Alan Gross: Castro's prisoner
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    El penúltimo canje de la Guerra Fría

    El penúltimo canje de la Guerra Fría
    Posted on 5 diciembre, 2014
    Por Alcibiades Hidalgo*

    De la misma cárcel del Hospital Militar Carlos J. Finlay en La Habana
    donde el estadounidense Alan Gross cumple esta semana cinco años de
    prisión, salió en marzo del 1989 el sargento surafricano Johan Papenfus
    para ser canjeado por tres cubanos capturados en la guerra de Angola.

    Papenfus cayó prisionero de las tropas cubanas el 4 de mayo de 1988 en
    Donguena, un sitio perdido de la geografía angolana, cercano a la
    frontera con Namibia, cuando su transporte de tropas Casspir, parte de
    una columna de 12 vehículos blindados, fue inmovilizado por un proyectil
    antitanque. En el choque, donde los surafricanos perdieron cuatro
    vehículos, murieron cinco soldados cubanos y siete surafricanos, según
    distintos testimonios. Un día antes, en Londres, representantes de
    África del Sur, Angola y Cuba habían dado inicio bajo la mediación de
    Estados Unidos a las negociaciones que pondrían fin a la presencia
    militar cubana en África y al dominio de Pretoria sobre Namibia. Yo fui
    el portavoz de Cuba durante ese proceso diplomático y tras llegar a un
    acuerdo, supervisé en Namibia, junto a la ONU, la retirada surafricana.

    Orden de Fidel Castro

    Herido por la metralla que le desgarró una nalga, el prisionero Papenfus
    fue trasladado con urgencia a Cuba para recibir atención médica. Nunca
    había ocurrido algo así en la larga guerra de Angola. La oportuna
    captura en combate de un soldado blanco surafricano y las circunstancias
    de su herida ofrecían a Cuba otra carta negociadora.

    –“Tráiganlo de inmediato. No podemos confiarlo a los angolanos…”, urgió
    Fidel Castro cuando examinaba pocos días después los pormenores de la
    próxima ronda de conversaciones, que se celebraría de inmediato en El Cairo.

    Bernardo Heredia “Shogun”, el soldado que acertó su disparo de RPG7
    contra el legendario Casspir, el vehículo antiminas diseñado por África
    del Sur para dominar las praderas, fue condecorado como un héroe de
    guerra y Johan Papenfus llegó procedente de Luanda, como una rara mezcla
    de VIP y POW, a la terminal militar del Wajay, unas instalaciones
    alejadas de la vista pública a unos tres kilómetros de la terminal aérea
    principal del aeropuerto de Boyeros.

    Menos de un año después, tras frenéticas rondas negociadoras en tres
    continentes y a punto de concluir la guerra, el joven sargento
    surafricano en esa misma pista subió por sus pies y celosamente
    custodiado a bordo de un IL62 de fabricación soviética. Iba de regreso a
    África, de la mano de los negociadores cubanos, para ser canjeado por
    otros prisioneros de guerra.

    En desolado paraje

    El intercambio fue concertado en la frontera entre Angola y Namibia,
    cerca del poblado de Ruacaná. De su lado, los surafricanos erigieron una
    larga tribuna que ocuparon docenas de funcionarios coloniales y
    oficiales de alto rango y sus esposas, vestidos todos con sus mejores
    galas, como para una misa dominical en el polvoriento y desolado paraje.

    Tras breves declaraciones de ambas partes bajo un sol calcinante se
    levantó finalmente la endeble barrera fronteriza y bajo ella cruzaron
    los prisioneros. Tres soldados cubanos entregados por la UNITA a África
    del Sur y catorce militares angolanos, entre ellos un piloto, caminaron
    hacia el territorio de Angola, mientras Johan Papenfus iba al encuentro
    de los suyos. El cruce de la larga fila de 17 hombres, casi todos
    negros, frente a un solo soldado surafricano motivó aplausos en la tribuna.

