Alan Gross: Castro's prisoner
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    De fracaso en fracaso 12-2014

    De fracaso en fracaso
    Washington trató de atraer a raperos cubanos, con el fin de crear un
    movimiento juvenil en contra del régimen de la Isla, pero terminó
    perjudicando una auténtica forma de protesta
    Alejandro Armengol, Miami | 12/12/2014 3:16 pm

    Tanto mandatarios y legisladores demócratas como republicanos se han
    mostrado más interesados en aparentar ante sus electores un interés por
    la situación en Cuba, que en contribuir a un cambio real en la nación
    caribeña. Ahora sale a relucir otro fracaso, del que ya se tenía
    conocimiento pero no en detalle: el gobierno estadounidense trató de
    atraer a raperos cubanos con el fin de crear un movimiento juvenil en
    contra del régimen de la Isla.
    Al igual que ocurrió con el plan para crear un sistema estilo Twitter,
    que en última instancia sería utilizado para recopilar información y
    “fomentar” la disidencia; de manera similar a otro programa, que envió a
    la Isla jóvenes latinoamericanos a provocar disensión, y que también
    incluyó elaborados subterfugios, como la creación de una organización de
    fachada y un exótico entramado financiero para ocultar la participación
    norteamericana, los resultados fueron contraproducentes: el proyecto
    perjudicó una auténtica voz de protesta que había generado algunas de
    las críticas populares más duras desde que Fidel Castro tomó el poder en
    enero de 1959, concluyó una investigación de la Associated Press.
    También como en los otros dos proyectos dados a conocer con anterioridad
    por investigaciones de la propia agencia noticiosa, más allá de una
    breve y momentánea infusión de dólares en algunos bolsillos, el plan no
    arrojó resultados positivos. Eso sí, será utilizado para que el régimen
    vuelva a denunciar la continua “injerencia” de Estados Unidos en los
    asuntos cubanos.
    El Departamento de Estado informó a comienzos de noviembre que está
    revisando algunos de los programas secretos de promoción de la
    democracia de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo
    Internacional (USAID), que se llevan a cabo en países hostiles a Estados
    Unidos, después que la AP reportara que la agencia para el desarrollo
    internacional del gobierno podría poner fin a labores encubiertas y
    riesgosas en esas naciones. Los cambios propuestos podrían transferir
    parte de esas funciones al aparato diplomático estadounidense.
    Sería bueno que al menos en esta ocasión no se repitiera la torpeza de
    echarle la culpa al mensajero y no al mensaje. Difícil o imposible que
    se evita. Así que de nuevo para algunos el análisis sobre lo ocurrido
    será dejado a un lado en favor del ataque a la agencia noticiosa. Como
    suele repetirse, los extremos se tocan: cuando el escándalo de los
    “perfumes revolucionarios”, inspirados en el Che Guevara y Hugo Chávez,
    les tocó el turno de atacar a la AP a los funcionarios del régimen, y se
    atribuyó el incidente a la cobertura malintencionada de la agencia. Solo
    que ni la AP inventó los desafortunados perfumes, ni tampoco creó los
    planes de la USAID, distribuyó dinero, puso en riesgo a personas y les
    ocultó la naturaleza del trabajo a realizar.
    También es probable que de nuevo ahora se repitan argumentos sobre el
    “derecho” de Washington para forzar un “cambio” de régimen en Cuba. Solo
    que la pregunta más práctica sería si ser una superpotencia le otorga a
    cualquier administración de EEUU —no importa si demócrata o republicana—
    una potestad ilimitada para despilfarrar el dinero de sus contribuyentes.
    Aunque limitar la ineficiencia a la USAID resulta injusto. Por décadas,
    todo o la mayoría de lo que se ha hecho para promover la democracia en
    Cuba, con fondos norteamericanos, se ha hecho mal.
    Asombra que la nación más poderosa del mundo sea tan torpe ante un
    pequeño país, salvo que se abrigue la sospecha que ineptitud no ha sido
    un pecado sino un objetivo.
    Es cierto que se entra entonces en la teoría de las conspiraciones, pero
    son demasiados datos para encerrarlos simplemente en la casualidad y la
    circunstancia.
    Desde los lejanos planes de la CIA para exterminar a Fidel Castro, una y
    otra vez en este país se ha repetido un esquema similar, difícil de
    entender fuera de EEUU: la utilización de amplios recursos y fondos
    millonarios con el objetivo de no lograr nada.
    Lo que en muchas ocasiones se ha interpretado como torpeza o franca
    ineficiencia no ha sido más que la apariencia de un proyecto destinado
    al fracaso.
    Sólo una nación que cuenta con un presupuesto de millones y millones de
    dólares, puede destinar algunos de ellos simplemente al despilfarro;
    solo un país poderoso y al mismo tiempo víctima de su prepotencia puede
    llevar a cabo tal tarea.
    En el caso cubano, Washington lo ha hecho con éxito durante décadas.
    La consecuencia es que ha surgido un “anticastrismo” que es más un
    empeño económico que un ideal político, alimentado en gran medida por
    los fondos de los contribuyentes.
    Cuando a finales del siglo pasado la transformación de este modelo se
