Alan Gross: Castro's prisoner
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    El deshielo entre EE UU y Cuba encalla por el ‘caso Gross’

    El deshielo entre EE UU y Cuba encalla por el ‘caso Gross’
    El ciudadano norteamericano lleva detenido cinco años en La Habana por
    “subversión”
    MARC BASSETS Washington 2 DIC 2014 – 21:10 CET10

    “Los rumores han alcanzado niveles frenéticos”, decía este martes en
    Washington el senador republicano por Arizona Jeff Flake. Flake aludía a
    la posibilidad de un deshielo en las relaciones entre Estados Unidos y
    Cuba, del que él es uno de los máximos promotores en el Capitolio.

    A la relajación, desde que en 2009 Barack Obama llegó a la Casa Blanca,
    de los límites al envío de dinero desde EE UU a Cuba y los viajes de
    cubanoamericanos a la isla, se han sumado los amagos de liberalización
    económica en la isla. Voces influyentes, como la presidenciable Hillary
    Clinton en la política, y el exiliado cubano y magnate del azúcar
    Alfonso Alfy Fanjul, cuestionan el embargo. Más de medio siglo después
    de la ruptura, los partidarios de un acercamiento ven señales para el
    optimismo.

    El encarcelamiento de Alan Gross, un cooperante norteamericano de 65
    años, en una prisión militar cubana, es uno de los principales
    obstáculos para el deshielo, según varios senadores y otras personas
    implicadas en las relaciones entre Washington y La Habana. Gross fue
    detenido el 3 de diciembre de 2009 en La Habana. Este miércoles se
    cumplen cinco años. Había viajado allí contratado por una empresa que
    trabajaba para la Agencia de Desarrollo Internacional de EE UU. Su
    misión era repartir ordenadores y equipos de comunicación satelital
    entre la comunidad judía en Cuba. En 2011, un tribunal le condenó a 15
    años de prisión por actos contra la independencia y la integridad del
    Estado cubano y por participar en actos subversivos.

    “Sin [la liberación de Gross] se hace muy difícil avanzar”, dijo Flake
    al término de un discurso en el laboratorio de ideas CSIS. Obama lo
    tiene difícil para imponer cambios en su política hacia Cuba mientras
    Gross siga preso. Hacerlo abriría el flanco a las críticas por hacer
    concesiones sin contrapartidas.

    “Desafortunadamente, Alan Gross está atrapado en la congelación
    diplomática entre Estados Unidos y Cuba”, dice en un correo electrónico
    el senador demócrata por Nuevo México Tom Udall, que en noviembre visitó
    Cuba junto a Flake. Ambos se reunieron durante dos horas con Gross. “Su
    encarcelamiento”, añade Udall, “frena los avances a la hora de
    normalizar las relaciones con Cuba, pero la congelación de las
    relaciones entre ambos países también impide los avances hacía su
    liberación. Es un círculo vicioso”.

    Los esfuerzos por liberar a Gross, cuya salud ha empeorado durante el
    cautiverio, no son nuevos. “Yo fracasé al tratar de traerlo a Estados
    Unidos”, admite Bill Richardson, que fue gobernador de Nuevo México,
    embajador ante la ONU durante la Administración de Clinton y
    experimentado mediador con países como Cuba o Corea del Norte.
    Richardson viajó a Cuba en septiembre de 2011. Su objetivo era liberar a
    Gross. Explica que iba en misión privada, pero que la Administración de
    Obama le autorizó a decir que, si se resolvía el caso Gross, Washington
    podría dialogar con La Habana sobre otros temas.

    Richardson atribuye el fracaso de su misión, entre otros motivos, a que
    las autoridades cubanas se dieron cuenta de que Gross era activo
    valioso. “Fue la primera vez”, dice, “que empezaron a decir públicamente
    que querían el cambio de Gross por los cinco prisioneros”. Se refiere a
    los cubanos detenidos en 1998 en Florida y acusados de espionaje. Dos
    han regresado a la isla y tres siguen encarcelados en EE UU. La Habana
    ha planteado un canje de los tres por Gross.

    “Siempre hemos dicho que realmente no existe ninguna equivalencia entre
    Alan Gross y estos tres prisioneros”, dijo el lunes a varios periodistas
    un funcionario del Departamento de Estado que pidió anonimato. La fuente
    señaló que los tres cubanos fueron condenados por crímenes vinculados al
    espionaje, una actividad distinta de la que desarrollaba Gross.

    La esposa de Gross ha dicho que le preocupa que su marido haga “algo
    drástico” si no sale pronto. Su madre murió en junio. “Son cinco años”,
    dice el senador Flake. “Quiere que nuestro Gobierno haga todo lo posible
    para garantizar su liberación”.

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    Internacional | EL PAÍS –