Alan Gross: Castro's prisoner
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    Alan Gross – otro lado del tumbe

    Alan Gross: otro lado del tumbe
    No se puede razonar con el castrismo, porque su razón suficiente es el
    poder, pero sucede que cada vez se torna más difícil razonar entre
    anticastristas
    Arnaldo M. Fernández, Broward | 04/05/2015 1:23 pm

    Nada mejor para perpetuar el castrismo que oponérsele con proyectos e
    iniciativas tendientes al diálogo con el gobierno sin tener aún poder
    popular para enfrentarlo. Los llamados opositores recogen firmas en vez
    de votos y reciben dinero del presupuesto de Estados extranjeros porque
    no pueden recogerlo entre exiliados y mucho menos entre insiliados.
    Ningún proyecto ha logrado el apoyo de al menos el 1 % de los electores
    y esos combatientes por la libertad que dan tanta lengua en Internet no
    dan ni siquiera el 1 % de sus ingresos a la causa patria.
    Así como la inversión extranjera en la transición a la democracia en
    Cuba tiene como retorno tan solo vocinglería de la oposición mediática y
    su claque, los intermediarios entre el presupuesto externo y la
    oposición interna urden proyectos e iniciativas igualmente absurdos o
    picarescos, como ilustra ejemplarmente el caso de Alan Gross.
    La USAID decidió mandarlo a Cuba en virtud de un tumbe razonado que dio
    la firma contratista Development Alternatives Inc. (DAI). La premisa
    mayor del razonamiento estribaba en que EE UU tiene el deber de
    facilitar la transición sobre todo para evitar una “catástrofe
    humanitaria masiva” en sus propias costas. La premisa menor consistía en
    que los presuntos actores cubiches de la transición no tienen “las
    habilidades necesarias para proceder de manera estratégica y
    deliberada”. Ambas premisas arrojaron la conclusión de que un americano
    tenía que habilitar a dichos actores propiciándoles mayor acceso a
    Internet. Al parecer se pasó por alto que en la Isla de Cuba pintoresca
    los particulares no podían adquirir ni mimeógrafos.

    Para la Isla
    Aquí no viene al caso que la dictadura impida el libre acceso a Internet
    y prohíba hasta vender mimeógrafos y fotocopiadoras a particulares
    [Resolución 180/1996 – MINCIN]. No tiene sentido criticar y seguir
    criticando los males y desvergüenzas harto conocidos del castrismo, ya
    que el problema siempre ha sido cómo salir de él. A tal efecto tiene
    sentido criticar la mala oposición o disidencia, pero resulta que cierta
    claque anticastrista aplaude cualquier disparate con cartelito de
    disidente u opositor y así viene rebajando el anticastrismo a idiocia
    política.
    Entretanto entidades como DAI e individuos como Gross se valen de esta
    tragedia de Cuba para sacarle partido sin contribuir de ningún modo a
    resolverla. El razonamiento de DAI consta en su propuesta de 29 de mayo
    de 2008, aprobada como parte del Programa de Planificación de
    Contingencia y Democracia en Cuba de la USAID. Tras cumplir la fase
    piloto con cuatro viajes, Gross pidió expandir su proyecto “Para la
    Isla” con $332.334 por encima del presupuesto inicial de $258.274. DAI y
    USAID dieron luz verde a la expansión y en el quinto viaje a Cuba Gross
    cayó preso, tal y como podían haberlo previsto DAI, USAID y Gross si
    hubieran consultado a un barbero en Hialeah.
    Durante el pilotaje Gross armó una red inalámbrica con módems
    satelitales en sendos locales de comunidades judías en La Habana,
    Santiago de Cuba y Camagüey. DAI había convencido a la USAID de que así
    principiaba la sublime tarea de “habilitar a los nuevos líderes de la
    transición democrática en Cuba para comunicarse con la población durante
    el período transicional [y] llevar mensajes clave al respecto, continuar
    el proceso de aculturación democrática, disipar los rumores que
    emergerán rápida e inevitablemente, así como contrarrestar los esfuerzos
    de actores internos y externos por malograr una transición ordenada”.
    De manera que sin saber cómo arrancará la transición ni quiénes serán
    sus líderes, la USAID dio fondos a DAI con la finalidad de que un tal
    Gross fuera a montar redes de telecomunicación para esos destinatarios
    finales desconocidos e inciertos. Y así tenemos la ayuda externa que
    combina perfectamente con la oposición interna para perpetuar al
    castrismo. No se planea cómo salir de él, sino como proceder después
    que, por algún modo inexplicado, se inicie la transición.
    Exonerar de responsabilidad a la disidencia y abstenerse de criticarla
    porque el castrismo perdura también gracias a su mecanismo de represión
    es igual de absurdo y fútil, ya que se suplanta el problema de cómo
    salir del castrismo con el problema de cómo acabar con la represión, que
    se resuelve ya sólo saliendo del castrismo. Tampoco vale librar a la
    disidencia de la crítica con objeciones de cervecería como que los
    criticones son gente sin valor que no hizo nada en Cuba. Ser valiente en
    causas perdidas de entrada por la irracionalidad de sus medios es pose
    interesada o estupidez, y sobre la irracionalidad puede ejercer la
    crítica hasta un nepalés.
    Tras la escaramuza en la víspera de la Cumbre de las Américas, la
    bandería castrista despachó por enésima vez como alucinante a esa
    oposición pacífica desentendida de su razón de ser: el favor del pueblo
    indiferente, desorganizado e indeciso. Abel Prieto dejó claro que se
    construye “una plataforma de diálogo con el gobierno de EE UU, pero no
    con personas que trabajan contra su patria por dinero”. No vale la pena
    discutir si estas personas son así de mercenarias o no. El quid radica
    en que así son y serán consideradas por el poder al cual dicen oponerse.
    No se puede razonar con la bandería castrista, porque su razón
    suficiente es el poder, pero sucede que cada vez se torna más difícil
    razonar entre anticastristas, porque una claque impotente exige
    tragarse, como esfuerzo para transitar hacia la democracia, la mera
    transición de un proyecto inútil a otro. Ninguno ha servido ni sirve ni
    servirá para cambiar el orden político vigente y esta incompetencia no
    se justifica ni con cárcel ni con detención ni con ninguna de las
    consecuencias de la represión que arrostran sus promotores.
    En política anti-dictatorial solo cabe provocar revuelta popular o
    deslegitimar en elecciones, pero la primera opción se desvaneció al
    ganar Castro la guerra civil y la oposición rehúsa engolfarse en la
    segunda. Da lo mismo que sea por ignorancia o por tumbar fondos para ir
    tirando. El resultado político es que el castrismo no para de vencer y
    muchos no quieren enterarse del otro lado del por qué.

    Source: Alan Gross: otro lado del tumbe – Artículos – Opinión – Cuba
    Encuentro –
    http://www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/alan-gross-otro-lado-del-tumbe-322733