Alan Gross: Castro's prisoner
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    Yoani y el don de la pertinencia

    Yoani y el don de la pertinencia
    Antes que sacar provecho de la política estadounidense, como hizo Fidel
    Castro, Yoani y los demás disidentes viajeros se enredan en la
    politiquería de Miami
    Arnaldo M. Fernández, Broward | 15/05/2015 11:55 am

    Al revolver que los líderes de la oposición “han sido incapaces de
    movilizar a una parte significativa de la sociedad”, Haroldo Dilla marcó
    ese paso tan chévere de cubanía, narcisismo y petulancia con que
    arrollan quienes desde 2009 fueron despachados por el jefe de la
    diplomacia estadounidense en Cuba como “individuals with strong egos (…)
    trying to undercut one another”.
    Dilla comenta que hasta Yoani Sánchez, “una persona que a su
    inteligencia política siempre ha sabido unir el don de la pertinencia”,
    sucumbió al narcisismo al entrar ahora a Chile “de la mano de una
    derecha pinochetista”. Solo cabe recordar que en 2013 entró a Brasil de
    la mano de la izquierda lulista para dar con la clave pisco-sociológica
    (¿o socio-psicológica?) de que hay que agarrarse de la mano que se
    tienda. Esto nada tiene de inmoral. El mercado de ideas es un mercado
    como otro cualquiera: allá quien pague. Yoani no tiene por qué
    justificarse con que “viajo gracias a la solidaridad de muchas pequeñas
    personas como yo”.

    La trampa plattista
    Lo que sí debe aclararse es que su inteligencia política no estriba en
    hacerla, sino en vivir de ella, y que su don de la pertinencia radica en
    aprovechar la coyuntura de mercado del lado de la bandería dialoguera
    cubano-americana que acabó por encajar con el pacto Obama-Castro y viene
    desbancando a la bandería radical.
    Antes que sacar provecho de la política estadounidense, como hizo Fidel
    Castro, Yoani y los demás disidentes viajeros se enredan en la
    politiquería de Miami. Todos vienen a desmentir el eslogan de la
    malograda escuela de cuadros disidentes del Miami-Dade College: “Somos
    un solo pueblo”. Aparte de que ninguno tiene pueblo (base política
    propia) allá, tienen que dividirse aquí según las pautas de sus
    proveedores de base mediática: las banderías republicana y demócrata del
    anticastrismo exiliar. Así, la disidencia interna clona el cisma entre
    la Fundación Nacional Cubano-Americana (FNCA) y el Consejo por la
    Libertad de Cuba (CLC).
    Al apoyar la candidatura de Obama en 2008, Jorge Mas Santos (FNCA) cantó
    bien clarito la jugada: McCain promovía hacia Cuba “una política que han
    cogido de rehén los hermanos Díaz-Balart”. De ahí que se amañara la
    entrevista de Yoani a Obama en 2009 y que en 2013 Mas Santos colara en
    su casa a Guillermo Fariñas y Berta Soler como lucecitas para escena, en
    medio de una recaudación de fondos electorales del Comité Demócrata,
    porque Obama iba a largar: “Hemos comenzado a ver cambios en la Isla [y]
    tenemos que continuar actualizando nuestras políticas”.
    De ahí también que el Instituto La Rosa Blanca, presidido por Lincoln
    Díaz-Balart, “apoya firmemente” al Dr. Oscar Elías Biscet, Antonio
    Rodiles e incluso a Rosa María Payá, amén de valerse de Antúnez como
    punta de lanza. Nada más que llegó a Miami, Antúnez profirió en Radio
    Mambí que venía, “a diferencia de algunos, a denunciar a la dictadura
    castrista [y] criticar al gobierno de Barack Obama que rompió una
    política de años”.
    Justamente para ensalzar esa ruptura, Mas Santos se había valido antes
    de Yoani con el embeleco de que ella estaba “uniendo lo que Castro ha
    dividido”. Carlos Saladrigas remachó con que “Yoani replantea el debate”
    y Yoani tiene que sellar de algún modo este empalme de la disidencia
    interna y el exilio dialoguero. En Chile vino a hacerlo con otro
    embeleco: que las negociaciones entre La Habana y Washington “me parecen
    una profunda derrota para el gobierno [castrista]”.
    Tiempos de cambio
    Así mismo es embeleco su proclamada revolución underground por obra y
    gracia de la memoria flash. Nada tiene de inteligencia política suponer
    que los mensajes se tornan movilizadores por cambiar de soporte
    tecnológico, sobre todo si al preguntársele qué información podría
    montarse en esas memorias para meterlas en Cuba y despertar la
    conciencia de libertad y democracia, Yoani respondió a El Nuevo Herald
    que programas “de los periodistas Oscar Haza y María Elvira Salazar, así
    como documentales sobre el dictador soviético José Stalin, la revuelta
    que tumbó al gobierno comunista de Rumania y la caída del Muro de Berlín”.
    Nada de lo anterior será efectivo, máxime si vamos ya para la cuarta
    década de ida y vuelta de cubanos avecindados en tierras de libertad sin
    contagio alguno entre sus familiares en la Isla del Diablo. Muy pocos
    estarían dispuestos a pasar malos ratos o correr el riesgo de Alan Gross
    por llevar memorias flash en visitas a Cuba, tal y como muy pocos han
    respondido a la solicitud explícita que hizo Yoani de ayuda tecnológica
    para llevar adelante su revolución underground. El Nuevo Herald notició
    apenas “cuatro laptops y más de 20 teléfonos celulares y unidades flash”.
    No hay donaciones significativas de parafernalia democratizadora como no
    hay colectas de dinero para la causa patria. Nadie compraría bonos de la
    Generación Y, porque todo el mundo sabe que esa inversión no tiene
    retorno. Sólo que como pueden largarse alegremente mensajes por
    dondequiera, cada cual se opone al castrismo conforme a su dispositivo
    de telecomunicación y arraiga entonces la ilusión de que la política no
    se gesta por grupos o multitudes, sino por presencia en el éter o en el
    ciberespacio.
    También por El Nuevo Herald nos enteramos, el 1 de abril de 2014, que
    Yoani “obtuvo una licencia para la clasificación laboral [de]
    mecanógrafa”. Sin embargo, el 24 de mayo de 2014 Granma fue autorizado a
    informar que la Casa Blanca respaldaba “el proyecto de la bloguera
    contrarrevolucionaria Yoani Sánchez, de crear un medio de prensa
    digital, el cual es financiado totalmente con dinero proveniente del
    exterior y tiene como propósito fundamental alimentar las campañas de
    desinformación y difamación contra Cuba”.
    El Nuevo Herald no ha dado más noticia de la trayectoria laboral de
    Yoani como mecanógrafa, pero sí sabemos que su proyecto
    contrarrevolucionario cuajó y campea por sus respetos como “diario hecho
    en Cuba”, por encima de las leyes de inversión extranjera y del trabajo
    por cuenta propia. No en balde el bloguero castrista Manuel Largade
    colocó esta baliza en la blogósfera anticastrista: “La hipócrita
    posición de víctima de Yoani podría justificarse, hasta cierto punto, si
    se tiene en cuenta que (…) ella sí está del lado de acá”.

