Alan Gross: Castro's prisoner
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    La carga al machete está en el exilio

    La carga al machete está en el exilio
    [15-10-2014 03:08:38]
    Huber Matos Araluce

    (www.miscelaneasdecuba.net).- Oteando el futuro inmediato de Cuba no me
    queda duda de que el fin del castrismo depende de lo que haga o deje de
    hacer el exilio cubano.
    Los exiliados están en capacidad de descarrilar la trasformación hacia
    un capitalismo al estilo chino, ruso o vietnamita con el que la clase
    dominante castrista intenta mantenerse en el poder.

    Además, un levantamiento popular en Cuba o cualquier tipo de acción
    colectiva que acabe de desintegrar la maquinaria dictatorial será el
    resultado directo de la percepción que tenga el pueblo cubano del exilio
    y de la asistencia real que este pueda brindarle.

    Un exilio luchando por su gente en la Isla sin dudas ni vacilaciones, o
    un exilio paralizado por las frustraciones, hará la diferencia.

    Por esta razón, por años el castrismo ha dirigido contra el exilio toda
    la manipulación imaginable, con el fin de saturarlo de pesimismo y
    paralizarlo.

    El exilio es el gran peligro para la dictadura, porque es el disparador
    del cambio.

    ¿Qué se puede hacer? ¿Levantar el embargo?

    Hay quienes proponen con absoluta certeza que la gradual introducción
    del capitalismo en la Isla conducirá irreversiblemente hacia la
    democracia. El paso indispensable para iniciar este proceso es que los
    Estados Unidos levanten el embargo sin poner condiciones a quienes
    gobiernan en Cuba.

    Esta es también la visión que está tratando de proyectar la dictadura
    con el objetivo de que Estados Unidos, al levantar el embargo, haga
    posible que lleguen a Cuba las inversiones extranjeras que salvarían a
    la maltrecha economía castrista y en consecuencia a la dictadura post
    comunista.

    El problema es que el esquema de llegar a la democracia por el camino
    del capitalismo no resiste ni la más ligera critica.

    Cuando la Federación Rusa nació como nación independiente después de la
    desintegración de la URSS, y China renunció al maoísmo marxista, las
    naciones del occidente democrático quisieron creer que, como el
    comunismo había fracasado, el capitalismo conduciría inevitablemente a
    la democracia. Y, sin exigir ningún precio político, las grandes
    democracias industriales apoyaron las transformaciones económicas de
    Rusia y de China.

    El resultado está a la vista: no solo la libertad individual no se
    respeta en Rusia ni China, sino que ambas naciones se han convertido en
    peligros estratégicos para el mundo democrático.

    Rusia se apoderó de Crimea por la fuerza y continúa desestabilizando a
    Ucrania para someterla. La Unión Europea y los países que formaron parte
    de la URSS saben que las intenciones del Kremlin son el renacimiento de
    un imperialismo en el cual ni los derechos humanos ni la paz tienen
    espacio. Están revitalizando a la OTAN para tratar de evitar o frenar lo
    que pueda venir del Kremlin.

    China, que todavía es un pigmeo militar comparado con las superpotencias
    nucleares, amenaza con frecuencia a sus vecinos asiáticos y desafía a
    Estados Unidos. El día en que China llegue a tener un poderío militar
    similar o cercano al de los Estados Unidos, pasará de las amenazas al
    chantaje y, si tiene la oportunidad, a los hechos.

    Preparándose para ese escenario, el gobierno de Obama ha enfocado sus
    esfuerzos hacia Asia. Les urge fortalecer su alianza con las naciones
    del área y unidos contener militar, política y económicamente a la China
    del mañana.

    Nadie sabe si en el futuro podrá salir de un laboratorio un
    descubrimiento que le dé a una nación una ventaja suprema sobre las
    demás. A fin de cuentas, Hitler estuvo más cerca de la energía atómica
    que nadie, y Alemania fue la precursora de los misiles y de los motores jet.

