Alan Gross: Castro's prisoner
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    El pusilánime Mr. Gross

    Publicado el miércoles, 04.09.14

    VICENTE ECHERRI: El pusilánime Mr. Gross

    Cuenta Polibio en su Historia General que, luego de la batalla de Cannas
    (216 A.C.), acción en la cual 70,000 romanos quedaron muertos en el
    campo, Aníbal –el general cartaginense que acababa de obtener una
    memorable victoria– le propuso al Senado romano que rescatara, a un
    precio casi simbólico, los 10,000 soldados que habían sobrevivido a la
    matanza y que ahora eran sus prisioneros. Parecería lógico y humano que
    un gobierno quisiera rescatar el remanente de una tropa que, por otra
    parte, había combatido con bravura. Sin embargo, y pese a que Roma se
    encontraba en el momento más difícil de su historia, el Senado rehusó
    rescatar a esos soldados y los abandonó a merced de sus captores, lo
    cual sólo podía significar para ellos la ejecución o el mercado de
    esclavos. La razón para ese abandono era de índole estratégica y moral:
    el Estado no estaba dispuesto a aceptar el chantaje de sus enemigos y,
    al mismo tiempo, quería advertirles a sus hombres que, en esa guerra que
    libraban, no había más que dos opciones: la victoria o la muerte.

    Me he acordado de esta anécdota de Polibio por el chantaje que el
    régimen cubano quiere hacerle a Estados Unidos, una vez más, valiéndose
    del pusilánime de Alan Gross, quien –desde Cuba, donde cumple prisión
    por unos cargos arbitrarios y fabricados– no cesa de pedirle al gobierno
    de Obama, con una vehemencia que da pena, que haga cualquier cosa por
    obtener su libertad. Ahora resulta que se ha declarado en huelga de
    hambre, tal vez aconsejado por sus propios carceleros, y los portavoces
    del castrismo se valen de la situación para ofrecerles a las autoridades
    estadounidenses un canje de presos: Gross a cambio de sus tres agentes
    que cumplen altísimas sanciones en este país por espionaje.

    Sería muy lamentable que el gobierno de Estados Unidos cayera en esta
    trampa en la que Gross siempre ha sido el cebo o que, motivado por un
    elemental sentimiento de piedad, sucumbiera a los ruegos del preso o a
    los lamentos y denuncias de su familia, que ha montado desde hace tiempo
    una campaña de amenazas y lloriqueos. Sería bueno que las autoridades de
    este país repitieran lo que ya antes han dicho: que el caso de los
    espías cubanos –debidamente investigados, procesados y sentenciados– no
    es equiparable con el secuestro de un hombre que fue a llevar equipos
    electrónicos a la comunidad judía en Cuba, y que fue juzgado por el
    obediente y parcial tribunal de un régimen ilegítimo, con el fin último,
    además, de este chantaje que ahora proponen.

    Es penoso que el Sr. Gross esté preso sin motivo en Cuba y lamentable
    que su salud se deteriore o que, incluso, llegue a morir en su prisión;
    pero más tristes, ciertamente, son sus quejas y los reclamos que le hace
    a su gobierno, en los que antepone, en todo momento, su comodidad y
    seguridad personales a la dignidad de su patria, a la que no le
    avergüenza pedirle que ceda ante las injustificadas demandas de los
    castristas, así como no parece ofenderle que lo igualen –en este posible
    canje– con unos delincuentes convictos.

    Si el Sr. Gross tuviera un poco de valor –el mínimo que hace falta para
    vivir con dignidad– en lugar de prestarse a esta movida del régimen
    cubano, diría clara y firmemente que no querría salir de la cárcel al
    precio de ser canjeado por estos tres miserables espías, enemigos de su
    país; que es preferible la prisión a la deshonra. Y esa postura, de
    paso, forzaría al gobierno de Washington a explorar con más ahínco otras
    avenidas para su excarcelación.

    Por su parte, el presidente Obama, investido con la primera magistratura
    de esta nación, debería ver más lejos a la hora de responder a esta
    oferta que, de aceptarla, vendría a agregar otro fiasco a su ya torpe
    trayectoria. La vida de Alan Gross no está por encima de la dignidad de
    su país ni de sus leyes. Es loable que el gobierno de Estados Unidos
    gestione su libertad, pero no a toda costa. Si la maldad del régimen que
    lo mantiene preso no cede a los argumentos de la justicia y la razón,
    tal vez le toque morir en cautiverio, del mismo modo que murieron en su
    día, casi seguramente, aquellos soldados que el Senado romano se negó a
    rescatar.

    © Echerri 2014

    Source: VICENTE ECHERRI: El pusilánime Mr. Gross – Opinión –
    ElNuevoHerald.com –
    http://www.elnuevoherald.com/2014/04/09/1722221/vicente-echerri-el-pusilanime.html