Alan Gross: Castro's prisoner
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    Llegó el día D?

    ¿Llegó el día D?
    YOANI SÁNCHEZ, La Habana | 17/12/2014

    Hoy, ha sido una de esas jornadas que imaginamos de mil maneras, pero
    nunca como sucedió finalmente. Uno se prepara para una fecha en que
    pueda celebrar el fin, abrazar a los amigos que regresan, batir una
    banderita en plena calle, pero el día D se tarda. En su lugar, llegan
    fragmentados los sucesos, un avance aquí, una pérdida allá. Sin gritos
    de “viva Cuba libre”, ni botellas descorchadas. La vida nos escamotea
    ese punto de inflexión que guardaríamos para siempre en el calendario.

    El anuncio por parte de los gobiernos de Cuba y Estados Unidos de un
    restablecimiento de las relaciones diplomáticas nos sorprende en medio
    de señales que apuntaban hacia la dirección contraria y también de un
    desgaste de las esperanzas. Raúl Castro acababa de aplazar la tercera
    ronda del diálogo con la Unión Europea programada para el próximo mes y
    el pasado 10 de diciembre las represión se había cebado sobre los
    activistas, como cada Día Internacional de los Derechos Humanos.

    La primera sorpresa fue que en medio de la bravuconearía oficial, de
    cierta vuelta de tuerca ideológica, que se expresaba en llamados a
    redoblar la guardia contra el enemigo, desde hacía 18 meses la Plaza de
    la Revolución estaba en conversaciones con la Casa Blanca. Una clara
    evidencia de que todo ese discurso de la intransigencia sólo era para
    las gradas. A la par que se le hacía creer a los ciudadanos de la Isla
    que con solo traspasar el umbral de la Oficina de Intereses de Estados
    Unidos en La Habana se convertían en traidores a la patria, los
    gobernantes de verdeolivo pactaban acuerdos con el Tío Sam. ¡Dobleces de
    la política!

    Por otro lado, tanto las declaraciones de Obama como las de Castro
    tuvieron el dejo de la capitulación. El presidente estadounidense
    anunció una larga lista de medidas flexibilizadoras para acercar ambas
    naciones, antes que se dieran los ansiados y muy exigidos pasos de
    democratización y apertura política en nuestro país. El dilema de qué
    debía ser primero, el gesto de La Habana o la flexibilización de
    Washington, acaba de ser respondido, aunque aún queda la hoja de parra
    del embargo norteamericano para que nadie pueda decir que la resignación
    ha sido completa.

    Raúl Castro, por su parte, se limitó a anunciar los nuevos gestos por
    parte de Obama y referir el canje de Alan Gross y otros prisioneros de
    interés para el Gobierno norteamericano. Sin embargo, en su alocución
    ante las cámaras de la televisión nacional no evidenció ningún acuerdo o
    compromiso de la parte cubana, como no fuera el restablecimiento de las
    relaciones diplomáticas. La agenda del lado de allá del estrecho de la
    Florida la supimos al detalle pero la interna se quedó, como tantas
    veces, escondida y en secreto.

    Aún así, a pesar de la ausencia de compromisos públicos de la parte
    cubana, lo de hoy fue una derrota política. Bajo el mandato de Fidel
    Castro nunca se hubiera llegado siquiera a perfilar un acuerdo de esta
    naturaleza. Porque el sistema cubano se apoya -como un de sus
    principales pilares- en la existencia de un contrincante permanente.
    David no puede vivir sin Goliat y el aparato ideológico ha descansado
    demasiado tiempo en ese diferendo.

    ¿Oigo los discursos o compro el pescado?

    En el céntrico mercado de Carlos III, los clientes descubrieron
    sorprendidos que a mediodía las grandes pantallas no transmitían fútbol
    ni videoclips sino un discurso de Raúl Castro y posteriormente el de
    Obama a través de la cadena TeleSur. La primera alocución dejó cierta
    estupefacción, pero la segunda estuvo acompañada con besos lanzados
    hacia el rostro del presidente de Estados Unidos, en especial cuando
    mencionaba las flexibilizaciones para el envío de remesas a Cuba y el
    delicado tema de las telecomunicaciones. Algún que otro grito de “I
    Love…” se dejó oír por una esquina.

    También hay que decir que la noticia tenía fuertes competidores, como la
    llegada a las carnicerías de mercado racionado del pescado, después de
    años de no aparecer. No obstante, a media tarde casi todo el mundo
    estaba enterado y el sentimiento compartido era de alegría, alivio,
    esperanza.

    Sin embargo, esto apenas comienza. Falta un cronograma público con el
    que se logre comprometer al Gobierno cubano a seguir una secuencia de
    gestos a favor de la democratización y del respeto a las diferencias.
    Hay que aprovechar esta sinergia que han provocado ambos anuncios para
    arrancarle una promesa pública, que debería incluir al menos los cuatro
    puntos de consenso que la sociedad civil ha ido madurando en los últimos
    meses.

    La liberación de todos los presos políticos y de conciencia; el fin de
    la represión política; la ratificación de los pactos Derechos Civiles,
    Políticos, Económicos, Sociales y Culturales, con su consiguiente
    adecuación de la legalidad interna y el reconocimiento de la sociedad
    civil cubana dentro y fuera de la Isla. Arrancarle esos compromisos
    sería comenzar a desmontar el totalitarismo.

    Mientras no se den pasos de esa envergadura, muchos seguiremos pensando
    que la fecha esperada no está cerca. Así que a guardar las banderitas,
    no se pueden descorchar la botellas todavía y lo mejor es seguir
    presionando para que finalmente llegue el día D.

    Source: ¿Llegó el día D? –
    http://www.14ymedio.com/blogs/generacion_y/llego-el-di-D-de-los-cambios_7_1690100974.html