Alan Gross: Castro's prisoner
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    Ganarán los cubanos? Solo el tiempo dirá

    ¿Ganarán los cubanos? Solo el tiempo dirá
    Un vuelco a décadas de enfrentamiento improductivo: ¿ganarán derechos y
    libertades los cubanos? ¿Es un arreglo para favorecer intereses económicos?
    lunes, diciembre 22, 2014 | Miguel Saludes

    MIAMI, Florida. — El amanecer del 17 de diciembre del 2014 llegó con
    sorpresivas noticias para Cuba y Estados Unidos. Una jornada señalada
    por muchos medios y personalidades políticas como histórica. La
    liberación inmediata de Alan Gross y de un agente cubano al servicio de
    Estados Unidos que llevaba dos décadas en prisión coincidió con la no
    menos inesperada liberación de los tres agentes de la Red Avispa que
    cumplían condenada en Estados Unidos. No serían las únicas novedades del
    día en el que se cruzaron las coincidencias del calendario: fiesta de
    San Lázaro, cumpleaños del Papa Francisco, uno de los artífices de los
    acuerdos y el inicio de las fiestas de Hanukkah que acogerán al recién
    liberado Gross en el seno familiar

    En pocas horas la avalancha noticiosa se desencadenó tras sendas
    intervenciones pronunciadas al unísono. Mientras el presidente Barack
    Obama daba a conocer un paquete de medidas en las que destacan el
    restablecimiento de relaciones diplomáticas con Cuba, el General Raúl
    Castro notificaba el intercambio de Gross y los agentes cubanos. Aunque
    en sus palabras Castro evitó abordar detalles de los acuerdos logrados
    con la contraparte norteamericana sí se pronunció elogiosamente sobre el
    paso de Obama, dejando entrever que se abren posibilidades hasta ahora
    selladas no solo en las relaciones entre los enemigos irreconciliables
    sino en temas espinosos como derechos humanos y comunicaciones.

    Maduro no sabía que se cocinaba

    Los hechos se veían venir desde hace un tiempo en declaraciones y
    gestos. El silencio ante la petición de asilo de Snowden, el apretón de
    manos durante las exequias de Mandela, los mensajes llevados entre
    Washington y La Habana por mandatarios latinoamericanos (Santos o
    Mujica), la cadena de editoriales del New York Time y en particular las
    palabras de Bill Clinton acerca un posible cambio positivo de
    relaciones-con levantamiento de embargo incluido- si Cuba liberaba a
    Gross-, hacían predecir que algo se barruntaba. El desenlace lo confirma.

    Muchos acusan a Obama injustamente de ceder al chantaje que se facilitó
    en el 2009. Muchos no quisieron reconocerlo entonces. La carta jugada
    por el gobierno cubano a la figura del contratista tenía visos de
    triunfo desde que fue astutamente apostada. Norteamericano de pura cepa,
    judío de religión y con una edad poco recomendable para una larga
    estadía en prisión. Las presiones sobre el mandatario debieron ser muy
    fuertes tomando en cuenta la importancia del lobby hebreo y su capacidad
    de maniobrar cuando uno de los suyos o sus intereses se ponen en juego.
    Son dignos de admirar por ello.

    Los críticos de Obama señalan que el presidente ha cedido demasiado sin
    esperar nada por parte de La Habana. Una afirmación dudosa cuando se
    sabe que los acuerdos proclamados son fruto de 18 meses de intensos
    intercambios y conversaciones secretas. Es notorio, por ejemplo, que ni
    siquiera Maduro estuviera al tanto de lo que se cocinaba siendo
    sorprendido por las noticias en plena reunión de Mercosur.

    La oposición sale y regresa

    Los reclamos de que Cuba debería primero dar pasos que justifique
    cualquier apertura obvian una realidad poco creíble para algunos e
    insuficiente para otros, pero que cobra peso a los ojos de la comunidad
    internacional incluyendo los medios informativos de Estados Unidos. A
    pesar de los recientes actos represivos verificados en la Isla y las
    detenciones de disidentes, en su mayoría los casos no culminan en
    juicios condenatorios o largas reclusiones. Por otra parte se da la
    imagen sobre una relajación en materia de control de información. La
    salida de 14 y Medio saludada como primera publicación independiente en
    la Isla, entre otros hechos, maquillan la rigidez en el rostro el castrismo.

