Alan Gross: Castro's prisoner
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    La saga de «Back Channel to Cuba»

    La saga de «Back Channel to Cuba»
    Los casos y cosas de casa Cuba
    Arnaldo M. Fernández, Broward | 02/09/2015 8:32 am

    Ya se anunció que saldrá en octubre la edición revisada (Universidad de
    Carolina del Norte, 2015) del libro Back Channel To Cuba, que sus
    autores Peter Kornbluh [Archivo de Seguridad Nacional] y William
    LeoGrande [Universidad Americana] pregonan con revelaciones del
    penúltimo capítulo de negociaciones secretas entre Washington y La Habana.
    Estas revelaciones pudieran concatenarse con otros episodios del
    problema cubano para repasar una lección histórica que la disidencia
    vitiérica —si fuera oposición pacífica estaría concentrada en el voto—
    no acaba de aprender, a pesar de haberla tenido muy clara la disidencia
    guiterista —del tiempo perdido de lucha armada— tal como resumió Orlando
    Bosch: “Sólo la fuerza convida al diálogo [y] el diálogo a las
    concesiones” (Los años que he vivido, New Press, 2010, p. 167).

    La fuerza
    Desde el juicio a Los Cinco en 2001 se columbró un canje de prisioneros,
    pero Cuba no tenía equivalentes. A fines de 2008 Raúl Castro visitó
    Brasil y largó la propuesta de canje por los reos de la Causa de los 75,
    que Washington rechazó de plano. Para el verano siguiente, obispos
    estadounidenses abogaron en La Habana por “gestos que vayan alimentando
    la confianza [en] un acercamiento”. Solo que el gesto seminal: liberar a
    Los Cinco, se echaba de menos.
    Los Castro se acordaron entonces de que un judío despistado montaba
    dispositivos de Internet satelital en un país donde está prohibido
    vender mimeógrafos. Alan Gross cayó en el jamo de la Seguridad del
    Estado el 3 de diciembre de 2009. Desde Washington llovieron exigencias.
    Hasta el asesor de Seguridad Nacional, general Jim Jones, aprovechó una
    visita del cardenal Jaime Ortega a EEUU para enviar, el 4 de agosto de
    2010, el recado de que Gross debía ser liberado ya, pero el 12 de marzo
    de 2011 un tribunal cubano descargó 15 años de cárcel sobre el
    instalador de sueños de la USAID.

    El diálogo
    El 26 de julio de 2010, Fidel Castro dio una tertulia vespertina en el
    Memorial José Martí y respondió así a una pregunta del pastor por la paz
    Lucius Walker sobre Los Cinco: “Yo creo ahora más que nunca que están
    más cerca de que los suelten. El fin de año pueden preparar ya lo que
    haya, vamos a ver cómo se reparte lo que haya (…) Yo se lo puedo decir
    [y] me responsabilizo con decírselo a la familia”.
    La saga de Kornbluh y LeoGrande aclara por qué Castro cometió semejante
    desliz. Al confluir EEUU y Cuba en los esfuerzos por ayudar a Haití tras
    el terremoto del 12 de enero de 2010, la Secretaria de Estado Hillary
    Clinton mandó a su jefa de despacho, Cheryl Mills, junto con la
    subsecretaria asistente para asuntos del hemisferio occidental, Julissa
    Reynoso, a dialogar con funcionarios cubanos sobre Gross y Los Cinco.
    El diálogo principió en restaurantes de Port-au-Prince y prosiguió en
    bares del este de Manhattan y hasta en la cafetería de un hotel en Santo
    Domingo. Los cubanos empezaron pidiendo mejorar el trato carcelario a
    Los Cinco y terminaron plantados en el canje por Gross. EEUU se negó,
    pero los países latinoamericanos forzaron a repensar el caso, con la
    presión que ejercieron en la VI Cumbre de las Américas (2012) para que
    Washington normalizara relaciones con La Habana.
    En abril de 2013 Obama escogió a los asesores del Consejo de Seguridad
    Nacional Ricardo Zúñiga y Benjamín Rhodes para negociar en secreto. Cabe
    recordar que ese mismo mes empezaron a visitar EEUU disidentes que, como
    señaló el exiliado Manuel Prieres, se presentaron en el Miami plástico
    “de la Vulgata Universitaria, de la Mass Media, de ciertas
    Organizaciones del Exilio, invitados a mansiones y clubes calleochenses
    de Artistas [e] Intelectuales”.
    Entretanto Rhodes y Zúñiga empezaron a reunirse con funcionarios de
    Castro y lo hicieron nueve veces en año y medio. El gobierno de Canadá
    contribuyó al secreto propiciando reuniones en Ottawa y Toronto. La pita
    se enredó hacia enero de 2014, al rechazar la parte cubana que Gross
    saliera por razones humanitarias y los tres espías aún penitentes de la
    Red Avispa se canjearan por Rolando Sarraff Trujillo. Kornbluh y
    LeoGrande se tragan la historia de Obama sobre “Roly” como “uno de los
    agentes de inteligencia más importantes de Estados Unidos en Cuba”, pero
    hay indicios racionales de que más bien sirvió como relleno para
    equilibrar el canje.