    Coda
    El juego político del castrismo tardío consiste en dar pita a ciertos
    disidentes para animar a la bandería dialoguera cubano-americana en el
    tráfico de influencias con diversos sectores de la política
    estadounidense. Así, el grupo de presión CubaNow, con Rick Herrero por
    delante y Saladrigas detrás, difundió la imagen de Yoani en los anuncios
    que instaban al acercamiento de Washington a La Habana.
    Yoani viene bien por su inteligencia y pertinencia para mezclar el
    vinagre de la crítica al castrismo con el aceite de que la transición a
    la democracia discurrirá por entre memorias flash, conversaciones con el
    gobierno, inversiones en pymes y demás artimañas de la hipocresía
    política y del delirio de ilustración, que generan premios y viajes
    fuera, pero jamás partidarios dentro.
    Para colmo la otra bandería no tiene alternativa. El 30 de abril de
    2013, Biscet anunció por teléfono en Radio Mambí que había echado a
    andar el Proyecto Emilia con intención de radicalizar la oposición
    pacífica, que se había tornado demasiado teórica. Biscet adelantó que
    pasaría a la práctica dejando de estudiar textos sobre cambios pacíficos
    para ver mejor películas al respecto, ya que “se parecen más a la
    realidad”. Así dio otro ejemplo para que Dilla refuerce su convicción de
    que “lo que nos salva a los cubanos es nuestro excelente sentido del humor”.

    Source: Yoani y el don de la pertinencia – Artículos – Opinión – Cuba
    Encuentro –
    http://www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/yoani-y-el-don-de-la-pertinencia-322816