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    Los cubanos queremos cambios reales, para diseñar el país que nos merecemos

    «Los cubanos queremos cambios reales, para diseñar el país que nos
    merecemos»
    DDC | Madrid | 4 Feb 2015 – 11:18 am.

    Testimonios de Manuel Cuesta Morúa, Antonio Rodiles, Berta Soler, Rosa
    María Payá y Miriam Leiva ante el Subcomité de Relaciones Exteriores del
    Senado de EEUU.

    Fragmentos de las intervenciones, presenciales o por escrito, de
    opositores cubanos ante el Subcomité de Relaciones Exteriores del Senado
    de EEUU sobre el impacto de la nueva política estadounidense hacia la Isla.

    Manuel Cuesta Morúa, presidente del Partido Arco Progresista:

    Mis compatriotas aquí presentes pueden tener un distinto enfoque de cómo
    llegar a la democracia en Cuba, pero no un distinto propósito para la
    nación y el destino que compartimos. En eso estamos absolutamente juntos.

    Hay una premisa que me gustaría compartir para poner en perspectiva mi
    análisis: el autoritarismo cubano no puede sobrevivir a una apertura,
    como sí lo puede hacer y lo ha podido demostrar el autoritarismo chino.

    Y claro, puede ser sumamente discutible el impacto de la normalización
    diplomática, que habría que distinguir de la normalización entre los dos
    países, sobre el bienestar estructural del país, lo que más importaría
    si se asume una clara visión de Estado.

    En tal sentido, no creo que se deba confundir libertad económica con
    liberalización económica; no se debe confundir tampoco libertad de
    expresión y de información con mayor penetración informativa y mejor
    infraestructura tecnológica para que los ciudadanos se informen. Y mucho
    menos se debe enmascarar la improductividad económica con el
    endeudamiento comercial que supondría la avalancha de maíz, soja, arroz,
    aceite, pollo y patatas desde Estados Unidos hacia Cuba.

    A corto plazo, lo que es bueno para la industria norteamericana y los
    estómagos de la Isla, probablemente no sea bueno en el largo plazo para
    nuestro proyecto de país, pero creo que permite acumular los hechos
    necesarios para que los cubanos se involucren en la lucha por los
    derechos imprescindibles. A fin de cuentas, la fuerza del ejemplo cuenta
    para empujar los cambios.

    No creo en ningún sentido que el cambio de política de Estados Unidos
    nos traiga la libertad. Lo que constituye lo mejor. La libertad de Cuba
    es cuestión exclusiva de los cubanos. Pero créanme que esa nueva
    política nos brinda mejores opciones para obtenerla por nosotros mismos.

    Desde luego, una cosa es una nueva política y otra es la percepción
    sobre ella. El modo en que la comunidad democrática cubana supo de los
    cambios introducidos por la Administración crearon la sensación de que
    la normalización de relaciones diplomáticas entre Estados suponía la
    normalización internacional del régimen cubano. Ello significó de
    inmediato una nueva división, a mi modo artificial, entre los que
    supuestamente apoyan el enfoque blando y los que apoyan el enfoque duro,
    como si eso fuera equivalente a la división entre los defensores de los
    derechos humanos y las libertades fundamentales en Cuba.

    Debo adelantarles la noticia de que eso no es cierto. Mi experiencia de
    los últimos días junto a cubanos en la Isla, en Estados Unidos y en
    Puerto Rico, es que caminamos y podemos caminar juntos, precisamente
    gracias a nuestras diferencias. En los últimos días muchos hemos asumido
    un nuevo mantra: las diferencias enriquecen a las naciones, no las
    debilitan.

    Miriam Leiva, Berta Soler, Rosa María y Manuel Cuesta están juntos en el
    propósito mayor de la democracia y el bienestar de Cuba, gracias a que
    son diferentes. Permítanme una sugerencia, Estados Unidos puede
    acercarse a la comunidad democrática cubana, en toda su pluralidad, y
    sostener con ella una conversación franca, sosegada y honesta. Verán que
    la razón prevalece.

