Alan Gross: Castro's prisoner
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    Una bofetada a la democracia

    Una bofetada a la democracia
    12/07/2014 2:00 PM 12/07/2014 7:00 PM

    La invitación oficial del gobierno panameño, para que Cuba participe en
    la Cumbre de las Américas, va más allá de una muestra palpable de la
    pérdida de influencia de Estados Unidos en la región. Eso se sabe desde
    hace años. Tampoco se limita a ser un ejemplo de lo sencillo que les
    resulta a muchos países latinoamericanos el utilizar el caso cubano para
    dictar cátedra de independencia frente a Washington. Es, ante todo, una
    bofetada a la democracia.

    Sacar a relucir un argumento moral en política conlleva a estas alturas
    apostar al fracaso. A la hora de decidir su participación, el presidente
    Barack Obama tendrá en cuenta otras consideraciones, como cualquier
    mandatario mundial, y de momento el argumento más decisivo para declinar
    su participación tiene nombre y apellido: Alan Gross.

    Es posible que antes del evento la situación del contratista preso en
    Cuba se defina de alguna manera. Sólo cabe esperar que de forma
    satisfactoria, porque de lo contrario —es decir, que ocurra su
    fallecimiento o un grave deterioro de salud física o mental— casi se
    puede dar por descontado que Obama no irá.

    Pero incluso si se asume un final feliz para esta situación, con la
    salida de Gross de la isla, poco cambiaría desde la óptica que debe ser
    determinante a la hora de asumir una decisión, por parte del gobierno
    estadounidense: el gobierno cubano no tiene el menor interés de iniciar
    reformas democráticas, no hay nada que indique una disminución del
    mecanismo represivo y el uso del terror para mantenerse en el poder
    continúa siendo su instrumento preferido. De ahí que considerar que en
    las circunstancias actuales en pocos meses va a producirse un cambio
    notable al respecto es demostrar demasiado optimismo o mala fe.

    Lo que sí está demostrado, más allá de cualquier duda posible, es que ha
    producido un cambio de enfoque, por oportunismo político, conveniencia
    económica y hasta desidia, que ha desviado lo que debería ser un acoso
    al régimen de La Habana en una presión sobre la Casa Blanca.

    Porque el argumento de que lo más adecuado es sentar a Cuba junto a
    gobiernos electos —más o menos democráticos algunos de ellos, pero con
    espacios, estructuras económicas y de poder distintas a las imperantes
    en la isla— como la vía más adecuada para impulsar cambios políticos que
    La Habana no tiene ninguna intención de acometer no solo es irrisorio
    sino nocivo: lo único que se busca por esa vía es legitimar una dictadura.

    Esto resulta más paradójico aún si se tiene en cuenta que este foro
    nació por iniciativa de EEUU para discutir acciones concertadas en el
    continente por parte de los gobiernos democráticos.

    Así que si Obama va a Panamá y también lo hace el gobernante Raúl
    Castro, bajo las condiciones que actualmente existen en Cuba, no haría
    más que destruir lo que otro mandatario demócrata —Bill Clinton— creó. Y
    eso, por supuesto, no tiene nada que ver con la necesaria transformación
    que requiere la política estadounidense hacia Cuba. Eso es sencillamente
    un retroceso.

    Para añadir burla al escarnio, habría que recordar que la primera Cumbre
    de las Américas se realizó en Miami, en diciembre de 1994.

    De hecho la burla ha comenzado, al ser Cuba uno de los primeros países
    en recibir la invitación al evento que tendrá lugar entre el 19 y 11 de
    abril.

    Se sabe que la participación de Castro cuenta con el apoyo de muchos
    países latinoamericanos y el silencio cómplice de otros. Y por supuesto
    también que el reclamo cuenta también con el apoyo de voces influyentes
    en este país.

    Además del caso de Gross, hay un problema clave para la asistencia de
    Obama a la reunión, En los términos actuales de la política de EEUU
    hacia la isla, el presidente estadounidense no puede asistir a la Cumbre
    de Panamá. Por un hecho sencillo: no puede sentarse en la misma mesa en
    que esté el representante de un país que esta nación considera apoya el
    terrorismo internacional.

    Pero si la salida de Cuba de dicha lista es una premisa, no constituye,
    ni mucho menos, una solución. Si bien se puede argumentar que la lista
    se ha convertido más en un pretexto que en un objetivo, y cuestionarse
    el papel de Washington para confeccionar tal listado, ello no convierte
    al gobierno cubano en una democracia.

    Y es este el punto primordial: la falta de democracia. Un requerimiento
    que figura en las normas de participación. Si EEUU se hace partícipe de
    la aberración que significa darle carta de reconocimiento a un régimen
    militar —que acudiría al encuentro no para recibir lecciones sobre los
    derechos humanos sino para imponerse—, estaría despojando de valor la cita.

    La política es la vía para intentar la solución de conflictos de forma
    práctica, pero no se debe reducir a un ejercicio estéril, porque
    entonces carece de sentido ejercerla.

    Source: Una bofetada a la democracia | El Nuevo Herald –
    http://www.elnuevoherald.com/opinion-es/opin-col-blogs/alejandro-armengol/article4301946.html