    acercaba al punto clave, en el cual la estrechez del objetivo político
    del grupo del exilio que lo sustentaba hacía dudar de sus posibilidades
    futuras, la llegada al poder de George W. Bush dilató su supervivencia,
    al tiempo que impuso un gobierno con una carga ideológica —afín
    precisamente a los principales beneficiarios del “modelo anticastrista”—
    como no se conocía en esta nación desde décadas atrás.
    La política de extremos pasó a ser la estrategia nacional y no una
    maldición miamense.
    La administración de Barack Obama, que en el caso cubano se ha movido
    entre la inercia, el desinterés y la desconfianza, no ha hecho más que
    prolongar una situación heredada. Por supuesto que —como siempre— el
    régimen continúa acumulado triunfos en su poderosa capacidad para
    prolongar el desastre. Nada cabe esperar de La Habana y cualquier
    apuesta a favor de una correspondencia de gestos choca contra el muro de
    la inmovilidad, pero si los esquemas en favor de fomentar la democracia,
    que en otros países han funcionado con éxito, fracasan en Cuba, por qué
    ese empeño torpe en gastar el dinero.
    Si de algo ha sido ejemplo la Isla, es en ser un laboratorio que
    convierte en fracaso lo que en otras partes triunfa. Desde los lejanos
    días de la expedición de Bahía de Cochinos, ya era hora para haber
    aprendido la lección.
    Si la Agencia Central de Inteligencia (CIA) fracasó a la hora de repetir
    en Cuba lo que llevó al derrocamiento de Jacobo Árbenz en Guatemala, no
    por ello se ha dejado de repetir el esquema. El último ejemplo en este
    intento, que se conoce en detalle ahora, de repetir en la Isla los
    conciertos de protesta del movimiento estudiantil que ayudó a derrocar
    al entonces presidente serbio Slobodan Milosevic en 2000. Y para ello,
    nada mejor que buscarse a… ¡un promotor serbio, Rajko Bozic! Si la CIA
    de los hermanos Dulles llevó a cabo el derrocamiento de Árbenz, ahora
    sería la USAID, al parecer dirigida por unos hermanos Marx reencarnados,
    quien se encargaría de acabar con los Castro.
    Y al igual que ocurrió con la fracasada expedición de Bahía de Cochinos,
    lo que al parecer nunca faltó en el proyecto fue el dinero. El estimado
    original, para lo que fue concebido bajo la administración de Dwight D.
    Eisenhower como un plan de propaganda, infiltración y apoyo a la
    resistencia dentro de la Isla, comprendía gastos de $4.400.000. Sin
    embargo, el costo total ascendió a más de $46.000.000. En lo que
    respecta al plan con los raperos cubanos, Bozic fue contratado por
    Creative Associates International, una compañía que suscribió un
    contrato multimillonario con USAID. Su objetivo: hacerse al mando del
    movimiento hip-hop de la isla “para ayudar a la juventud cubana a romper
    el bloqueo informativo” y crear “redes juveniles para el cambio social”,
    según muestran los documentos, informa la AP.
    Creative estaba girando cientos de miles de dólares en salarios y en
    costos operativos, incluidos los equipos de video y las computadoras.
    Para ocultar el dinero que se entregaba a Bozic, Creative creó una
    compañía pantalla en Panamá llamada Salida, dirigida por un abogado en
    Liechtenstein. Bozic no aparecía por nombre, pero tenía un poder
    notarial según un documento que debía permanecer secreto pero que la AP
    consiguió.
    En una trama ridícula y absurda, al tiempo que un reducido grupo de
    “cavernícolas” de Miami se dedicaban a romper discos y quemar camisas de
    Juanes, la USAID trataba de aprovechar el concierto del cantante
    colombiano para promover al grupo de rap Los Aldeanos.
    De la investigación de la AP se deduce que toda la operación montada
    desde EEUU siempre fue del conocimiento del régimen. Mientras la policía
    política se dedicaba a incautar computadoras y equipos de sonido,
    delineaba a su vez un guión propio para presentar al mundo.
    En noviembre de 2009 fue detenido cuando llegaba a Cuba con “todo lo que
    Best Buy vende en su mochila”. Computadoras y equipos de video para
    artistas y videógrafos, le dijo Bozic a un excontratista de la USAID,
    quien narró la conversación a condición de no ser identificado para no
    afectar su trabajo, de acuerdo a la AP.
    La policía incautó el equipo, incluida una unidad de memoria con
    documentos “que tenían mucha información”, escribió un gerente de
    Creative. Bozic se marchó antes de lo planeado, para no volver.
    Pocas semanas después que Bozic saliera de Cuba, las autoridades de la
    Isla arrestaron al ciudadano estadounidense Alan Gross, otro contratista
    de la USAID que trabajaba en otro programa secreto. Gross fue
    sentenciado a 15 años de prisión.
    Durante los últimos años, Washington ha estado repitiendo que sus
    objetivos son apoyar a la disidencia, contribuir al aceleramiento del
    cambio pacífico para lograr la transformación política y económica de la
    Isla y aumentar el nivel de información de los cubanos. Pero en la
    práctica, estos planes han resultado contraproducentes para cumplir
    estas metas.

    Source: De fracaso en fracaso – Artículos – Opinión – Cuba Encuentro –
    http://www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/de-fracaso-en-fracaso-321194