    Antonio G. Rodiles, director de Estado de SATS:

    La oposición en la Isla y en el exilio tiene que impedir que el régimen
    logre una transferencia de poder. Nuestro trabajo se centra en la
    búsqueda de una transición democrática y en el establecimiento del
    imperio de la ley, en medio de un entorno muy complejo. Internamente,
    nos enfrentamos a un régimen que goza de total impunidad en sus abusos
    contra la población. Externamente, nos encontramos en una situación en
    la que los principios democráticos han recibido un golpe serio.

    En el contexto actual, las medidas adoptadas por el presidente Obama no
    son sabias y resultan muy peligrosas. Conceden legitimidad y recursos
    adicionales a un régimen que ha demostrado una gran capacidad de
    adaptación en los momentos cruciales. Por esta razón hemos expresado
    nuestro desacuerdo con la falta de transparencia, el carácter
    incondicional, y el desconocimiento de actores vitales durante estas
    discusiones, tanto de la oposición interna como del exilio.

    Un cambio de dirección es fundamental en este proceso político; que se
    hagan demandas concretas al régimen y que el proceso implique la
    participación activa de líderes de la oposición.

    La próxima Cumbre de las Américas en abril será un momento decisivo.
    Raúl Castro espera llegar con el apoyo de todos los aliados regionales.
    Sus esperanzas están puestas en que el presidente Barack Obama, en un
    segundo y simbólico apretón de manos, le proporcione el apoyo necesario
    para el nuevo engendro autoritario que tiene su núcleo esencial en torno
    a su familia y sus descendientes políticos.

    Estamos convencidos de que Estados Unidos, con su liderazgo mundial en
    la promoción de la democracia, brindará un gran apoyo a los que en la
    Isla y en el exilio pedimos cambios reales y medibles hacia una
    verdadera democracia.

    Berta Soler, líder de las Damas de Blanco:

    Vivimos en la actualidad un momento especialmente definitorio para el
    futuro de nuestra nación, tras el reciente anuncio del restablecimiento
    de relaciones entre Cuba y los Estados Unidos.

    Hablo también a nombre de numerosos líderes y activistas de la sociedad
    civil cubana, que me han encomendado la tarea de llevar su voz ante
    ustedes. Es una sociedad civil que se encuentra particularmente
    reprimida por la intolerancia de un gobierno, cuyo ejercicio del poder
    consiste en la violación sistemática de los derechos humanos al pueblo
    cubano. Justo antes de salir de Cuba para asistir a este evento, el
    pasado 28 de enero, día que recordamos el natalicio del Apóstol José
    Martí, decenas de activistas fueron arrestados en La Habana y otras
    provincias por intentar colocar ofrendas florales en bustos de José
    Martí. En su visión totalitaria, la dictadura pretende monopolizar la
    identidad nacional por medio del uso de la fuerza contra cualquier
    activista independiente.

    Las violaciones a los derechos humanos en Cuba han sido documentadas por
    los organismos internacionales más respetados en la materia. El 28 de
    octubre de 2013, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos emitió
    una medida cautelar en favor de todas las integrantes de las Damas de
    Blanco, como protección frente a la sistemática represión de las
    autoridades cubanas.

    Estos documentos demuestran que el tema de los presos políticos, uno de
    los más sensibles en la realidad cubana actual, va mucho más allá de la
    liberación circunstancial o periódica de algunos de ellos. Para resolver
    esta cuestión se requiere una libertad incondicional de todos los
    encarcelados por motivos políticos en la Isla, y la eliminación de todas
    las disposiciones legales que avalan la represión contra quienes piensan
    diferente del régimen.

    Cuba sigue siendo un país con un gobierno unipartidista, donde las
    libertades fundamentales, que son un derecho absoluto en la sociedad
    norteamericana, constituyen delitos contra lo que llaman “la Seguridad
    del Estado”. En Cuba no existe la separación de poderes, las libertades
    de expresión y asociación continúan siendo reprimidas y la Constitución
    establece que el partido comunista es “la fuerza rectora de la
    sociedad”. El derecho a huelga se considera un crimen y los trabajadores
    cubanos dentro de la Isla y en el extranjero, son sometidos a
    condiciones de trabajo esclavo, denunciadas por organismos
    internacionales. Mientras estas condiciones prevalezcan, no es posible
    hablar de una voluntad de cambio por parte del régimen castrista.