    Cabildeo del bolsillo propio
    La disidencia vitiérica debería aprender no solo que sus giras por
    Latinoamérica fueron infructuosas, sino también que la labor de
    persuasión política en EEUU no estriba en alardear por la televisión y
    la radio, salir en los periódicos, largar teques ante algún comité del
    Senado y conversar y tirarse fotos con Biden u Obama.
    En octubre de 2012, el multimillonario Tim Gill y su parigual de origen
    cubano Patty Ebrahimi acordaron, en el bar-cafetería del hotel Saratoga
    de La Habana, tocar con limón las claves de solución del diferendo
    Cuba-EEUU. Ebrahimi invirtió un millón de su peculio por los canales que
    Trimpa Group indicó tras auscultar al animal político en Washington y
    diagnosticar que propendía a cambiar la política hacia Cuba. Solo había
    que dar un empujoncito.
    El 19 de mayo de 2014, una coalición de gestores de fondos (Ford
    Foundation, Atlantic Philanthropies, Christopher Reynolds), políticas
    (Washington Office on Latin America, Center for Democracy in the
    Americas, Latin America Working Group) y reflexiones (Brookings, Council
    of the Americas) puso sobre el tapete la llamada Carta de los 40, que
    sobrepuja toda la correspondencia anticastrista de antes y después por
    la sencilla razón de tener detrás fuerza e intereses resueltos luego de
    más de medio siglo de fiascos, pamplinas y meras esperanzas. Ese mismo
    día, la Cámara de Comercio de EEUU anunció que su presidente, Tom
    Donohue, iría con una delegación a Cuba. En este caballo se montaría
    hasta The New York Times con la ristra de editoriales “Cuba: A New Start”.

    Deus ex machina
    Además de que no hay que armar circo mediático para hacer buena labor
    política, como demuestra Ebrahimi, otra lección que podría sacar la
    disidencia vitiérica es que de nada vale ser recibido en audiencia y aun
    fotografiarse con el vicario de Jesucristo si el tema no tiene agarre
    terrenal.
    Hacia septiembre de 2013, sin saber en qué andaba Obama, el senador Dick
    Durbin (D-IL) potenció su gestión de acomodo entre Washington y La
    Habana con esta sugerencia a la asesora Rice: What about getting the new
    pope involved? El jefe de despacho de Obama pidió a su amigo Theodore
    McCarrick, cardenal y arzobispo emérito de Washington, que embullara al
    Papa Francisco; el senador Patrick Leahy (D-VT) mandó recado similar al
    cardenal Ortega y el cardenal Seán O’Malley, arzobispo de Boston,
    completó el trío que propició a Obama discutir, el 27 de marzo de 2014
    en la biblioteca privada del Papa, los casos y cosas de casa Cuba.
    Para el 18 de agosto de 2014, el cardenal Ortega entraba a la Casa
    Blanca —sin asentarse siquiera en el registro de visitantes— y entregaba
    a Obama, en el patio adyacente a la rosadela (Rose Garden), la carta
    papal con instancia a resolver las “cuestiones humanitarias de mutuo
    interés, incluida la situación de ciertos presos, para principiar una
    nueva fase en las relaciones [Cuba-USA]”. Ya había entregado misiva
    similar a Raúl Castro.
    Otro cabildeo
    Sin saber de la negociación secreta de la Casa Blanca, la oficina del
    senador Leahy fechó el 7 de febrero de 2014 un memo de 10 páginas
    elaborado con Greg Craig, exconsejero legal de la Casa Blanca, sobre las
    opciones para excarcelar a Gross y salir del atolladero en la política
    hacia Cuba. A tales efectos, Leahy, Durbin, el senador Carl Levin (D-MI)
    y los representantes Chris Van Hollen (D-MD) y Jim McGovern (D-MA) se
    reunieron el 1 de mayo de 2014 con Obama, Biden y Rice.
    McGovern le recordó al presidente: “You said you were going to do this.
    Let’s just do it!” Obama repuso que andaba en eso, pero se guardó de
    revelar las reuniones en curso con funcionarios cubanos. Estos últimos
    sonaron alarma roja a principios de junio de 2014 con que Gross iba a
    suicidarse tras la muerte anunciada de su madre gravemente enferma. John
    Kerry propuso a Cuba dejar que el preso visitara a su madre moribunda y
    ofreció hasta un grillete electrónico para que la Seguridad del Estado
    monitorizar sus movimientos. La propuesta se rechazó y Evelyn Gross
    falleció el 18 de junio de 2014. Kerry espetó entonces al canciller
    cubano Bruno Rodríguez que si algo malo pasaba con Gross, el chance de
    mejorar las relaciones se perdería sin remedio. Al cumplirse el quinto
    año del arresto de Gross, su esposa Judy pidió enfáticamente a Obama que
    acabara de resolver el caso. Trece días más tarde, Obama llamó a Raúl
    Castro.

