Alan Gross: Castro's prisoner
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    En Cuba, más que un cambio de política, ha habido una coincidencia de intereses

    “En Cuba, más que un cambio de política, ha habido una coincidencia de
    intereses”

    El mundo asiste a uno de los momentos históricos del siglo XXI, el
    definitivo punto y final a la Guerra Fría. Estados Unidos y Cuba han
    iniciado una nueva etapa al restablecer relaciones, con pasos como el
    intercambio de prisioneros, que elimina uno de los últimos obstáculos
    entre ambos países. Carlos Alonso Zaldívar y Jorge Dezcallar son dos
    españoles que conocen bien la realidad de ambas sociedades. Zaldívar fue
    embajador de España en Cuba entre 2004 a 2008; Dezcallar fue el
    representante de nuestro país en EEUU entre 2008 y 2012. Estas son las
    preguntas que Agenda Pública ha realizado a ambos sobre uno de los
    asuntos internacionales que más expectación ha levantado recientemente.

    PREGUNTA: Se habla mucho de la mediación del Papa Francisco y de Canadá,
    pero ¿en qué medida se puede decir que Estados Unidos ha “bebido” de la
    estrategia política española hacia Cuba basada en dar prioridad a una
    transformación pacífica, que coincide con la idea de cambiar Cuba “sin
    perder el control” de Raúl Castro?

    Jorge Dezcallar: El Vaticano siempre ha prestado mucha atención a los
    derechos humanos en Cuba, isla visitada por los dos últimos papas y
    también por el actual cuando era cardenal. Francisco ha añadido
    sensibilidad latinoamericana al problema, bien apoyado por su Secretario
    de Estado, Pietro Parolín, que ha sido nuncio en Venezuela y conoce bien
    el tema. No hay que quitarles mérito.

    No creo que se pueda decir que los americanos se hayan sumado a nuestra
    política sobre Cuba. Españoles y americanos siempre hemos querido lo
    mismo para Cuba, aunque por vías diferentes. También Obama quería acabar
    con el embargo y en alguna ocasión hemos cooperado, como cuando nos
    pidió que reclamáramos de Cuba un gesto que le permitiera poner en
    marcha un proceso que sabía que no sería ni corto ni fácil. Soy testigo
    de ello. Obama y Hillary Clinton querían acabar con el embargo, pero no
    obtenían ese gesto que les permitiera avanzar. Por otra parte, el
    control de los Castro tiene los días contados y a estas alturas bien se
    podía esperar un poco más. Creo que más que de cambio de política por
    parte de unos u otros, lo que ha habido es una coincidencia de intereses
    que ha permitido la normalización de relaciones. Otra cosa es el fin del
    embargo, que depende del Congreso.
    Carlos A. Zaldívar: Lo que hizo Obama el pasado miércoles fue decir que,
    de ahora en adelante, la política de Estados Unidos utilizará solamente
    medios pacíficos para que Cuba se transforme. Aunque no lo parezca, eso
    representa un paso histórico. Durante más de medio siglo EEUU ha
    recurrido a todo tipo de medios para transformar Cuba: pacíficos (como
    emisoras de radio o subvenciones a grupos de oposición), de coerción
    económica (el bloqueo) y también recursos violentos (desde la invasión
    de Bahía Cochinos, pasando por los intentos de asesinar a Fidel Castro o
    el respaldo a personajes como Luis Posada Carriles, que hizo estallar
    una bomba en un avión en el que viajaba un equipo de atletas cubanos con
    resultado de más de 70 muertos). El discurso de Obama del pasado
    miércoles 16 de diciembre significa que Estados Unidos renuncia a
    recurrir a medios violentos y que está dispuesto a aliviar y
    eventualmente eliminar las presiones económicas del embargo. En resumen,
    que asume que los cambios en Cuba deben discurrir pacíficamente. Aquí
    está el punto de conexión con la política de España hacia Cuba porque
    ante la disyuntiva “transformación pacífica –aunque ello conlleve cierta
    continuidad institucional y personal– o transformación radical –pese a
    que ello pueda conllevar inestabilidad y violencia–, España siempre ha
    optado por la primera y rechazado la segunda.

    España tiene sólidas razones para preferir que la transformación del
    régimen cubano se desenvuelva pacíficamente. Entre ellas: la existencia
    de una importante colonia de españoles en la isla que debe proteger; la
    importancia de unas relaciones comerciales y económicas que le interesa
    preservar y potenciar; sus fuertes lazos con las manifestaciones más
    destacadas de la cultura cubana y otras. De producirse en Cuba un cambio
    marcado por la inestabilidad y la violencia, los citados intereses
    españoles se verían negativamente afectados. Por el contrario, con una
    transformación pacífica se verían potenciados. La transformación
    pacífica del sistema económico y político cubano es también lo que
    quiere la mayoría de los cubanos, de manera que entre los intereses de
    España y la actitud de la mayoría de los cubanos hay sintonía y ninguna
    contradicción.

    P.: ¿Hasta qué punto las actuales mayorías conservadoras en el Senado y
    el Congreso de Estados Unidos van a ser un problema para derogar la Ley
    Helms-Burton y el bloqueo de Cuba?

