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    Cuba y el ‘candidato manchuriano’

    Cuba y el ‘candidato manchuriano’
    Obama se parece al protagonista de una novela de suspenso político
    publicada en 1959
    Miércoles, enero 18, 2017 | Julio M. Shiling

    MIAMI, Estados Unidos.- Entre los veinte y seis libros que escribió el
    novelista norteamericano Richard Condon, el que más se destacó fue El
    candidato manchuriano (The Manchurian Candidate). Esta obra de suspenso
    político publicada en 1959 y luego convertida en película en 1962 y
    también en 2004, tiene como trama la elaboración de una conspiración
    comunista que conlleva el acto de lavarle el cerebro a un individuo
    capturado y convertido en prisionero de guerra durante la guerra de
    Corea, por parte de los servicios de inteligencia chino-comunistas y
    soviéticos. La idea era que una vez que el protagonista principal era
    insertado en la sociedad estadounidense al concluir el conflicto, éste
    intentaría materializar los objetivos del comunismo internacional e
    impactar el poder político en la democracia norteamericana.

    Barack Obama ha sido una versión actualizada, no ficticia, del candidato
    manchuriano. En el caso del cuadragésimo cuarto presidente de la nación
    estadounidense no fue necesario ejecutar un lavado de cerebro para
    imponer un dogmatismo ideológico antidemocrático. Obama ya poseía
    suficiente bagaje que nos demuestra, incluso mucho antes de postularse
    para presidente, que su óptica del mundo era entendida dentro de una
    mentalización de lucha de clases cuyo recetario metodológico sería la de
    un socialista fabiano. Su defensa práctica de los valores universales de
    los derechos naturales y humanos, así como su sostenimiento de la ética
    democrática, han sido antitéticos, medidos por los estándares históricos
    de los jefes ejecutivos de la democracia más modélica en el mundo.

    Con un enfoque prioritario internacionalista, se propuso en gran medida
    transformar el orden mundial en uno donde se le daría (o se le
    intentaría dar) un lugar de protagonismo mayor y privilegiado a enclaves
    del despotismo totalitario. Regímenes y movimientos del islamismo
    radical como la Hermandad Musulmana y el chiismo fundamentalista de
    Irán, por ejemplo, encontraron en Obama un aliado sólido. El comunismo
    en su exégesis post soviético también halló en éste un coligado formidable.

    Cuba ha sido su ensayo más emblemático en su intento de rescatar y
    transformar versiones duras del marxismo-leninismo y facilitar el viaje
    del mismo a los puertos seguros de la supervivencia. Obama, como fiel
    intérprete del principio gramsciano y leninista que formulaba que el
    papel del intelectual y del político era el de asistir a la historia, le
    extendió al castrocomunismo todo lo que su presidencia imperial le
    permitió para ayudar a que los déspotas cubanos transitaran a versiones
    más light, como los modelos chino o vietnamita. Gracias a Dios esto
    parece haber fracasado, tal como lo vislumbraron Obama y los Castro. Sin
    embargo, como fiel adherente a procesos de leyes históricas, el
    presidente norteamericano saliente, antes de salir, decidió cometer otra
    violación más del concepto democrático de la división de poderes, y ha
    intentado abolir con un plumazo ejecutivo lo que es un acto legislativo
    que tiene primacía: la Ley de Ajuste Cubano.

    Bill Clinton, cuando emitió su orden ejecutiva de “pies secos, pies
    mojados” en 1995, limitó la práctica establecida de los EE.UU. de
    rescatar a cualquier cubano encontrado en alta mar huyendo del comunismo
    y de transportarlo hacia la libertad en territorio norteamericano. El
    expresidente y esposo de la fracasada candidata presidencial demócrata
    siempre fue uno en tramar palabras y conceptos presentando opuestos que,
    aunque contradijeran los hechos, siempre encontraba salidas percibidas
    como racionales pese a su real condición. El fenómeno de “pies secos,
    pies mojados” ha sido una de esas falacias vendidas en los EE UU como un
    “logro”, cuando en realidad sólo significó, en la práctica, extenderle
    un pretexto para convertir a los EE.UU. en un agente de facto de la
    guardia costera castrista.

    Esa orden ejecutiva, la famosa y mal entendida política de “pies secos,
    pies mojados”, es la que Obama neutralizó con su orden ejecutiva. La
    lectura que se le está dando y la extensión de ésta en el ámbito de la
    política inmigratoria más integradora de los EE.UU. hacia los cubanos
    que buscan la libertad, sólo se puede admitir si se acepta el léxico
    obamista añadido en su acción administrativa y contradictoria a las
    normas y las funciones de lo que constituye una acción ejecutiva. La
    intención de darle a esta maniobra de Obama un carácter legislativo,
    debería de ser retada en los tribunales estadounidenses.

    Mientras la nueva administración decide qué curso tomar con este acto
    imperial y vergonzoso de Obama, la vida de todos los cubanos que están
    en terceros países en ruta a los EE UU recae sobre los hombros de éste.
    Cuando Obama le extendió el reconocimiento diplomático a la dictadura
    castrista, pronunció públicamente que no cambiaría la política
    inmigratoria de la nación estadounidense hacia los cubanos. Gran parte
    de los que están en ese estado ahora convertido en uno de limbo, tomaron
    la decisión basados en las normas existentes en los EE.UU. y avaladas
    expresamente por su presidente. Fiel a su trayectoria de mentir sobre
    las mentiras, traicionó una vez más a Cuba y a la tradición
    norteamericana de dar amparo al que busca libertad y de defender ésta
    como un valor inalienable. La explicación de por qué Obama ha sido tan
    mentiroso (e. g., el canje Gross-espías, el defender los DD HH, las
    cifras del comercio, etc.), yace en la verdad desnuda de su moralidad
    política-ideológica.

    Obama realmente no cree que es inaceptable lo que hay en Cuba hoy, ni
    mucho menos el modo que un grupo de facinerosos ejercen el poder
    político ahí. Podrá discrepar y estaría dispuesto a debatir
    cerebralmente sobre diferencias en los detalles de la operación y el uso
    del mismo, pero jamás sentiría repugnancia al contemplar cómo atropellan
    a los cubanos en pleno día, todos los días. La realdad fehaciente es que
    las diferencias entre Obama y el castrocomunismo, es la de un socialista
    fabiano y un marxista. ¡Qué horror si a Obama le hubiera tocado gobernar
    sobre un país con instituciones democráticas menos enraizadas!

    Source: Cuba y el ‘candidato manchuriano’ | Cubanet –
    www.cubanet.org/opiniones/cuba-y-el-candidato-manchuriano/