Alan Gross: Castro's prisoner
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    El insólito Gross

    El insólito Gross
    Pedro Corzo

    Al menos hay dos informativos que pretenden presentar sucesos o
    situaciones difíciles de entender y aceptar, el más conocido es el
    “Créalo o no” de Ripley, pero también está el micro radial “Nuestro
    Insólito Universo”, en el que se narran acontecimientos extraordinarios,
    sucesos misteriosos y extraños, para los que es difícil encontrar una
    explicación.

    En cualquiera de estos ejemplos cabria la decisión de Alan Gross de
    sumarse a quienes trabajan a favor de los viajes a Cuba y procuran
    incrementar las relaciones comerciales entre Estados Unidos y la
    dictadura insular, sin demandar del gobierno de La Habana cambios
    sustanciales en las injustas leyes que lo condujeron a prisión, las
    mismas que han hecho posible el fusilamiento de miles de personas y el
    encarcelamiento de cientos de miles.

    Gross estuvo encarcelado durante cinco años por llevar a la comunidad
    judía de la isla equipos para que pudieran mejorar su acceso a internet,
    muy diferente a las actividades de espionaje contra Estados Unidos y a
    favor del gobierno de Cuba, que realizaron los cinco convictos de la
    llamada red Avispa, sin pasar por el alto la implicación del grupo en el
    asesinato en el aire de los pilotos de Hermanos al Rescate.

    Según diferentes informaciones, el cooperante durante más de 25 años
    cumplió una amplia trayectoria profesional en el campo del desarrollo
    internacional, trabajando en más de 50 países de Oriente Medio, África y
    Europa.

    Desarrolló proyectos en la comunidad minera de Baluchistán, Pakistán, y
    con palestinos de la Franja de Gaza y Cisjordania, así como en proyectos
    agrícolas en Azerbaiyán y Bulgaria, y no hay información de que hubiera
    sido arrestado en alguno de esos lugares.

    Cuando le detuvieron en Cuba en el 2009 y fue acusado de espionaje,
    trabajaba como empleado de la empresa Development Alternatives Inc. con
    sede en Maryland que subcontrataba tareas para la Agencia Estadounidense
    para el Desarrollo Internacional (USAID).

    Gross, que calificó su encarcelamiento de vergonzoso calvario y su
    detención de arbitraria, actos ejecutados por el gobierno de Cuba, se
    declaró en huelga para demandar que La Habana y Washington convinieran
    su excarcelación, pero los Castro estaban empecinados en usarlo como
    pieza de cambio en su plan de lograr la liberación de los espías que
    seguían encarcelados en Estados Unidos.

    El gobierno cubano no escuchó las solicitudes de clemencia a su favor de
    políticos como el ex presidente Jimmy Carter o el ex gobernador de Nuevo
    México Bill Richardson, quienes viajaron a Cuba para interesarse por su
    estado.

    Mientras René González, en libertad condicional de una sanción a quince
    años por espionaje, fue autorizado a viajar en dos ocasiones a la isla
    para asistir al sepelio de igual número de familiares, al estadounidense
    el gobierno de Cuba le negó el permiso de viajar para que asistiera al
    sepelio de su madre.

    Las diferencias de los regímenes carcelarios de ambos países se apreció
    en toda su dimensión cuando el gobierno de Estados Unidos autorizó la
    inseminación artificial de la esposa de Gerardo Hernández, jefe de la
    red de espías, condenado a dos cadenas perpetuas y quince años de cárcel
    por su vinculación directa con la muerte de cuatro pilotos, tres de
    ellos ciudadanos de Estados Unidos y el cuarto residente.

    Gross no disfrutó de ninguna de las ventajas de los espías cubanos en
    las prisiones de estadounidense, sus condiciones de confinamiento eran
    tan dramáticas que su esposa declaró estar muy preocupada de que pudiera
    hacer algo drástico después de la muerte de su madre.

    El ex cooperante estaba recluido junto a otros dos presos en una pequeña
    celda que las autoridades mantenían iluminada durante 23 horas, según
    declaró su abogado, que también lo acompaña en este nuevo empeño muy
    diferente al que lo llevó a prisión.

    Es difícil entender qué motiva a una persona a cambiar sus expectativas
    sobre determinadas situaciones. Gross fue una víctima de la dictadura
    cubana y debe saber que su empeño no va a repercutir en el pueblo
    cubano, él conoce como pocos estadounidenses que el gobierno de la isla
    es refractario a reconocer los derechos ciudadanos y que lo único que le
    interesa es la aplicación de fórmulas que le permitan continuar en el poder.

    Por supuesto que cada quien es libre de promover y trabajar a favor de
    lo que considere pertinente, pero no todos podrían estar en Ripley como
    el señor Gross, ya que con su conducta, más allá de cuales sean sus
    deseos, está favoreciendo a un régimen que continúa cercenando los
    derechos de las personas que en el pasado trató de ayudar y por lo que
    permaneció encerrado cinco años de una condena de quince, los que
    hubiera cumplido si Washington no hubiera intervenido. Créalo o no.

    Periodista de Radio Martí.

    Source: PEDRO CORZO: El insólito Gross | El Nuevo Herald El Nuevo Herald

    http://www.elnuevoherald.com/opinion-es/opin-col-blogs/opinion-sobre-cuba/article20417316.html