Alan Gross: Castro's prisoner
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    Desapolillando archivos – los canales secretos Cuba-EEUU y la política de la fanfarria

    Desapolillando archivos – los canales secretos Cuba-EEUU y la política
    de la fanfarria
    Posted on 10 octubre, 2014
    Por Miguel Fernández Díaz

    Ya pasaron los tiempos en que The New York Times reportaba con
    antelación que exiliados anticastristas se aprestaban a invadir a Cuba y
    el presidente John F. Kennedy comentaba que así Fidel Castro no
    necesitaba espías, sino leer los periódicos. Hoy día se puede dormir a
    pierna suelta en la Casa Blanca gracias a la ausencia de periodismo,
    abrumados por cansados reportes sobre un libro de historia y por
    titulares en primera plana como este: “Raúl Castro propuso a Obama un
    canal de comunicación secreto”.

    La noticia sería más bien que Obama considera innecesario andar por ese
    camino trillado que el director de los Archivos de Seguridad Nacional,
    Peter Kornbluh, y el profesor de la Universidad Americana William
    LeoGrande, presentan con aura de revelación en su libro Back Channel to
    Cuba (Imprenta de la Universidad de Carolina del Norte, 2014, 544 páginas).

    Todavía pasa que los autores pregonen como revelaciones tales o cuales
    episodios contados hace rato por historiadores y periodistas. Hay que
    vender el libro. Lo que no puede tragarse es que un periódico como El
    Nuevo Herald rebaje sus reportajes al repique de las campanas que
    Kornbluh y LeoGrande tocan en su “historia secreta” de las negociaciones
    entre Washington y La Habana.

    Fuera de juego

    Kornbluh se jactó de que los lectores se sorprenderían al descubrir que
    “los cubanos se han comunicado con cada nuevo presidente hacia el
    comienzo de su mandato para explorar si sería posible mejorar las
    relaciones, incluyendo a aquellos de línea dura como Richard Nixon y
    Ronald Reagan”.

    En vez de criticar este alarde, la campaña promocional que ha rodeado al
    libro con la mirada complaciente de reporteros y comentaristas de medios
    miamenses y nacionales ha tomado pábulo en la reunión secreta entre el
    Secretario de Estado Alexander Haig y Carlos Rafael Rodríguez,
    vicepresidente del gobierno de Fidel Castro, la cual tuvo lugar en
    Ciudad México el 23 de noviembre de 1981 y que el propio Reagan reveló
    por televisión en CBS News, el 27 de enero de 1982. No hay sorpresa que
    dure una treintena de años.

    Más sorprendente aún resulta este pasaje reporteril: “El gobierno cubano
    ofreció al gobierno de Reagan buscar una solución política al tema de
    las guerrillas en Centroamérica y utilizó al presidente mexicano José
    López Portillo para enviar el mensaje”. La transcripción del encuentro
    Haig-Rodríguez está disponible en el archivo digital del Wilson Center y
    el propio Rodríguez aclara de entrada: When the government of Mexico
    communicated this suggestion to us, we immediately expressed our agreement.

    Esta laguna de investigación no sorprende, porque el mismo pasaje revela
    que no se sabe por quién doblan las campañas: “Las conversaciones
    secretas se mantuvieron incluso (sic) en momentos de gran tensión”.
    Justamente en esos momentos se precisan canales y conversaciones
    secretos por imperativos lógicos e históricos de la Guerra Fría, que
    hacia 1981 desembocaba en su contexto más amenazador desde la Crisis de
    Octubre de 1962.

    Lecciones aleccionadoras

    Amén de pregonar su archivo, Kornbluh tiene marcado interés en sacarle
    lecciones para traerlas por los pelos y sostener así su agenda política,
    centrada en aliviar el embargo con órdenes presidenciales y canjear a
    Alan Gross por los tres espías de la Red Avispa que aún permanecen
    presos. Por cierto, Kornbluh visitó a Gross en la cárcel en el 2011 sin
    norma reglamentaria de la Dirección de Establecimientos Penintenciarios
    del MININT que lo justificara.

    Los reportes periodísticos que por estos días catapultan a Back Channel
    to Cuba como el eslabón perdido entre Washington y La Habana están
    perdiendo la oportunidad de repasar otras lecciones, acaso más
    enjundiosas en su vínculo con las negociaciones secretas entre la Casa
    Blanca y Punto Cero, como la intolerancia de Castro hacia las soluciones
    del diferendo Cuba-EEUU que contradecían la estrategia geopolítica del
    campo socialista o la hipocresía de Washington al predicar apoyo al
    exilio y actuar sobre la base de estrechos intereses, como la retirada
    de las tropas cubanas del África y el cese del respaldo de Castro a los
    independentistas puertorriqueños, para normalizar las relaciones
    bilaterales.

    El repaso de estas y otras lecciones de la “historia secreta” no viene
    bien a la clave que Kornbluh da a la Casa Blanca para avanzar en las
    negociaciones: “Tomar una acción unilateral positiva y luego sugerir a
    funcionarios cubanos qué pasos podrían dar que serían vistos de modo
    favorable por Washington”.

