Alan Gross: Castro's prisoner
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    Un año después, ¿qué tenemos?

    Un año después, ¿qué tenemos?
    Además de crisis migratoria, demandas absurdas e inconsistencias en
    Washington
    Eugenio Yáñez, Miami | 17/12/2015 8:31 am

    Ha pasado un año desde el 17 de diciembre de 2014.
    El rehén Alan Gross (que bastante malagradecido ha resultado
    últimamente, por cierto) fue intercambiado, junto a alguien que todavía
    no está claro quién es ni por qué estaba preso, por tres mediocres
    espías castristas que ahora pasean por el mundo vendidos como luchadores
    antiterroristas, pero que antes, entre otras cosas, habían contribuido
    al derribo de avionetas civiles en aguas internacionales.
    El presidente Barack Obama, desesperadamente necesitado de algún éxito
    en política exterior, ya que su campaña contra ISIS o su enfrentamiento
    con Putin no logra los resultados que se podrían haber esperado
    tratándose de la primera potencia mundial, insiste en que gracias a su
    nueva política hacia Cuba las cosas han mejorado para el pueblo cubano,
    y que se ven avances.
    Y cuando se le pregunta a sus funcionarios sobre los miles de cubanos
    varados en Costa Rica y Panamá la respuesta que se escucha es que es
    necesario que la emigración se produzca de manera ordenada y segura.
    Declaración abstracta que podría suscribir hasta Raúl Castro, pero que
    deja colgados de la brocha a esos miles de cubanos empantanados en
    Centroamérica, a pesar de los extraordinarios esfuerzos del presidente
    costarricense para encontrar solución a la crisis humanitaria que se ha
    gestado por la maldad… ¿de quién? Algunos dirán que del imperialismo, la
    Ley de Ajuste Cubano o del malo de la película, cualquiera que sea, pero
    todos sabemos que la provocó La Habana para presionar a Washington, con
    la intención final de echar abajo el programa de “paroles” para los
    trabajadores de la salud enviados por el régimen para explotarlos en el
    extranjero, porque son los esclavos más productivos para las arcas de
    “la revolución”.
    El concepto del presidente Obama de los “avances” en las relaciones con
    el régimen, y del pueblo cubano en su vida cotidiana, es similar al
    concepto de “avances” de la tiranía en la producción agropecuaria,
    azucarera, o de cualquier producción en Cuba: mientras peor están las
    cosas más “se avanza”. Dentro de algunos días escucharemos a los
    dirigentes decir y a los papagayos oficiales repetir que la economía
    cubana creció en no se cuanto por ciento y que el socialismo próspero y
    sustentable, y que la inmortalidad del cangrejo. Aunque no aparezca la
    tan necesitada inversión extranjera, no se encuentren papas, malangas ni
    perejil en los mercados, y los cubanos sigan esperando por un vasito de
    leche diario que prometió ¿quién? hace ya más de ocho años.
    Ese pueblo cubano, por su parte, que ni es tan inteligente ni está tan
    bien informado como Barack Obama, parece tener una opinión diferente, y
    a falta de libertad de expresión en su propio país, y de elecciones
    libres para seleccionar a sus gobernantes, continúa votando con los
    pies, como en el último medio siglo, y saliendo de Cuba como sea
    posible: si es con visa para Estados Unidos, perfecto. De lo contrario,
    balsas y lanchas entre olas y tiburones; viajando a Ecuador, México o
    Canadá para llegar por tierra; a Rusia para el Estrecho de
    Bering-Alaska, o a Haití-República Dominicana para Paso de La
    Mona-Puerto Rico, y llegar por mar; o a Europa y África para llegar por
    aire. Al fin y al cabo, si París bien vale una misa, “la yuma” bien vale
    un buen riesgo que culmine en parole.
    Leyendo la prensa oficial y las demandas de los dirigentes cubanos
    parecería que la represión contra la población americana es escandalosa;
    que Estados Unidos se debate en medio de una crisis económica sin
    precedentes; que la sequía impide producir alimentos; que viajar en
    ómnibus en New York o en tranvía en San Francisco es una odisea que
    demora horas; o que los supermercados de ese país están tan mal
    abastecidos que cuando aparece algún producto en ellos las colas son
    kilométricas y los precios tan elevados que muy pocos pueden comprar.
    Por eso desde la Isla los cubanos envían remesas de pesos cubanos hacia
    Estados Unidos para que los americanos puedan alimentarse y tratar de
    vivir decentemente, así como paquetes con medicinas, ropa, zapatos,
    televisores, teléfonos celulares, y hasta vestidos para bodas y fiestas
    “de quince”.
    Respeto las opiniones del Presidente sobre los progresos que él pueda
    percibir en las relaciones con el régimen. Y no paso por alto que hace
    muy poco, en una entrevista, hizo referencia a la necesidad de avanzar
    en Cuba en los temas de la eliminación de la doble moneda, la Internet o
    los derechos humanos. Bien por el Presidente. Sin embargo, no se le
    escucha, ni a él ni a los funcionarios del gobierno que manejan el tema
    cubano, utilizar las palabras “libertad” o “democracia” cuando hablan de
    las relaciones con la tiranía o de los derechos del pueblo cubano.
    Entonces, a fin de cuentas, un año después… ¿qué tenemos?

    Source: Un año después, ¿qué tenemos? – Artículos – Opinión – Cuba
    Encuentro –
    www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/un-ano-despues-que-tenemos-324343