    El mismo 28 de enero, durante su comparecencia en la tercera Cumbre de
    la (CELAC), celebrada en San José de Costa Rica, el dictador Raúl Castro
    expresó que “no cederá un milímetro” en su sistema de gobierno, tras el
    comienzo de las negociaciones entre Cuba y Estados Unidos, y que éste no
    tendría sentido si se le exigen cambios a una dictadura militar,
    familiar, con más de medio siglo en el poder. Para nosotros, eso
    significa una continuidad en las golpizas, encarcelamiento, destierro
    forzoso, discriminación contra nuestros hijos en el sistema escolar, y
    todo tipo de patrones de intimidación y acoso que sufrimos a diario por
    querer una Cuba plural, democrática e inclusiva.

    Nuestras aspiraciones son legítimas por estar avaladas por la
    declaración universal de derechos humanos, de la cual Cuba es
    signataria, y los Pactos Internacionales de Derechos Civiles y Políticos
    firmados y no ratificados por la dictadura. Nuestras demandas son bien
    concretas: libertad para los presos políticos, reconocimiento de la
    sociedad civil, la eliminación de todas las figuras delictivas que
    penalizan la libertad de expresión y asociación y el derecho del pueblo
    de Cuba a elegir su destino por medio de elecciones libres y plurales.

    Rosa María Payá Acevedo, activista exiliada:

    En los últimos años mi país ha participado en un engaño. El Gobierno
    cubano está cambiando la ley, pero ignorando los derechos de las
    personas, que fueron secuestrados hace medio siglo.

    A más personas se les permite entrar y salir del país, pero el régimen
    decide quiénes pueden disfrutar de este “privilegio”. La reforma
    migratoria se estableció como un mecanismo de control. Por ejemplo, el
    Gobierno ha invalidado el pasaporte de la artista Tania Bruguera por
    intentar una performance en La Habana. Sonia Garro, miembro de las Damas
    de Blanco y presa política liberada tras el acuerdo secreto entre
    Washington y La Habana, no puede viajar al extranjero. Ella sigue siendo
    rehén del Gobierno, como lo fue Alan Gross durante cinco años. Lo mismo
    se aplica a los exprisioneros de la Causa de los 75, a partir de la
    primavera de 2003.

    El Gobierno cubano ha permitido a más personas operar las pequeñas
    empresas, pero debido a las leyes cubanas, los empresarios no puede ser
    un factor para promover la democracia, porque su existencia como
    propietarios “privados” depende de su sumisión al gobierno. No puede
    haber mercados libres donde no hay personas libres.

    El Gobierno cubano dijo que liberaría a 53 presos políticos, pero en vez
    de eso los puso en libertad bajo palabra.

    No hay respeto a la libre determinación del pueblo cubano cuando las
    negociaciones son un pacto secreto entre las élites, o cuando no se
    menciona que los cubanos puedan participar o hacerse representar en su
    propia sociedad.

    Sé que el Congreso de Estados Unidos y la Administración harán lo que
    cree que es mejor para este país, que ha servido de refugio para casi el
    20% de nuestra población. Pero solo una verdadera transición a la
    democracia en Cuba puede garantizar la estabilidad en el hemisferio.
    Nosotros no somos chinos, no somos vietnamitas, y definitivamente no
    aceptaremos el modelo de Putin.

    Los cubanos queremos cambios reales, para diseñar el país próspero que
    nos merecemos y podemos construir. La única violencia aquí viene de los
    militares cubanos contra los cubanos. La única solución es una
    transición pacífica, no un apaciguamiento.

    El gobierno cubano no se hubiera atrevido a llevar a cabo sus amenazas
    de muerte contra mi padre si Estados Unidos y la comunidad democrática
    internacional hubieran mostrando su solidaridad.

