Alan Gross: Castro's prisoner
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    No solo de libertad económica vive el hombre

    No solo de libertad económica vive el hombre
    ¿Es posible tener libertad económica sin que ello desemboque en libertad
    política y respeto por los derechos humanos?
    Sábado, septiembre 17, 2016 | Carlos Alberto Montaner

    MIAMI, Estados Unidos.- He recibido el Índice de Libertad Económica
    publicado por el Fraser Institute (2016). El peor de los 159 países
    escrutados es Venezuela. Es terrible lo que el chavismo ha hecho con esa
    pobre sociedad. Ha sacrificado las libertades políticas y las económicas
    de un país potencialmente riquísimo hasta crear un matadero infecto en
    el Caribe.

    Se sabe que la libertad económica es un componente de la prosperidad.
    Grosso modo, también se sabe que los países más prósperos son los que
    pueden exhibir mayor libertad política, aunque a veces esos factores no
    coinciden.

    Basta con revisar varios índices internacionales de desarrollo, además
    del Fraser, para comprobar que al frente del planeta se encuentran los
    veinticinco sospechosos habituales de siempre: Suiza, Nueva Zelanda,
    Noruega, Dinamarca, Suecia, Finlandia, Inglaterra, Francia, Canadá,
    Estados Unidos, Alemania, Holanda, Austria, Bélgica, Corea del Sur,
    Japón, Australia, Italia, España, Israel, Irlanda, Islandia, República
    Checa, Eslovaquia y Eslovenia.

    Se trata de múltiples expresiones de la democracia liberal. Algunos
    países son los pioneros, como Estados Unidos, que en 1776 inventó el
    modelo sin proponérselo, o Francia, que hizo su primera revolución una
    generación más tarde, en 1789. Algunos pasaron por una lamentable y
    sangrienta etapa fascista, como Alemania, Italia, Japón y España. Otros
    son recién llegados al club, como las naciones excomunistas, víctimas de
    las supersticiones marxistas-leninistas que dejaron cien millones de
    muertos en el trayecto.

    Se trata de monarquías o repúblicas; son estados presidencialistas o
    parlamentarios; son naciones viejas o de nueva creación; fueron imperios
    “explotadores” o colonias “explotadas”. Pero todos estos países hoy son
    democracias reguladas por leyes escritas, donde la soberanía radica en
    el conjunto de la sociedad, los gobernantes son reemplazados
    periódicamente en elecciones plurales, existe una clara separación de
    poderes, la sociedad realiza sus transacciones económicas en mercados
    abiertos, y se respetan los derechos humanos, entre ellos los de prensa,
    asociación y tenencia de propiedad privada.

    No obstante, el Índice de Libertad Económica de Fraser lo encabezan dos
    entidades diminutas y pujantes que no pueden considerarse democracias.

    Uno es Hong Kong, el territorio “más libre” del planeta en materia
    económica. Un mínimo apéndice enquistado en la dictadura china, rezago
    colonial asiático en donde el Reino Unido jugó al laissez faire,
    mientras en la propia metrópolis europea, impulsada por las fantasías
    fabianas, recurría al estatismo y al dirigismo, para descubrir, en 1997,
    cuando terminaba el periodo colonial y le devolvía el territorio a
    China, que el PIB per cápita de la colonia era un tercio mayor que el de
    la patria putativa que se retiraba.

    El otro es Singapur, una ciudad-estado-isla, de pocos cientos de
    kilómetros cuadrados, situada entre Indonesia y Malasia, una mínima
    protuberancia geológica con himno y bandera, también desovada por el
    Reino Unido, hoy altamente desarrollada, que comenzó sus reformas en
    1961, entonces más pobre que Cuba y hoy infinitamente más rica que la
    isla caribeña.

    Mediante el mercado libre, la honradez y el sentido común de sus
    gobernantes (que tienen la mano muy dura), Singapur ha logrado alcanzar
    un PIB de más de ochenta mil dólares anuales (el doble de Gran Bretaña),
    mientras el gobierno apenas consume el 15% de ese PIB, y la sociedad
    disfruta de servicios públicos equivalentes a los que reciben los
    escandinavos, quienes dedican más del 50% del PIB a gastos del sector
    oficial.

    Y entre los veinticinco “más libres” en el terreno económico comparecen
    también los Emiratos Árabes, Jordania y Catar, tres monarquías islámicas
    mucho más parecidas a los sultanatos medievales que a las democracias
    modernas.

    Lo que quiero decir es que es posible tener libertad económica sin que
    ello desemboque en libertad política y respeto por los derechos humanos.
    Como también la libertad económica no siempre y necesariamente genera
    prosperidad individual (aunque contribuye muchísimo), a menos de que
    vaya acompañada por un intenso desarrollo de lo que se llama, desde hace
    varias décadas, “capital humano” (educación) y “capital social” (hábitos
    y conductas de los individuos con relación al Estado de Derecho).

    Hasta ahora, los mejores vivideros del planeta son aquellos en los que
    se conjugan las libertades políticas, las económicas, y las ideas
    correctas sobre el desarrollo y la convivencia. Esto se confirma con el
    signo de las migraciones. Ese Índice, todavía inédito, se realiza con
    los pies. Sería interesante juzgar a los países por el número de
    inmigrantes que recibe o por los que expulsa. Ese es un dato clave para
    ponderar la calidad de las naciones.

    Source: No solo de libertad económica vive el hombre | Cubanet –
    www.cubanet.org/opiniones/no-solo-de-libertad-economica-vive-el-hombre/