    Volviendo al presente, China acaba de demostrar que lejos de darle a
    Hong Kong el respiro de libertad al que se comprometió formalmente
    cuando Inglaterra entregó ese territorio, le ha impuesto en forma
    arbitraria un yugo dictatorial. El trato injusto y abusivo que se da a
    las minorías en China es otra muestra de sus intenciones.

    La tesis del capitalismo como precursor de la democracia es un
    disparate: el capitalismo fue un socio en la Alemania de Hitler y en la
    Italia de Musolini, lo es en Nicaragua, donde los empresarios
    nicaragüenses están muy contentos con “el compañero” Daniel Ortega, a
    pesar de que Nicaragua dista mucho de ser una democracia.

    En resumen, el capitalismo nunca ha sido el promotor automático de la
    democracia, y en muchos casos ha sido un feliz y próspero aliado de las
    dictaduras.

    La transición hacia la democracia en algunos países dictatoriales ha
    sido posible por factores culturales, presiones externas y cambios
    institucionales fundamentados en constituciones democráticas.

    En espera de Moisés

    Ante el reto que hasta ahora ha representado más de medio siglo de
    tiranía, entre muchos cubanos se ha esperado la aparición de un líder
    carismático con capacidad y poder de convocatoria para capitalizar el
    descontento interno.

    El tiempo ha demostrado que cuando ha aparecido alguien con la
    potencialidad para enfrentar al régimen, la maquinaria represiva lo
    liquida misteriosamente. En otros casos, las expectativas han resultado
    ilusas o completamente equivocadas.

    En esa búsqueda del “salvador” hemos perdido una enorme cantidad de
    energía, hemos acumulado frustraciones, y se ha invertido tiempo y
    recursos. Además, corremos un grave peligro: el pueblo que vuelve a
    confiar demasiado en un líder puede pagar de nuevo su fe con
    frustraciones o cadenas.

    Por estas razones, no es recomendable seguir esperando a un “salvador” o
    poner mucha esperanza en quien los medios promocionen. Los periódicos,
    la televisión y la radio también tienen sus intereses. Esperar por un
    líder es una espera incierta y, si apareciera, la dictadura lo asesinará.

    Por estas razones, lo prudente es apoyar estrategias, planeamientos y el
    trabajo real que se hace a nivel organizacional, sin que esto dependa de
    un predestinado. Necesitamos organizaciones verdaderas, con estrategias
    inteligentes y trabajos auténticos.

    El levantamiento popular

    Otra expectativa de muchos cubanos exiliados ha sido la del
    levantamiento popular en la Isla. Una rebelión del pueblo de tal
    magnitud que neutralizaría la respuesta represiva de la dictadura.

    Quienes lo esperan, o lo alientan, argumentan que en otros países ha
    sucedido. Pasan por alto que en esos otros lugares las condiciones eran
    completamente diferentes a las de Cuba.

    Al no materializarse la rebelión, la conclusión fácil ha sido afirmar
    que los cubanos son cobardes, y que lo que quieren es huir hacia los
    Estados Unidos.

    Quizás los cubanos en la Isla no sean tan cobardes. Tal vez es
    justificado el temor a lanzarse a luchar sin armas contra un sistema
    que ha demostrado un nivel brutal de crueldad y violencia. No es fácil
    irse a la calle a jugarse la vida por un futuro incierto, sin recursos
    ni respaldo internacional.

    Las protestas de miles de iraníes que comenzaron el 12 de junio del 2009
    llamaron la atención del mundo entero, pero no hubo ninguna nación que
    les diera un apoyo efectivo, y fueron aplastadas fácilmente con represión.

    Los heroicos guerrilleros campesinos de la Sierra del Escambray en Cuba
    fueron exterminados, sin tener el apoyo ni la solidaridad del exilio, y
    mucho menos del gobierno de los Estados Unidos.

    ¿Pueden confiar quienes intenten un levantamiento en Cuba en un respaldo
    efectivo del exilio?