    Por eso esperamos que este Congreso exija que la petición de una
    investigación independiente, en relación con el ataque contra Oswaldo
    Payá y Harold Cepero, se incluya en las negociaciones con el Gobierno
    cubano. Conocer la verdad es esencial en cualquier proceso de
    transición. Tolerar la impunidad es un peligro para la vida de todos los
    cubanos, donde quiera que vivamos.

    No le den la espalda a los cubanos de nuevo; no provoquen la
    desconfianza de los nuevos actores del futuro, a cambio de complicidad
    con una gerontocracia que pertenece a la época de la Guerra Fría.

    Miriam Leiva, periodista independiente:

    He sido disidente durante más de 22 años. He estado sometida a
    vigilancia, interrogatorios, hostigamiento y registros de mi casa. Al
    igual que mi difunto esposo, Oscar Espinosa Chepe, perdí mi trabajo y el
    derecho a una pensión.

    En 2003, Oscar fue encarcelado con otros 74 pacíficos cubanos y fue
    condenado a 20 años. Nuestros únicos crímenes han sido hablar, escribir
    buscar el bienestar del pueblo cubano. Para nosotros, eso significa la
    búsqueda de la igualdad de oportunidades, sin discriminación y con
    independencia de las opiniones políticas, de la prosperidad económica y
    una buena calidad de vida. En pocas palabras, la libertad y la
    democracia, y el respeto de todos los derechos humanos.

    Como usted bien sabe, hemos vivido bajo un régimen totalitario desde
    1959, que trajo sufrimiento y exilio.

    A pesar de todo esto, ha tenido lugar un cambio en la mente de las
    personas, y no solo por el empobrecimiento, la falta de fe en las
    promesas incumplidas del gobierno y la desesperanza. Desde que la
    Administración Obama inició sus políticas proactivas en 2009, mucho ha
    cambiado. Las remesas de los familiares y amigos ayudan a miles de
    cubanos a sobrevivir e incluso a abrir pequeñas empresas.

    Todavía es difícil describir el asombro que sentimos el 17 de diciembre
    de 2014. En esa fecha, los cubanos vieron al llamado “enemigo” anunciar
    las nuevas medidas, y leer en los periódicos el discurso del presidente
    Obama, junto al de Raúl Castro. Ahora, en cualquier lugar es el tema
    principal en las conversaciones y hay expectativas esperanzadoras
    ampliamente compartidas.

    Sin embargo, hay mucho por hacer. Los estadounidenses son los mejores
    activos de la diplomacia pueblo a pueblo, pero no puede aprovecharse
    plenamente un intercambio de ideas, valores y experiencias con ellos.
    ¿Alguien entiende que se pueda visitar Corea del Norte pero no Cuba? La
    capacidad de los estadounidenses para interactuar con los cubanos se ve
    obstaculizada por las restricciones para viajar a nuestro país, y eso
    debe terminar.

    Raúl Castro dejará el cargo en tres años, y actualmente está allanando
    el camino para los nuevos líderes. Este período es crucial para la
    transición y el futuro de Cuba, tanto para la sociedad civil y los
    socios extranjeros.

    El presidente Obama ha expresado su firme compromiso con la democracia,
    los derechos humanos y la sociedad civil; con la continuación de los
    programas de Estados Unidos encaminados a promover un cambio positivo en
    Cuba.

    El restablecimiento de relaciones creará un mejor ambiente para los
    diplomáticos norteamericanos en Cuba, así como sus contactos con la
    población y la sociedad civil, y su capacidad para acceder a un canal
    directo con los funcionarios nacionales, entre otras cuestiones. La
    normalización tomará mucho tiempo, pero ahora hay una oportunidad única
    para ayudar al pueblo cubano, y no debe ser desperdiciada.

    Source: «Los cubanos queremos cambios reales, para diseñar el país que
    nos merecemos» | Diario de Cuba –
    http://www.diariodecuba.com/cuba/1423045131_12695.html