Alan Gross: Castro's prisoner
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    La nueva Cuba

    La nueva Cuba
    Para la diplomacia norteamericana la prioridad ya no es aislar a Cuba,
    sino cercar a Venezuela
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    CARLOS PAGNI 22 DIC 2014 – 21:08 CET6

    El reencuentro de Estados Unidos con Cuba desencadenó un debate
    regional. Uno de los interrogantes es por qué Barack Obama no esperó a
    que el castrismo, arrastrado por la recesión venezolana, se hundiera en
    una crisis terminal. Con el paso de los días, la respuesta es evidente.
    Para la diplomacia norteamericana la prioridad ya no es aislar a Cuba,
    sino cercar a Venezuela. Venezuela es la nueva Cuba.

    Desde que el encarecimiento del pan aceleró la revolución francesa se
    sabe que los precios son parteros de la historia. Con el derrumbe del
    petróleo, del 40% en un semestre, el chavismo se asoma a un precipicio.
    Como a las cuentas de Venezuela ingresarán 25.000 millones de dólares
    menos, para evitar un default de la deuda Nicolás Maduro deberá imponer
    un brutal ajuste económico. El recorte recaerá sobre los 14 países de
    Petrocaribe, que importan cada día 500.000 barriles de crudo subsidiado.
    Cuba recibe 90.000, que paga con servicios médicos.

    Es natural que los Castro hayan temblado ante la inminencia de otro
    período especial como el que declararon en 1991, cuando el colapso de la
    Unión Soviética redujo al 10% las importaciones de petróleo. En aquella
    oportunidad, Estados Unidos reforzó el embargo. Pero esta vez los astros
    se alinearon a favor de esos ancianos.

    Hay una razón de corto plazo. Obama concurrirá en abril a la Cumbre de
    las Américas de Panamá, donde se encontrará con Raúl Castro. Los demás
    presidentes de América Latina, que repudian el bloqueo, prometían
    hacerle pasar un mal momento. Obama no quiere repetir la zozobra de
    aquel Bush vapuleado en Argentina, durante una asamblea similar, en
    2005. El acuerdo con Cuba disipó ese nubarrón.

    La cordialidad en Panamá es indispensable. Estados Unidos necesita
    volver a una región que se ha convertido en playa de maniobras de otras
    potencias, en especial de China. Xi Jinping lleva 18 meses en el poder y
    ya visitó dos veces América Latina. El gabinete económico venezolano,
    por ejemplo, acaba de acordar en Pekín el intercambio de activos
    petroleros y mineros por divisas.

    El presidente que dispuso el giro frente a Cuba está, además, preparando
    su legado. Bloqueado por el Congreso en la operación doméstica, Obama
    regresa hacia sí mismo por la vía de la política exterior. Se encuentra
    con los Castro, negocia con Irán, se compromete en la lucha contra el
    cambio climático.

    El desasosiego de los Castro y la reorientación de Obama coincidieron
    con la presencia de un latinoamericano al frente del catolicismo. La
    intervención del Francisco no debe sorprender. Su Secretaría de Estado
    está dominada por expertos en América Latina. Pietro Parolin estuvo al
    frente de la Nunciatura en Caracas. Y sus colaboradores inmediatos,
    Giovanni Angelo Becciu y Antoine Camilleri, fueron diplomáticos en Cuba.
    Pero lo más relevante es que el propio Papa es un estudioso del
    castrismo. En 1998, el entonces arzobispo Bergoglio publicó Diálogos
    entre Juan Pablo II y Fidel Castro, un adelanto conceptual de su
    exhortación Evangelii Gaudium de 2013, en el que condena el embargo y
    sugiere para el régimen cubano una “transición pactada”. Bergoglio
    advirtió a los Castro la pesadilla que enfrentarían si el rehén
    estadounidense Alan Gross moría en cautiverio. Gross lleva meses enfermo
    y deprimido. Queda por desentrañar si para anunciar el entendimiento se
    eligió el 17 de diciembre por azar o porque era el cumpleaños del Pontífice.

    Es la segunda vez que los Castro recurren a la Iglesia en una
    encrucijada. Después del derrumbe soviético, facilitaron el viaje de
    Juan Pablo II analizado en el libro de Bergoglio. La semana pasada
    siguieron el mismo criterio: cuando una conciliación la oficia el
    Vaticano no hay riesgo de que parezca rendición.

    Bergoglio ofreció a los Castro, exalumnos de jesuitas, la “transición
    pactada”. Cuba recibe petróleo de Venezuela por unos 2.000 millones de
    dólares por año. Es el equivalente a las remesas de los exiliados, que
    el acuerdo con Washington podría cuadruplicar. Además, entrarían divisas
    por turismo e inversiones. ¿Cómo asimilar ese caudal a una economía
    planificada?

    ¿Emprenderá Maduro, frente a esta nueva escena, la reforma económica que
    muchos le sugieren? Él prefiere los ajustes: es probable que devalúe el
    bolívar y reduzca los subsidios a las naftas. Maduro se sostiene en
    militares reacios a la influencia cubana. Hasta el ministro de Finanzas,
    Marco Torres, es soldado. Un esquema represivo para un período especial.

    Maduro dormía mientras Castro negociaba con Obama. Despertó el miércoles
    pasado para elogiar la grandeza del norteamericano. Le contestaron con
    sanciones a chavistas que violaron derechos humanos.

    Maduro ya desaprovechó el auxilio de Bergoglio cuando hizo fracasar la
    mesa de diálogo organizada por el nuncio Aldo Giordano. También esa
    iniciativa había sido negociada entre Washington y Roma.

    Cuando Chávez conoció a Obama le regaló Las venas abiertas de América
    Latina. Eduardo Galeano confesó en mayo que no releería ese libro
    porque, cuando lo escribió, ignoraba la política y la economía. El
    acuerdo de Washington y La Habana produce un efecto similar. Sumerge al
    experimento bolivariano en un mayor anacronismo.

    Source: La nueva Cuba | Internacional | EL PAÍS –
    http://internacional.elpais.com/internacional/2014/12/22/actualidad/1419278915_654879.html