Alan Gross: Castro's prisoner
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    Acertijos en La Habana

    Acertijos en La Habana
    Las audiencias de Fidel Castro revistieron históricamente un simbolismo
    especial, enigmático, indescifrable a veces
    JUAN JESÚS AZNAREZ 1 DIC 2014 – 22:24 CET11

    Las audiencias de Fidel Castro en el Palacio de la Revolución de La
    Habana revistieron históricamente un simbolismo especial, enigmático,
    indescifrable a veces, propio del acertijo. Hubo encuentros cantados,
    indudables, bien porque los invitados extranjeros eran aliados, o no
    siéndolo tenían un peso político ineludible, o simplemente porque al
    comandante en jefe le apetecía verse con gente de la cultura y la
    economía. En todos los casos, la onda expansiva de la reunión resultaba
    notable.

    El ministro de Asuntos Exteriores, José Manual García-Margallo, pudo
    comprobar durante su visita a Cuba la pasada semana que el alegórico
    formato de entrevistas en la cumbre no ha cambiado con Raúl Castro, al
    frente del Gobierno y Partido Comunista de Cuba (PCC) desde 2008. Al
    igual que otros muchos dignatarios extranjeros que en el pasado dieron
    por hecho su encuentro con su convaleciente hermano, y finalmente no lo
    lograron, el canciller español también recibió la cortés llamada
    telefónica oficial que comunica la imposibilidad de la reunión en palacio.

    Puede ocurrir después que algún dirigente del partido o de la
    cancillería se apiade del frustrado visitante, o tenga instrucciones de
    hacerlo, y le proporcione algún dato para sobrellevar el revés
    esclareciendo las razones de la inesperada denegatoria; puede ocurrir
    también que quede abandonado a suerte: al resultado de sus cavilaciones,
    a un tortuoso rompecabezas. Si Margallo no ha recibido ayuda para
    comprender las razones del plantón, se habrá visto abocado al jeroglífico.

    ¿Raúl Castro no le recibió por su tiro por elevación
    contrarrevolucionario cuando aludió a las libertades políticas en su
    discurso de la escuela diplomática de La Habana? ¿Molestaron sus
    invocaciones al cumplimiento de los convenios internacionales de la ONU
    y la OIT sobre derechos civiles, económicos y sindicales? Cabe suponer,
    sin embargo, que la orientación del discurso, no su contenido concreto,
    había sido anticipada por la diplomacia española al ejecutivo cubano,
    que suele transigir con la libertad de expresión de sus invitados
    extranjeros dentro de un orden.

    Avanzando hacia el discernimiento, hacia el descifrado del enigma
    habanero, emerge otra posibilidad: ¿Y si el destinatario del desplante
    no fue el ministro español sino Estados Unidos? Este periódico anticipó
    que en su viaje a Cuba y previendo todos una entrevista con Raúl Castro,
    el titular de Exteriores era portador de un mensaje concreto de
    Washington, cuyo contenido el Gobierno español no precisó. No parece
    disparatado suponer que la decisión del gobernante cubano de no recibir
    al ministro español no fue de última hora sino un movimiento táctico
    pensado con tiempo.

    Al no recibir al ministro español no recibía el mensaje de Barack Obama,
    y sin responderle, le respondía: “No tenemos prisas en negociar tus
    propuestas. Ya sabes cuales son las nuestras”. Nada oficial se conoce
    sobre el mensaje norteamericano entregado al canciller, y como no ha
    sido publicado, volvemos al terreno de las adivinanzas: ¿La liberación
    humanitaria del subcontratista Alan Gross, preso en Cuba, a cambio de
    beneficios penitenciarios para los tres espías cubanos presos en Estados
    Unidos? ¿Un te doy y me das sobre la cumbre de las Américas de Panamá,
    el año próximo? ¿Algo sobre el embargo? ¿Sobre el ébola? ¿Sobre Venezuela?.

    Progresivamente, el acertijo cobra dificultad, se torna incomprensible,
    arcano, porque sólo unos pocos tienen acceso a la sala de máquinas del
    Palacio de la Revolución. El resto, en Cuba, en España, y en Estados
    Unidos, continua suponiendo, devanándose los sesos, tratando de
    descodificar un acertijo intencionadamente misterioso.

    Source: Acertijos en La Habana | Internacional | EL PAÍS –