    No, el exilio no está preparado ni sicológica ni materialmente para
    darlo. En Cuba la gente sabe que no lo puede esperar. Mucho menos
    podrían esperar los cubanos en la Isla un apoyo del gobierno de Obama
    para una acción de ese tipo.

    Un levantamiento popular en Cuba crearía una mini crisis en Washington.
    Seguramente los asesores del Presidente le recomendarían que dejara
    pasar los días, que quizás la revuelta sería aplastada, y así evitarían
    declaraciones que luego tendrían que lamentar.

    Bashir al Assad, en Siria, se paseó por la “línea roja” definida por
    Obama como el límite que obligaría a su gobierno a tomar una acción
    armada si se usaban armas químicas contra civiles. En Cuba no se le ha
    advertido al régimen de ninguna línea de ningún color.

    Hemos sido testigos de la muerte de 200,000 sirios, y si el Califato no
    hubiera degollado dos ciudadanos americanos y uno inglés estaríamos
    contando sirios e iraquíes asesinados, desaparecidos y exiliados con
    absoluta impunidad. Lamentablemente, los seguimos contando.

    Ni los rebeldes moderados de Siria recibieron ayuda militar cuando la
    necesitaban, ni el ejército ucraniano la recibió ante la invasión rusa.

    El presidente Obama rechaza involucrarse militarmente en otros países, y
    aunque las consecuencias de esa política sean beneficiosas o
    perjudiciales para los Estados Unidos, en el presente o en el futuro, no
    olvidemos que el pueblo americano lo eligió por esa promesa y lo apoyó
    en esa decisión. El hecho es que Obama no quiere problemas con el castrismo.

    Si Washington ha tolerado pacientemente durante casi cinco años la
    injusticia cometida contra el ciudadano norteamericano Alan Gross, ¿qué
    pueden esperar los cubanos de la calle? No hay razón para que los
    cubanos de la Isla esperen ninguna ayuda concreta y a tiempo del
    gobierno de Estados Unidos.

    Los cubanos podrían rebelarse en un futuro, pero esta opción solamente
    tendría posibilidades de materializarse si el pueblo en la Isla
    estuviera convencido de que el exilio es un confiable, y un influyente
    compañero en la lucha.

    Hay que convencer al pueblo cubano, con hechos, de que somos hermanos de
    lucha; convencerlo ahora. Hay que prepararse para que tenga el respaldo
    cuando lo necesite.

    A los que viven en nuestra patria les llegará el momento de dar el tiro
    de gracia a la dictadura. Mientras tanto, la carga al machete está en el
    exilio.

    ¿Por qué?

    Porque los exiliados tenemos la libertad, los recursos, la motivación,
    la información y, sobre todo, las ventajas para ganarle al castrismo en
    los escenarios donde es más vulnerable…

    (continuará…)

    * La primera carga al machete: Hecho ocurrido el 4 de noviembre de 1868,
    en Pino de Baire, antigua provincia de Oriente, Cuba (hoy provincia de
    Santiago de Cuba), durante el inicio de la Guerra de los Diez Años.
    Desde la ciudad de Santiago de Cuba salió rumbo a Bayamo una columna
    española de más de 700 hombres, al mando del coronel Quirós. En su
    avance, la fuerza peninsular llega prácticamente sin detenerse hasta el
    caserío de Baire, donde cae en una emboscada, preparada por el entonces
    sargento del Ejército Libertador Máximo Gómez. Debido a la gran
    superioridad de las fuerzas enemigas, Gómez decide atacarlos a corta
    distancia utilizando machetes, arma que el conocía muy bien por haberla
    usado en las contiendas en su país natal. El resultado del combate fue
    desastroso para la columna española, que tuvo que retirarse después de
    tener decenas de muertos y heridos. Por la parte mambí solo resultaron
    heridos unos pocos hombres.

    Source: La carga al machete está en el exilio – Misceláneas de Cuba –
    http://www.miscelaneasdecuba.net/web/Article/Index/543dc9163a682e1794e99e9f#.VD6Gv_mSxHE