céspedes, quien se toma la
    atribución, viviendo en un país libre, de coartar el legítimo derecho de
    otro, son probados defensores del castrismo, como indudablemente lo es
    Pedro de la Hoz. Además de ir allá para hacer propaganda y hasta quizás
    para actuar como enlaces de la seguridad cubana, van para ganar buenas
    sumas de dinero que luego ostentan aquí. Quizás allá hablen de
    tolerancia y respeto a la diversidad, pero cuando regresan y tienen la
    oportunidad de pedir eso mismo a sus mandantes, a quienes les tocan y
    cantan, callan. Como defensores del castrismo que son defienden la
    dictadura, la violación consuetudinaria de elementales derechos humanos
    y la represión a los opositores pacíficos. Premiarlos con viajes a
    países democráticos constituye un espaldarazo a la continuidad de esa
    posición que nada tiene de decente o ética y a la entrada de dinero para
    fortalecer al régimen. Ojalá que eso lo tenga muy en cuenta el gobierno
    de Donald Trump.

    La posición de estas personas es copia fiel de la política castrista,
    que proyecta una imagen de tolerancia y de respeto a las diferencias a
    nivel internacional y actúa de forma bien diferente adentro, una
    posición que se ha fortalecido gracias a las ingenuidades de la Unión
    Europea y de la administración de Barack Obama.

    Sería bueno que ahora que seguramente esos músicos y el periodista
    firmaron el concepto de revolución -¿lo habrá firmado también Pancho
    Céspedes?- algunos de cuyos enunciados fueron violados reiteradamente
    por su creador, se llenaran de un poquito de vergüenza y exigieran al
    partido y al gobierno que comiencen a cumplirlo ya, sobre todo esa parte
    que asegura que revolución es igualdad y libertad plenas. Ojalá que,
    además de ese poquito de vergüenza, tengan el valor de hacerlo.

    Source: Miami-La Habana: ¿dónde viven los intolerantes? | Cubanet –
    www.cubanet.org/destacados/donde-vive-la-intolerancia/