    J.D.: Creo que los obstáculos serán grandes. La ley exige elecciones
    libres en Cuba, economía de mercado y liberación de los presos
    políticos, y esas condiciones no se dan en Cuba. Nunca ha habido
    entusiasmo en el Congreso por levantar el embargo por el fuerte peso del
    voto de Florida en las elecciones presidenciales y la postura del exilio
    cubano, pese a algunas voces favorables como las de los senadores
    Patricia Leary o Jeff Flake. Y eso se aplica también a demócratas como
    el anterior líder de la mayoría en el Congreso, Harry Reid, o la
    presidenta del Comité Nacional Demócrata, Debbie Wasserman-Schultz, que
    no movieron un dedo. No creo que un Congreso dominado por los
    republicanos tanto en la Cámara (John Boehner) como en el Senado (Mitch
    McConnell) vaya a cambiar, antes al contrario. Algunos senadores y
    congresistas ya han anunciado su oposición, como Marco Rubio, Bob
    Menendez, Jeb Bush o Mario Díaz-Balart. El asunto puede derivar en un
    tema de la campaña presidencial en 2016, en un contexto de voto del
    exilio cubano menos opuesto al levantamiento. Hoy 6 de cada 10
    americanos están ya en contra del embargo. El tiempo corre a favor del
    levantamiento, pero no será fácil.

    P.: ¿Cuáles son las resistencias internas al cambio en Cuba? ¿Qué papel
    jugarán países como Venezuela o Ecuador a partir de ahora?

    J.D.: Eso de las resistencias internas creo que lo puede contestar
    Carlos mejor que yo. Lo que pienso es que el ALBA y en particular
    Venezuela cada vez está en peores condiciones de imponer nada por su
    crisis interna, agravada por el bajo precio del petróleo. Creo, más
    bien, que la normalización de relaciones entre EEUU y Cuba refuerza la
    imagen de un presidente Obama debilitado por las recientes elecciones de
    Mid-Term y reposiciona a EEUU en America Latina con vistas a la Cumbre
    de Panamá de 2015, donde la invitación a Cuba se había convertido en una
    cuestión de principio que ponía de relieve el aislamiento de EEUU en ese
    asunto.

    C.A.Z.: La resistencia que explica el ritmo lento de los cambios en Cuba
    procede de la dificultad de hacer el país más productivo sin lanzar a la
    indigencia a millones de personas. Ese es el problema de fondo que
    tienen que resolver Raúl y su gente. Una terapia de choque aplicada a
    Cuba destruiría el país para una o dos generaciones. Hay seis millones
    de cubanos no activos (de una población total cercana a los 12 millones)
    que viven de la protección social (en forma de pensiones, servicios y
    productos subvencionados). El 68% del presupuesto cubano es gasto
    social. Sabiendo cómo viven, nada resulta más natural que el temor de
    estas personas a que ese gasto se reduzca y no digamos a que
    desaparezca. Hay otros cuatro millones de activos trabajando
    directamente para el Estado cuyo más que escaso salario se complementa
    con productos subvencionados. Entre estos empleos, hay muchos
    redundantes llamados a desaparecer. También esto produce temores
    comprensibles.

    La resistencia que explica el ritmo lento de los cambios en Cuba procede
    de la dificultad de hacer el país más productivo sin lanzar a la
    indigencia a millones de personas. Ese es el problema de fondo que
    tienen que resolver Raúl y su gente
    P. ¿Es una casualidad que el anuncio de esta noticia coincida con “el
    frenazo brusco” de la economía rusa?

    J.D.: Las negociaciones (discretas, como debe ser) han durado 18 meses.
    Vienen, pues, de atrás. Pienso que se han podido acelerar más bien ante
    el empeoramiento de la salud de Alan Gross, pieza clave en la
    negociación, y por el deterioro de la economía venezolana, que no está
    en condiciones de seguir suministrando petróleo a Cuba de forma
    absolutamente preferente, como ha hecho hasta ahora. La
    descapitalización de Pedevesa, la gallina de los huevos de oro de la
    ‘revolución bolivariana’, y la evolución negativa de los precios del
    petróleo sí me parece que han podido influir en la postura cubana.
    También la necesidad de Obama de buscar éxitos en política exterior ante
    el bloqueo republicano a cualquier iniciativa suya en el ámbito doméstico.

    C.A.Z.: Creo que sí. Me parece, como apunta Jorge, que la cumbre de Las
    Américas de 2015 ha obligado a la Casa Blanca a imprimir un giro a su
    política cubana. De no haberlo hecho, esa cumbre podía haber proyectado
    la imagen de que en América no era Cuba la aislada, sino Estados Unidos.
    Ahora dará una imagen muy distinta y más positiva.

    Source: En Cuba, más que un cambio de política, ha habido una
    coincidencia de intereses – Noticias de Mundo –
    http://www.elconfidencial.com/mundo/2014-12-20/en-cuba-mas-que-un-cambio-de-politica-ha-habido-una-coincidencia-de-intereses_598650/#