Alan Gross: Castro's prisoner
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    Opiniones en la calle sobre la Cuba que viene

    Opiniones en la calle sobre la Cuba que viene
    Hay personas que aprueban las medidas tomadas por los gobiernos de
    Estados Unidos y Cuba el pasado 17 de diciembre de 2014, mientras que
    otras las rechazan
    miércoles, febrero 11, 2015 | Orlando Freire Santana

    En los mercados, en la calle, en sus casa, en todas partes las personas
    solo hablan de lo mismo

    LA HABANA, Cuba. -No exageramos al afirmar que los sucesos del pasado 17
    de diciembre, cuando afloraron los primeros resultados de los contactos
    que habían mantenido los gobiernos de Cuba y Estados Unidos, marcan un
    antes y un después en el acontecer de nuestra isla.

    Hay personas que aprueban las medidas tomadas por ambos presidentes,
    mientras que otras las rechazan. De igual modo, algunos cubanos evalúan
    estos hechos solo desde su conveniencia personal, al tiempo que otros
    toman en cuenta la manera en que repercutirían sobre toda la sociedad.

    Cubanos opinan

    Uno de los pequeños empresarios contactados es propietario de un viejo
    automóvil de los años 50— conocido como Almendrones— que presta servicio
    de alquiler de pasajeros entre el Parque de la Fraternidad, en el
    municipio de Centro Habana, y localidades de la periferia como el
    Cotorro y San Miguel del Padrón. A este taxista no le importa mucho la
    política. Lo suyo son los posibles beneficios personales que obtendría
    con la normalización de relaciones entre ambas naciones.

    “Mire amigo, cuando yo vea La Habana repleta de ‘yumas’, y que no
    alcancen los ómnibus y los carros estatales para mover a esa avalancha
    de turistas, entonces sí voy a hacer mi zafra. A esa hora no les voy a
    imponer el recorrido a los pasajeros, como hago ahora, sino que iré al
    sitio que quieran los yumas. Para mí esos acuerdos van a ser una
    bendición”, concluyó el entusiasmado chofer.

    Más cautelosa resultó ser la dueña de una pequeña cafetería en las
    inmediaciones del Barrio Chino de La Habana. Ella no cree que el
    establecimiento de relaciones entre Cuba y Estados Unidos vaya a
    beneficiar directamente a su negocio; aunque, claro está, desea que
    finalice la tirantez entre dos países que comparten historias comunes.
    “Pienso que las grandes paladares ubicadas en Miramar, El Vedado o el
    Casco Histórico de la ciudad sí se puedan beneficiar con la afluencia de
    viajeros hacia nuestro país. Pero, sinceramente, no creo que a mi
    cafetería le suceda lo mismo. Lo mío seguirán siendo los batidos, las
    pizzas y los panes con croquetas que les vendo a los cubanos”. Sin
    embargo, esta emprendedora se animó cuando le comenté la determinación
    del gobierno norteamericano de ayudar al sector no estatal de nuestra
    economía. “Si es así, me gustaría poder importar de ese país una parte
    de mis insumos”, me dijo esperanzada.

    La conversación con el funcionario del Poder Popular, como es lógico
    suponer, transcurrió por cauces cercanos a las posiciones del gobierno.
    Para este delegado de circunscripción del municipio de Habana Vieja,
    todo no ha sido más que una victoria de la revolución cubana, que ha
    resistido la hostilidad de su vecino norteño. “Porque a pesar de que
    Obama insiste en que se mantienen los fines de la política hacia Cuba,
    ha tenido que reconocer que los métodos aplicados hasta ahora han
    fracasado”.

    Y continúa mi interlocutor: “Además, Obama estaba muy presionado, tanto
    en su país como internacionalmente. En lo interno, no podía permitir que
    Alan Gross muriera en las cárceles cubanas, y ello lo llevó a agilizar
    las conversaciones con nuestro gobierno. Por otra parte, le era muy
    difícil asistir a la Cumbre de las Américas si no modificaba la política
    hacia Cuba. Su país se estaba quedando aislado en este continente”.

    El cuarto entrevistado posee una visión diferente. Se trata de un joven
    muy al tanto del acontecer noticioso por medio de vías alternativas al
    oficialismo. Para él, los mayores obstáculos para la normalización de
    relaciones provienen del gobierno cubano. En ese sentido apunta que la
    verdadera posición de Cuba no está en el discurso de Raúl Castro el 17
    de diciembre, sino en sus palabras durante la III Cumbre de la CELAC
    reunida en Costa Rica.

    “Óigame compadre, ese discurso fue beligerante en extremo. Después de
    enumerar una serie de condiciones que exige Cuba, como el cese del
    bloqueo, el fin de las transmisiones de Radio y TV Martí, y la
    devolución de la Base Naval de Guantánamo, incluyó también otro elemento
    que entra en el terreno de lo subjetivo: el comportamiento de los
    diplomáticos norteamericanos en la futura embajada”.

    Y sigue argumentando: “Es decir, que el servicio gratuito de internet a
    cualquier ciudadano que lo solicite, la realización de
    videoconferencias, la invitación de opositores a la embajada, o la ayuda
    a un pequeño empresario, pueden ser vistos por el gobierno cubano como
    muestras del ‘mal comportamiento’ del personal diplomático de Estados
    Unidos, y por tanto constituirse como un impedimento para las relaciones”.

    “Entonces tú crees que, a la postre, el General se acordó de que
    necesita del enemigo externo y la ‘plaza sitiada’ para mantener el
    control sobre la sociedad”, le comenté a mi entrevistado. A lo que él
    ripostó de inmediato: “Creo que el discurso de Raúl Castro en Costa Rica
    fue un intento por tranquilizar a los dinosaurios de su nomenclatura
    política”.

    Source: Opiniones en la calle sobre la Cuba que viene | Cubanet –
    http://www.cubanet.org/actualidad/actualidad-destacados/opiniones-en-la-calle-sobre-la-cuba-que-viene/