Alan Gross: Castro's prisoner
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    El escandaloso silencio de Fidel Castro.

    El escandaloso silencio de Fidel Castro.
    ¿Dónde está El Comandante en Jefe? O se encuentra en estado vegetativo,
    o ya abandonó este “valle de lágrimas”. Caen por tierra las
    justificaciones sobre “el enemigo” que nos asedia, nos bloquea e impide
    el avance económico y social
    jueves, diciembre 18, 2014 | Miriam Celaya

    LA HABANA,Cuba. — Tras la breve alocución del General-Presidente, Raúl
    Castro, sobre la excarcelación de Alan Gross y del “ciudadano de origen
    cubano” al servicio de la inteligencia estadounidense, así como de otros
    reclusos que recibieron “beneficios penales, incluida la excarcelación
    de personas sobre las que el Gobierno de los Estados Unidos había
    mostrado interés”, en la que, además, anunció el restablecimiento de las
    relaciones diplomáticas entre ambos países, continuó la vida cotidiana
    en la capital cual si no estuviéramos asistiendo a un momento de
    trascendencia histórica que pone punto final a 50 años de diferendo
    ininterrumpido entre nuestros dos países.

    Con los acuerdos alcanzados después de meses de negociaciones, el
    panorama político regional cambia dramáticamente, a la vez que tan
    controversial decisión deberá, en principio, influir en cambios más
    significativos hacia el interior de Cuba, toda vez que caen por tierra
    las justificaciones de la parte cubana sobre “el enemigo” que nos
    asedia, nos bloquea e impide el avance económico y social de la Isla.

    Por supuesto que sería ingenuo suponer que el régimen realice
    transformaciones esenciales o que permita una apertura política o de
    derechos humanos, en especial los relativos a las libertades de
    expresión y de asociación, por solo mencionar los puntos más
    “peligrosos” para su supervivencia. Se trata de la misma dictadura,
    cercana a los 56 años de poder totalitario y es de esperar que apele a
    cualquier triquiñuela para evadir los cambios que pongan en riesgo su
    autoridad en Cuba. No obstante, eso no significa que el inmovilismo
    mantenido durante medio siglo por la política exterior estadounidense
    hacia Cuba fuera una buena fórmula.

    La estrategia lanzada hoy por la casa Blanca, si bien arriesgada, pone
    contra la pared a la cúpula cubana, en especial de cara a una comunidad
    internacional que hasta ahora ha tolerado con pasividad las continuas
    violaciones de los derechos humanos en Cuba, e incluso ha elogiado a la
    satrapía Castro por sus logros en materia de salud y educación por la
    existencia de una política beligerante del país más poderoso del planeta
    y la supuesta necesidad del régimen de defenderse de él. Roto el
    inmovilismo y restablecidas las relaciones, ahora habrá que ver en qué
    dirección se mueven los actores y qué cambios se derivarán del nuevo
    escenario.

    Es conocida la debilidad de la incipiente sociedad civil cubana, de su
    orfandad jurídica y de la ausencia de instituciones autónomas que la
    respalden, de manera que en la ruta hacia la consecución de la
    democracia no podrán faltar los apoyos y la buena voluntad de los países
    civilizados y de los organismos mundiales, so pena de condenar al
    fracaso los esfuerzos, sacrificios y aspiraciones de varias generaciones
    de cubanos demócratas. El presidente estadounidense parece estar
    consciente de ello, al expresar en su discurso su compromiso con esas
    esperanzas.

    Una Cuba indiferente

    La noticia tomó por sorpresa a los cubanos. Sin embargo, contrario a lo
    que cabría esperarse de tantos años de “luchas por el regreso de los
    Cinco”, y después de los cuantiosos recursos invertidos en las campañas
    internacionales para alcanzar su liberación, no hubo apoteosis de pueblo
    lanzado a las calles, no se convocó a su recibimiento, ni se divulgó en
    vivo por los canales de televisión la llegada de los muy esperados
    “héroes”. La Habana continuó su rutina de siempre, solo alterada por la
    inusitada entrega de una libra de pescado (jurel) por cada consumidor,
    acontecimiento que colmó las expectativas de la población, al menos en
    Centro Habana, que formó las correspondientes colas ante las carnicerías
    estatales.

    Mientras, un grupo de estudiantes fueron movilizados en la Universidad
    para dar algunos gritos y vivas, sin que quedara muy claro si el
    verdadero motivo de su alegría era la liberación de los espías o la
    repentina posibilidad de abandonar las aulas más temprano que de costumbre.

    Solo el noticiero estelar de la noche pasó un breve reportaje,
    cuidadosamente preparado y destinado a agitar la sensiblería popular,
    mostrando el reencuentro de los espías liberados con sus familias, y las
    palabras del cabecilla del grupo, Gerardo, expresando al
    General-Presidente su disposición a seguir sus órdenes. “Para lo que
    sea”, dijo el siervo impenitente. No se le ocurrió al soldadito pensar
    que en un ambiente de buenas relaciones que deberán comenzar a fluir
    entre ambos países no se vería bien una nueva aventura de espionaje.

    Lo cierto es que, en contraste con el evidente deterioro físico de Alan
    Gross, los espías cubanos lucían gordos y rozagantes, como si en lugar
    de haber permanecido en las duras condiciones carcelarias que
    denunciaban los medios oficiales hubiesen regresado de un picnic o de
    unas largas vacaciones.

    El relieve de una ausencia

    Quizás el dato más significativo de la jornada al interior de Cuba es el
    escandaloso silencio de Fidel Castro.

    Ya había sido suficientemente notoria su ausencia mediática durante y
    tras la celebración de la Cumbre del ALBA, a diez años de la creación de
    esa entelequia por él y por su pupilo, Hugo Chávez. Pero el mutismo ante
    dos acontecimientos tan vinculados a su existencia como el fin de una
    historia de confrontación sobre la que cimentó la leyenda
    revolucionaria, y el arribo a la Isla de los protagonistas de su
    postrera “batalla”, son sumamente elocuentes.

    Resulta muy sintomático que se haya precipitado el regreso de los estos
    tres espías, quizás el suceso más feliz del año para el reflexivo en
    jefe, y no aparezca ni una nota apócrifa con una copia de la conocida
    firma al pie de página. Todo indica que, o bien el sumo druida se
    encuentra sumido definitivamente en un profundo estado vegetativo, o
    bien ya abandonó este “valle de lágrimas”. Si tal fuera el caso. No
    cuenten con las mías.

    Source: El escandaloso silencio de Fidel Castro. | Cubanet –
    http://www.cubanet.org/destacados/el-escandaloso-silencio-de-fidel-castro/