Alan Gross: Castro's prisoner
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    “Tenemos que hablar” De cómo Obama y Raúl Castro terminaron reuniéndose

    “Tenemos que hablar”: De cómo Obama y Raúl Castro terminaron reuniéndose
    Posted on 19 diciembre, 2014
    Por Michael Crowley*

    En una tarde de febrero en La Habana, el congresista Jim McGovern estaba
    paseando por los pasillos del Palacio de la Revolución con el presidente
    cubano Raúl Castro. El representante demócrata por Massachusetts, había
    trabajado largamente para normalizar las relaciones entre Washington y
    La Habana, e instó al líder cubano a aprovechar el momento para llegar a
    un acuerdo diplomático con el presidente Barack Obama.

    Castro tenía otros asuntos en su mente. Hizo un sinfín de preguntas
    sobre un proyecto, con sede en Boston, para archivar miles de documentos
    que quedan en la antigua casa de Ernest Hemingway en La Habana. Y se
    indignó por el encarcelamiento de tres espías cubanos condenados en el
    2001. Esto era lo típico: ningún funcionario estadounidense abandona
    Cuba, dice un ex funcionario de Obama, sin escuchar “una letanía de
    agravios históricos”.

    Aun así, McGovern percibió un tono claramente esperanzador de fondo.
    “Tenemos que hablar sobre el presente y el futuro”, le dijo Castro.
    “Porque si hablamos del pasado, nunca podremos resolverlo”.

    “Pensé, “Tal vez este es un tipo con el que podemos hacer negocios’”,
    dice McGovern.

    18 meses de diplomacia

    Esa esperanza se hizo realidad el miércoles, cuando el presidente Obama
    anunció que iba a normalizar las relaciones entre Estados Unidos y Cuba,
    más de 50 años después de que se convirtieran en una víctima de la
    revolución comunista de Fidel Castro y la geopolítica de la Guerra Fría.
    Casi sin avisar y en un momento en que la atención de Washington está
    fijada en el Medio Oriente y Rusia, el anuncio fue tan repentino como
    impresionante.

    Pero fue algo que se trabajó por largo tiempo, un resultado de 18 meses
    de diplomacia furtiva para la que el presidente Obama designó un
    emisario improbable -su redactor de discursos de política exterior- para
    asistir a las reuniones secretas con funcionarios cubanos en Canadá y Roma.

    Fue también el cumplimiento de la promesa hecha por Obama en el 2008,
    cuando dijo que podría, en condiciones adecuadas, involucrarse en la
    diplomacia directa con los dirigentes cubanos. Él podría haber actuado
    antes, pero por un puñado de prisioneros -incluyendo el contratista de
    USAID Alan Gross, quien fue secuestrado a menos de un año de la
    presidencia de Obama- hubiera sido al menos un fallido intento de
    diplomacia independiente.

    “Los cambios son muy consistentes con el camino que hemos adoptado desde
    el principio”, expresa Dan Restrepo, principal asesor de Obama para
    Asuntos Hemisféricos hasta mediados del 2012. “Se puede conectar una
    línea bastante directa desde aquí con un debate en Carolina del Sur [en
    2007], donde el presidente habló por primera vez sobre la práctica de la
    diplomacia directa con nuestros adversarios, incluyendo a Castro”.

    Los rivales de Obama lo ridiculizaron como ingenuo después de ese
    debate, en el que dijo iba a hablar directamente con los líderes de
    Irán, Corea del Norte y Cuba. Obama pudo haber modificado más tarde esa
    posición. Pero nunca se retractó de su opinión de que la diplomacia de
    Estados Unidos con sus enemigos tenía que ser renovada.

    Decidido a avanzar

    Una vez en el cargo, Obama tomó medidas discretas para liberalizar la
    política estadounidense hacia Cuba, incluyendo el relajamiento de la
    prohibición de viajar para los familiares de cubanos que viven en
    Estados Unidos. Pero el arresto de Gross en diciembre del 2009,
    condenado luego a una pena de 15 años de cárcel por llevar equipos de
    computación a la comunidad judía de la Habana -fue acusado de ser un
    espía- congeló los planes grandiosos. Algunos altos funcionarios
    especularon de que la línea dura en La Habana había ordenado el arresto
    de Gross por esa misma razón.

