Alan Gross: Castro's prisoner
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    Una respuesta y mil nuevas preguntas

    Una respuesta y mil nuevas preguntas
    BORIS GONZÁLEZ ARENAS | La Habana | 19 Dic 2014 – 9:23 am.

    El acercamiento tiene una gran importancia para la sociedad civil y,
    dentro de ella, la oposición.

    El anuncio del restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Estados
    Unidos y el Gobierno cubano resulta de una sorpresa estimulante. Para
    los que gustamos del estudio social e histórico, la forma como eventos
    semejantes lejos de solucionar problemas anteriores lo que hacen es
    llevarlos a nuevos niveles de manifestación, está más provista de
    misterio que de características a desentrañar.

    El anuncio desdibuja conflictos y dudas que se amontonaron por años,
    vuelve plausible lo que parecía irrealizable y obliga con una
    perentoriedad inobjetable a la sociedad cubana a replantearse muchas de
    sus expectativas.

    En lugar de una solución, el acercamiento anunciado abre un sinfín de
    posibilidades. La realidad de ayer parece hoy opaca y estancada.

    Ha sido en las postrimerías del gobierno de Barack Obama, el primer
    presidente negro de Estados Unidos y quizás el intelectual más
    prestigioso que ha ocupado la primera magistratura de ese país,
    desprovisto de la popularidad de sus primeros tiempos y limitado en su
    poder por la presencia mayoritaria de los republicanos en el Senado y el
    Congreso del país norteño, que las relaciones diplomáticas entre Estados
    Unidos y Cuba han quedado restablecidas.

    Por otro lado la intervención del Papa Francisco hace que, junto con
    Barack Obama, el acercamiento anunciado tenga entre sus protagonistas a
    los dos líderes más estimables e interesantes de la política mundial actual.

    En Raúl Castro es meritorio que se haya decidido a dar un paso que nunca
    dio su hermano, confirmando que no son necesarias dotes intelectuales ni
    morales para proveer la suerte de las naciones de novedades positivas.

    La trascendencia del evento anunciado es tanta, que si bien para los
    Estados Unidos no marca una nueva época, como sí podríamos aventurar que
    lo significó la Revolución Cubana de 1959 y la posterior entronización
    del castrismo, para Cuba significará un antes y un después, quizás
    también solo comparable, aunque todo sea discutible, con nuestro
    surgimiento como nación independiente en 1902.

    No pierdo de vista que hay muchos “quizás” y mucho aventuramiento, el
    anuncio es muy reciente y la esencia del castrismo no ha sido cambiada
    de modo significativo durante la extensión protagonizada por Raúl Castro.

    Tampoco contribuye la alocución de Raúl Castro a la claridad.

    Los papeles leídos por el presidente cubano —no he dejado de reír cuando
    comenzó su informe con la frase “Desde mi elección…”— mencionan el
    restablecimiento de relaciones diplomáticas solo de pasada, lo que
    sumado al tratamiento que ha merecido el tema en nuestros medios en el
    día de hoy, evidencian que el régimen busca disminuir la excitación que
    el anuncio inevitablemente provocaría.

    Para conseguirlo han resaltado lo que, comparado con el evento
    anunciado, es marginal. El regreso de los tres espías cubanos, canjeados
    por Alan Gross, y un espía norteamericano de origen cubano, cuyo nombre
    “El Elegido” no precisa. Tampoco precisa las figuras de la sociedad
    civil cubana que fueron puestas en libertad a través del intercambio.

    Y no es que el regreso de los tres espías sea despreciable, para sus
    familias debe ser sin dudas un gran alivio y alegría, además de que para
    los cubanos será el sacudón de una telenovela de década y media, cuyo
    título bien podría ser Volverán. Pero el restablecimiento de relaciones
    diplomáticas entre Estados Unidos y el Gobierno cubano es demasiado
    importante como para reducirlo a “te lo prometió Fidel y Raúl te lo
    cumplió”.

    Los cubanos, acostumbrados a ver pasar sin penas ni glorias
    acontecimientos de gran trascendencia, quizás debamos conformarnos con
    el abrazo de los espías y Raúl Castro en su oficina. Ya vivimos el fin
    del milenio como un fin de año cualquiera y la caída del Muro de Berlín
    como el derribo de una cerca perimetral común.

    El acercamiento anunciado tiene además una gran importancia para la
    sociedad civil y, dentro de ella, la oposición. La superación del
    castrismo, de las difíciles condiciones materiales y democráticas en que
    estamos sumidos, depende básicamente de nuestro trabajo y nuestra
    cohesión, y no de las gestiones de gobiernos extranjeros. Si bien el
    apoyo internacional y la cooperación con la oposición son fundamentales
    para encarar a una dictadura que utiliza el crimen como forma de control
    político, depende de nuestra madurez cívica y militancia la fundación de
    una nación digna donde nuestros hijos no tengan que hablar bajo ni
    esconder el orgullo que les despierta su historia.

    Source: Una respuesta y mil nuevas preguntas | Diario de Cuba –
    http://www.diariodecuba.com/cuba/1418921379_11897.html