    El problema de la oposición, más sensible para el régimen, parece lograr
    algunos visos de permisividad y reconocimiento tácito cuando la mayoría
    de los opositores y disidentes salen al exterior, manifiestan sus
    posturas y definen posiciones para después ingresar de nuevo a la Isla
    sin mayores consecuencias. Deben señalarse los encuentros de algunos de
    ellos con el propio presidente Obama. La gama de sus mensajes varía
    desde las peticiones aperturistas hasta los que apelan incluso el
    endurecimiento del embargo contra el gobierno cubano

    En cuanto a los apuntes sobre restricciones económicas y religiosas en
    la Isla, estos se hacen cada vez más engorroso debido a los cambios
    verificados en esas materias durante los últimos años. Más difícil
    resultan las alegaciones que colocan a Cuba como país patrocinador del
    terrorismo. Las mismas topan con dos hechos contradictorios. El primero
    gira en torno al papel de Cuba, garante junto a Noruega de las
    negociaciones de paz entre el gobierno colombiano y las FARC con sede en
    La Habana. El otro evento sin conexiones aparentes, trae referencias al
    asunto. En el mimo día en que se anuncian estos acuerdos en la Unión
    Europea dejan fuera de la lista de organizaciones terroristas a Hamas.
    Si la facción palestina no es terrorista cabe reflexionar como queda el
    caso cubano comparativamente hablando.

    La nueva generación en el poder

    La manera abrupta en que se produjeron los hechos del 17 de diciembre
    puede ser el indicativo del cierre de un ciclo con la inminencia de la
    partida definitiva del Comandante en la gloria de su promesa del
    Volverán cumplida. A esto seguiría la realidad de la vieja nomenclatura
    a punto de hacer mutis del panorama, justamente en los dos años que le
    restan a la legislatura de Obama. Espacio en el que pueden ocurrir
    nuevos eventos que justifiquen las concesiones del gobierno
    norteamericano y la posibilidad de implementar nuevos gestos. Aunque
    ellos sirvan a la nueva generación heredera del poder ya no existirán
    los mismos compromisos con el pasado, a pesar de lo que ahora se
    sostenga acerca de la conservación de purezas ideológicas. Las
    trasformaciones, aún dentro del sistema unipartidista bajo identidad
    revolucionaria, terminarán por extenderse a todos los aspectos de la
    sociedad cubana.

    El proceso trasformador no puede desvincularse de otro fenómeno que
    ocurre en el lado norte del Estrecho. Se trata del creciente influjo de
    una nueva generación de emigrantes (o exiliados) y sus descendientes
    nacidos en suelo norteamericano, marcados por otros intereses e ideas.
    Los enfrentamientos verbales escenificados por estos días en Miami
    denotan dos vertientes. El anticastrismo vertical de las patadas y el
    fuego aniquilador como mejor solución para el problema de Cuba (cuyas
    imágenes han sido difundidas con esmero por los medios locales)
    encuentra como antagonista el lenguaje moderado y conciliador de los que
    en considerable número apoyan las medidas aperturistas de Obama en un
    exilio divido.

    No obstante lo que importa en todo este estruendo noticioso va sobre el
    objetivo real de las nuevas medidas y cambios, plausibles si con ellas
    se consigue dar un vuelco a décadas de enfrentamiento improductivo. Otra
    cosa es si los giros son en definitiva dictados por la justa razón de
    ganar derechos y libertades para los cubanos como pueblo o si se trata
    de un arreglo destinado a favorecer intereses económicos de grupos
    privados o de estrategia para la alta política. Solo el tiempo lo dirá.

    Source: ¿Ganarán los cubanos? Solo el tiempo dirá | Cubanet –
    http://www.cubanet.org/colaboradores/ganaran-los-cubanos-solo-el-tiempo-dira/