    Pero Obama estaba decidido a seguir adelante. Él citó la política hacia
    Cuba como un área donde los políticos “hacen las mismas promesas vacías
    año tras año”, diciendo que “ellos vienen a Miami, hablan duro, regresan
    a Washington y nada cambia en Cuba”.

    La Casa Blanca vio la liberación de 52 presos políticos en Cuba en el
    2010 como un importante signo de esperanza, a pesar de que el
    encarcelamiento de Gross seguía siendo un punto de conflicto.

    El problema se vio agravado por la participación del ex embajador ante
    la ONU y gobernador de Nuevo México, Bill Richardson, quien había
    negociado la liberación de algunos presos extranjeros de alto perfil en
    el pasado y se ofreció a sí mismo en un intento de liberar a Gross.

    “Richardson decidió que iba a ir a resolver la situación”, dice un ex
    funcionario de la administración. “Lo hizo por su cuenta”.

    Un fiasco colosal

    Pero la visita del hombre de Nueva México fue un fiasco. Después de que
    Richardson llegó a La Habana en septiembre de 2011, viajando como un
    ciudadano privado, describió a Gross ante los medios internacionales
    como un prisionero político, lo que enfureció a los funcionarios
    cubanos, quienes le negaron una reunión con el contratista. Richardson
    salió de Cuba con las manos vacías, y recientemente reconoció a
    NewsmaxTV que su grandilocuencia había sido un error.

    “Metí la pata”, dijo Richardson. Funcionarios de Obama estuvieron de
    acuerdo ampliamente.

    En mayo de este año, los defensores de un cambio en la política hacia
    Cuba se impacientaban. Gross estaba en contacto telefónico semanal con
    Washington a través de Tim Rieser, asesor del senador Patrick Leahy
    (D-Vt.), quien también tuvo un gran interés en las relaciones entre
    Estados Unidos y Cuba. Su salud estaba fallando y tenía pensamientos
    suicidas. El secretario de Estado John Kerry saldría más tarde a
    advertirle a su homólogo cubano que si algo le pasaba a Gross, “no
    habría nunca, nunca, un merjoramiento de la relación con Estados
    Unidos”, según un funcionario de la administración.

    Leahy y varios otros miembros del Congreso visitaron Obama en la Oficina
    Oval, donde se les unió Joe Biden, en lo que McGovern describe como “una
    reunión muy franca”. El y sus colegas presiona a Obama para avanzar más
    rápido.

    “¡Dijiste que ibas a hacer esto!” McGovern le dijo el presidente.
    “¡Hagámoslo!”.

    Pieza clave

    Obama dijo que estaba trabajando en ello. De hecho, él había comenzado
    su ofensiva final y decisiva desde un año antes. Obama había hablado de
    la importancia de una nueva política hacia Cuba cuando se planteó por
    primera vez el trabajo de la Secretaría de Estado a Kerry. En la
    primavera del 2013, Obama autorizó las conversaciones directas entre los
    principales asesores de la Casa Blanca y funcionarios cubanos.

    Uno de los miembros del personal era Ben Rhodes, asesor adjunto de
    Seguridad Nacional con poco más de 30 años y quien ha trabajado con
    Obama desde 2007. La experiencia de Rhodes se halla en la redacción de
    discursos y la gestión con los medios de prensa, pero él se ha movido
    constantemente a un nivel más profundo dentro del círculo asesor interno
    de Obama. Ex estudiante de Escritura Creativa, Rhodes no tiene
    experiencia diplomática formal, pero un ex colega de la Casa Blanca dice
    que tenía sentido enviarlo como emisario a un país donde Estados Unidos
    no tiene embajada o embajador: “Todo lo que se necesita es una búsqueda
    en Google para que esta gente sepa que Ben habla con el Presidente, y
    tiene acceso diario, y puede ser un confiable canal secreto”.