    Coda
    El 12 de noviembre de 2014, el director de la escuela de capacitación de
    jóvenes disidentes en Miami, Dr. Juan Antonio Blanco, sacó en Infolatam
    su examen del paisaje postelectoral en EEUU y “a partir de la realidad”
    concluyó que:
    – La demanda de que [Obama] haga uso de su poder ejecutivo, tanto para
    flexibilizar su implementación[del embargo] como para sacar a la isla de
    la lista de países terroristas, es ahora mucho más costosa y por ello
    poco probable
    – Para Obama es políticamente impagable acceder a canjearlo [a Gross]
    por los espías cubanos, porque (…) una amnistía (sic) presidencial sería
    una bofetada al actual Congreso [y] también al Poder Judicial, con el
    que el presidente Obama tampoco desearía enemistarse por un tema tan
    irrelevante
    – Una campaña internacional presionando el canje de sus espías presos en
    EEUU por el señor Gross no tendría mayor posibilidad de éxito que la
    auspiciada por la URSS en favor del matrimonio Rosemberg (sic)
    – La detención y condena de Gross fue el recurso bien calibrado (…) para
    bloquear la ofensiva de paz de Obama [y] una clara señal de que no hay
    interés real en lograr una distensión significativa con Estados Unidos.
    La amalgama es espléndida: desde confundir indulto con “amnistía” hasta
    colar wishful thinking como análisis y fallar en las predicciones. Así y
    todo, lo peor es que, como puntualizó el filósofo Emilio Ichikawa, el
    Dr. Juan Antonio Blanco pasó la página sin disculparse y el 17 de junio
    de 2015 —de nuevo en Infolatam— tuvo “el descaro de hablar como si
    hubiera previsto los actuales procesos”. Comenzó sentando “una premisa
    insoslayable[:] nadie puede prever todas las consecuencias de una opción
    política o personal”. Ichikawa repuso: “Nadie puede prever… Pero menos
    que Nadie, Juan Antonio Blanco”.
    Así tenemos que la joven guardia disidente de Cuba no cuenta en Miami ni
    tan siquiera con un capacitador responsable y menos aún con
    intelectuales orgánicos que corten la naranja política al medio: solo la
    fuerza de los votos en contra del gobierno convidan al diálogo con la
    oposición y la oposición estaría preparada para el diálogo solo si hace
    la concesión a sí misma de que una premisa insoslayable para enfrentar
    el castrismo radica en comprender por qué no deja de vencer.

    Source: La saga de «Back Channel to Cuba» – Artículos – Cuba – Cuba
    Encuentro –
    http://www.cubaencuentro.com/cuba/articulos/la-saga-de-back-channel-to-cuba-323531