    Rodolfo Estévez Lantigua, Raúl Estela Martell y Luis Milla González, los
    únicos cubanos reconocidos como prisioneros de guerra en poder del
    enemigo, habían sido capturados por la UNITA en distintas
    circunstancias. Lantigua, un mulato alto de mirada extraviada que había
    olvidado el español, permaneció seis años en poder de Jonas Savimbi
    quien ordenó quebrarle los dedos de ambas manos como castigo por
    protestar contra los maltratos de su cautiverio.

    Raúl Castro, con probada experiencia en la toma de rehenes desde su
    primer secuestro de estadounidenses en una carretera de Guantánamo en
    junio de 1958, debe haber valorado las similitudes entre los casos de
    Papenfus y Gross. En definitiva, su actual ministro de las Fuerzas
    Armadas Revolucionarias, el general Leopoldo Cintras Frías, era el jefe
    de la Agrupación de Tropas del Sur, el área donde ocurrió el impecable
    intercambio. Más aún, los generales Abelardo Colomé y Carlos Fernández
    Gondín, hoy al frente del Ministerio del Interior que escogió a Gross
    como víctima propiciatoria, desde sus jefaturas en la Contrainteligencia
    Militar de la época movieron los hilos que llevaron a Papenfus a Cuba
    para ser curado y de vuelta a Angola para ser canjeado.

    Entre Papenfus y Alan Gross

    Es difícil encontrar otros paralelos entre los casos de Johan Papenfus y
    Alan Gross. El surafricano, un militar profesional capturado herido en
    un campo de batalla, era a todas luces un prisionero de guerra y fue
    tratado como tal. Gross, arrestado en 2009 cuando regresaba a Estados
    Unidos después de su quinto viaje a la isla, sin haber sido nunca
    interrogado por la celosa aduana cubana, clasifica mejor como un rehén
    del pulso político entre Washington y La Habana.

    Los “actos contra la independencia o la integridad territorial del
    Estado” por los que fue condenado a quince años de prisión en marzo de
    2011 consistieron en la entrega de equipos para crear redes de internet
    fuera del control gubernamental a comunidades hebreas de La Habana,
    Santiago de Cuba y Camagüey. Los fiscales ni siquiera intentaron
    demostrar al tribunal cómo las reducidas instituciones judías, que han
    vivido en un virtual estado de sitio desde la ruptura de relaciones con
    Israel ordenada por Fidel Castro en 1973, hubieran podido amenazar de
    alguna manera la estabilidad nacional navegando por la web.

    Según consta en los propios documentos de la fiscalía, la policía
    política cubana conocía la labor de Alan Gross desde su primer viaje, a
    mediados de 2004, cuando entregó una cámara de video y medicamentos a un
    líder masón que resultó ser agente de la Seguridad del Estado y
    testificó en su contra.

    Desde su encarcelación La Habana ha pedido la luna a cambio de liberar a
    Gross: el canje por tres espías cubanos, condenados a largas penas de
    cárcel en Estados Unidos. Uno de ellos, jefe de la red y vinculado con
    la muerte de cuatro personas, cumple dos sentencias de cadena perpetua,
    ratificadas por apelaciones en todas las cortes competentes. La Casa
    Blanca ha reiterado la desproporción del canje que congeló durante cinco
    años, los mismos que Gross ha cumplido en prisión, todo avance en las
    relaciones de Estados Unidos y Cuba. Cualquier parecido con la Guerra
    Fría no es pura coincidencia.

    * Ex embajador de Cuba en Naciones Unidas y ex jefe de despacho de Raúl
    Castro. Participó en las negociaciones para el término de la guerrra en
    Angola. Escapó a Estados Unidos en el 2002. Este artículo apareció en el
    periódico chileno La Tercera y se publica en CaféFuerte con el
    consentimiento de su autor.

    Source: El penúltimo canje de la Guerra Fría | Café Fuerte –
    http://cafefuerte.com/cuba/19847-el-penultimo-canje-de-la-guerra-fria/