    Acompañado por el principal miembro del Consejo de Seguridad Nacional
    (NSC) para América Latina, Ricardo Zúñiga, Rhodes viajó a Canadá en
    junio del 2013 para reunirse con funcionarios cubanos en el primero de
    varios encuentros para discutir un acuerdo que liberaría a Gross, y
    allanar el camino para un deshielo diplomático mayor.

    Exigencias de Cuba

    Como condición para la liberación de Gross, los cubanos habían exigido
    inicialmente el fin a los programas estadounidenses favor de la
    democracia en su país, según un ex funcionario. Sin embargo, su interés
    se desplazó a los tres miembros restantes de los “Cuban Five”, quienes
    fueron convictos de espionaje en Miami en 2001. Uno de ellos, Gerardo
    Hernández, fue condenado en el 2001 por conspiración para cometer
    asesinato, vinculado al derribo en 1996 de dos avionetas privados que
    lanzaban panfletos contra el régimen.

    McGovern cuenta que Castro estaba particularmente incomodado por la
    sentencia de Hernández. “Yo di la orden. Yo soy el responsable “, dijo.

    Las autoridades estadounidenses se negaron a cambiar los espías cubanos
    presos poir Gross, quien insistió en que no había sido un espía como
    ellos. Pero una solución apareció en la forma de un espía estadounidense
    que permanecía encarcelado en Cuba desde mediados de la década de 1990.
    Un plan surgió para negociar a los cubanos por el innombrado
    estadounidense, La liberación de Gross sería técnicamente un gesto de
    buena voluntad sin relación con el canje.

    Las conversaciones tomaron un poderoso impulso por la intervención del
    Papa Francisco, argentino y una figura influyente en una Cuba
    abrumadoramente católica. Francisco envió cartas a Obama y Castro a
    principios del verano, instando a un intercambio de prisioneros y a
    mejorar las relaciones diplomáticas. Un alto funcionario gubernamental
    llamó la intervención del Papa “muy rara”, y agregó: “No hemos recibido
    [otras] comunicaciones como esta del Papa que yo sepa”.

    Francisco también fue anfitrión de un encuentro decisivo en el Vaticano
    este otoño -asistieron Rhodes y Zúñiga – en la que las dos partes
    discutieron los arreglos finales.

    Misión cumplida

    Pero el intercambio de prisioneros no sería suficiente. Obama había
    prometido a los votantes que no cambiaría su política hacia Cuba a menos
    que el régimen de Castro emprendiera reformas más amplias.

    “Si usted [Castro] toma pasos significativos hacia la democracia,
    empezando por la liberación de todos los presos políticos, tomaremos las
    medidas necesarias para comenzar la normalización de relaciones”, dijo
    Obama en un viaje de campaña por la Florida en mayo del 2008.

    Como parte del acuerdo final, el régimen de Castro accedió a liberar a
    otros 53 presos políticos. También se ha comprometido a aumentar la
    conectividad a internet y permitir que proveedores de telecomunicaciones
    de Estados Unidos operen en el país vecino.

    Pero Castro no se ha comprometido a reformas democráticas específicas, y
    los críticos de Obama -incluyendo algunos demócratas- han denigrado el
    anuncio como una capitulación ante un dictador.

    Para Obama, sin embargo, fue el cumplimiento de una misión que declaró
    por primera vez hace más de siete años. Y fue una oportunidad para dar
    forma a un legado de política exterior que mayormente se ha definido por
    las crisis alrededor del mundo.

    Pero fue un secreto hasta el final. Incluso McGovern, conocido en
    Washington como uno de los mejores amigos de Cuba, no tenía idea de que
    el gran avance era inminente hasta que su teléfono sonó la noche del martes.

    Era el vicepresidente Joe Biden. “Me gustaría que vinieras a Andrews
    [Air Force Base] para estar allí cuando Alan aterrice”, le dijo.

    * Michael Crowley es un veterano reportero de política exterior en el
    sitio digital POLITICO,donde apareció originalmente este artículo.

    Traducción: CaféFuerte

    Source: “Tenemos que hablar”: De cómo Obama y Raúl Castro terminaron
    reuniéndose | Café Fuerte –
    http://cafefuerte.com/cuba/20409-tenemos-que-hablar-de-como-obama-y-raul-castro-terminaron-reuniendose/