Alan Gross: Castro's prisoner
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    Cuestión de ideología

    ANÓLAN PONCE: Cuestión de ideología
    01/02/2015 4:56 PM 01/02/2015 10:12 PM

    La traición ha opacado a la infamia. A solo unos días del canje de Alan
    Gross, un hombre sin culpa, por los tres espías cubanos, poco se habla
    de ello. El foco de atención es el incondicional restablecimiento de las
    relaciones diplomáticas con Cuba, y el río de concesiones que el
    presidente Obama ha otorgado a Raúl Castro. No solo Barack Obama se ha
    burlado del sistema jurídico norteamericano, también ha propinado una
    bofetada a la oposición cubana, al exilio, y a todo aquel que ame la
    libertad y la democracia.

    Hay profundo dolor entre los familiares de las víctimas de Hermanos al
    Rescate– ¡el Presidente ha perdonado el asesinato de sus seres queridos!
    Hay mucha ira y dolor en el exilio cubano y entre los valientes
    opositores al régimen. Esta traición recuerda a otra: La perpetrada a
    los combatientes de Bahía de Cochinos, uno de ellos mi padre, por el
    Presidente John Kennedy al suspender éste toda la cobertura aérea a la
    Brigada 2506 cuando ésta ya navegaba hacia Cuba. Kennedy se sentía
    ambivalente sobre la invasión, y cuenta su historiador Arthur
    Schlesinger, Jr. en “Mil días: John F. Kennedy en la Casa Blanca”, que
    en privado le había confesado: “Si tenemos que deshacernos de estos
    cubanos, mejor tirarlos en Cuba, especialmente porque es allá donde
    quieren ir.”

    Obama, a diferencia de Kennedy, nunca ha ocultado sus cartas respecto a
    Cuba; pero su decisión, sin obtener una sola concesión a favor de los
    derechos humanos del pueblo cubano y que premia la mala conducta del
    régimen—un enemigo jurado de Estados Unidos—demuestra una peligrosa
    parcialidad hacia este. De ello podemos deducir que es el resultado de
    su ideología, la misma que lo mantiene en un eterno “mea culpa” por los
    pecados de Estados Unidos en el mundo, y la cual lo ha llevado a esta
    solución salomónica justificada mayormente por dos puntos: (1) el
    contacto de pueblo a pueblo producirá un cambio en Cuba y abrirá las
    puertas a la democracia; (2) el embargo no ha funcionado.

    Lo primero es falso, porque Cuba continúa siendo hoy un estado
    totalitario carente de derechos ciudadanos después de que por mas de 25
    años, cubanoamericanos y turistas de todo el mundo han estado visitando
    la Isla. Los pocos cambios habidos han surgido por la necesidad del
    régimen de cimentar su sobrevivencia. La segunda afirmación, que el
    embargo no ha funcionado, posa la siguiente pregunta: de no haber
    existido el embargo, ¿podemos creer que Cuba sería un país próspero sin
    los Castro en el poder? Venezuela es el mejor ejemplo: sin sanciones,
    sin embargo y rica en petróleo, el comunismo la ha llevado a la ruina.
    Si no otra cosa, el embargo estadounidense ha servido para negar los
    créditos al régimen castrista evitando que su deuda recaiga sobre las
    espaldas del contribuyente norteamericano.

    El Presidente Obama asume mucho, pero no explica como sus medidas
    abrirán las puertas a la democracia; como el que el cubano de a pie
    pueda reparar unas cuantas tablas podridas en su techo, o abrir un
    timbiriche conducirá a un estado de derecho, y que la cúpula gobernante
    ceda el poder. ¿Qué incentivo tendrán para ello? El retorno a la
    democracia sería el fin de su buena vida y de sus privilegios. Obama
    confía, como dijo en su discurso, en la “buena voluntad” del régimen
    liderado por Raúl Castro, el hombre que a sangre fría ordenó el
    asesinato de los muchachos de Hermanos al Rescate. Eso lo dice todo.

    La razón indica que su decisión cierra las puertas a la democracia y a
    un estado de derecho en Cuba, encaminándola hacia una transición a un
    régimen estilo chino o vietnamita. Esta idea tiene adeptos entre algunos
    empresarios de Miami quienes han encontrado un gran aliado en La Casa
    Blanca. Las intenciones de ellos las delata el que ninguna de sus
    propuestas para invertir en Cuba estén condicionadas al respeto de los
    derechos humanos. Ellos se justifican con las mismas razones que Obama y
    la improbable suposición que, de alguna forma, el comercio y ayuda
    económica a un país totalitario conduce a la democracia.

    Esta decisión de Obama favorece al régimen castrista porque lo
    atrinchera en el poder; mas lógico y justo hubiera sido cerrar el cerco
    a los Castro y ayudar a la oposición interna. Pero es cuestión de
    ideología. Para los que deseamos una libertad plena para nuestra patria,
    aun nos queda un arma en el arsenal, una que el largo brazo de Obama no
    puede tocar: el embargo, celosamente resguardado por el Congreso hasta
    el 2016. Entonces tendremos elecciones; recurramos al poder de las urnas
    y busquemos armonía ideológica entre el Congreso y La Casa Blanca.
    ¡Demos un paso al frente por la libertad de Cuba!

    Source: ANÓLAN PONCE: Cuestión de ideología | El Nuevo Herald –
    http://www.elnuevoherald.com/opinion-es/opin-col-blogs/opinion-sobre-cuba/article5348667.html