    Tríada estratégica

    El libro de Kornbluh-LeoGrande se presentará este sábado en una
    actividad privada en Miami. Prácticamente los autores saldrán de esta
    presentación para el aeropuerto rumbo a La Habana, pues el próximo lunes
    13 de octubre tienen programado discutirlo en la sede de la UNEAC, junto
    con la segunda edición de otro volumen en el que Elier Ramírez y Esteban
    Morales discurren De la confrontación a los intentos de “normalización”
    (Editorial Ciencias Sociales, 2011, 396 páginas).

    Resulta muy oportuno el acto de la UNEAC, tanto como el libro. El puente
    está tendido, hace tiempo que está tendido, nos dicen los autores. Por
    lo tanto, las preguntas están sobre la mesa: ¿Por qué no negociar
    entonces abiertamente lo que lleva discutiéndose tras el telón por los
    últimos 55 años? ¿ Por qué no aprovechar este rapport inveterado para
    acabar de soltar a los tres espías, liberar a Gross y allanar el camino
    para pasar del estrechón de manos de siete segundos entre Obama y Raúl
    Castro en Sudáfrica al abrazo en la Cumbre de las Américas de Panamá,
    sin prisa pero sin pausa, en abril del 2015? ¿O es que tendremos que
    esperar mucho aún para “la hora final de Castro”?

    Back Channel to Cuba se lanzó el primero de octubre en Nueva York.
    Kornbluh largó una conferencia de prensa en el Hotel Pierre, donde según
    su archivo se llevó a cabo -hacia julio de 1975- la “primera reunión
    oficial secreta” con ánimo de normalizar las relaciones.

    Kornbluh tañó la campaña de que el 25 de febrero de 1976, al filo de la
    incursión de las tropas cubanas en Angola, el Secretario de Estado Henry
    Kissinger comentó al Presidente Gerald Ford: “Tendremos que aplastar a
    Castro [aunque] probablemente no podremos hacerlo antes de las
    elecciones”. La cosa seguiría con “quebrar a los cubanos [y]
    humillarlos” para desembocar en planes de contingencia que incluían
    desde bombardear hasta invadir.

    Desde La Habana, el coronel (retirado) Néstor García Iturbe, ex
    spymaster en la misión cubana ante la ONU, agarró enseguida el badajo
    para resonar con que “no teníamos idea de que Kissinger estaba
    proponiéndole [a Ford] que arrasara con la Isla”. Y como todo se
    aplazaba para después de las elecciones de noviembre, García Iturbe
    empalmó a Kissinger con Orlando Bosch y Luis Posada Carriles:
    “Washington optó por utilizar a terroristas subcontratados por la CIA
    para tratar de humillar a la Isla”.

    En vez de bombardeos, bombazos, aunque Kornbluh no haya extraído aún de
    su archivo un solo documento que justifique la tesis de Castro sobre la
    voladura del avión cubano en Barbados: “Detrás de estos hechos, está la
    CIA.”

    El peso de la historia

    García Iturbe no sabría qué conversaban Kissinger y Ford, pero sí tenía
    que saber que, como consecuencia de la intervención de Cuba en la guerra
    civil de Angola, Washington elaboraría duros planes de contigencia. Esto
    era sabido en La Habana y Moscú desde que el compañero que atendía a
    Agostino Neto por la KGB, Oleg Nazhestkin, voló de Brazaville a Luanda
    el 2 de noviembre de 1975 con el mensaje de que la Unión Soviética
    reconocería y apoyaría al gobierno del MPLA.

    Kissinger bravuconeaba, porque su propio subecretario para Asuntos
    Africanos, Nathaniel Davis, había renunciado ya por discrepar con la
    operación encubierta de la CIA para respaldar al FNLA y UNITA contra
    MPLA. El 13 de diciembre de 1975, The New York Times humilló a la CIA
    poniendo al desnudo esta operación [codificada IA Feature]. El 27 de
    enero de 1976, el Congreso aplastó a la Casa Blanca con la Enmienda
    Clark, que prohibió el apoyo militar o paramilitar a las facciones
    angolanas beligerantes y pasó a la historia como la primera vez que un
    presidente de EE. UU. se vio forzado a cancelar una operación encubierta
    en el exterior con la cual se había comprometido personalmente.

    Se agradece a Kornbluh-LeoGrande documentar más de medio siglo de
    conversaciones entre Washington y La Habana, incluso con notas inéditas,
    pero sorprende que el periodismo a la zaga siga inventando noticias y
    espetando titulares para captar la atención sobre la base del asombro
    que puede esperarse ya solo entre lectores tan despistados como, por
    ejemplo, el embajador suizo Peter Burkhard.

    Al presentar sus cartas credenciales al vice Juan Almeida hacia febrero
    del 2009, Burkhard declaró “su mejor voluntad de servir de canal para
    que Cuba y EE. UU. se comunicaran mejor”. Almeida simplemente repuso: We
    already have a channel.

    Source: Desapolillando archivos: los canales secretos Cuba-EEUU y la
    política de la fanfarria | Café Fuerte –
    http://cafefuerte.com/cuba/18616-desapolillando-archivos-los-canales-secretos-cuba-eeuu-y-la-politica-de-la-fanfarria/