Alan Gross: Castro's prisoner
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    Castrismo, inteligencia y honestidad

    Castrismo, inteligencia y honestidad
    El peculiar concepto de reciprocidad de los simpatizantes del castrismo
    Eugenio Yáñez, Miami | 20/03/2014 12:14 pm

    Parafraseando una expresión lapidaria, es imposible ser simpatizante del
    castrismo, inteligente y honesto al mismo tiempo.
    La semana pasada académicos, negociantes, pacotilleros y activistas se
    reunieron en Miami para buscar fórmulas y caminos para mejorar las
    relaciones entre Estados Unidos y el gobierno cubano. Día de duro bregar
    exigiendo levantamiento del embargo, libertad de los cinco espías que
    son tres, borrar al régimen de la lista de patrocinadores del
    terrorismo, eliminación de restricciones a ciudadanos americanos para
    viajar a Cuba, y otras exquisiteces de ese corte.
    Tenían derecho a hacerlo; Estados Unidos en un país libre. En Cuba no
    hubieran podido celebrar esa reunión, ni ninguna, con esos mismos temas
    y participantes, si el régimen no los hubiera autorizado. Por suerte
    para ellos, casi todos viven aquí, no allá.
    Lo peculiar del referido evento fue que, para normalizar relaciones
    entre Estados Unidos y Cuba, país que está en transición, según los
    participantes, se plantearon toda una serie de exigencias al gobierno de
    Estados Unidos… y prácticamente ninguna al gobierno cubano. Y cuando se
    preguntó a uno de los organizadores del evento sobre la necesaria
    apertura política en Cuba, liberación de presos políticos, cese de la
    represión, o respeto a los derechos humanos, respondió esotéricamente
    que después que Estados Unidos hiciera lo que debe, no se produciría esa
    apertura por parte del gobierno cubano inmediatamente, sino a través de
    “un proceso”. No especificó cómo sería o cuánto podría durar. Tal vez
    pensaba en “El Proceso”, de Franz Kafka.
    Cuando ya casi se habían apagado los ecos de ese evento sabatino, pues
    temas como ese trascienden tanto tiempo como el clásico merengue en
    puerta de un colegio, aparecieron declaraciones del senador James
    McGovern, demócrata por Massachusetts de visita en Cuba, sin relación
    familiar con el fallecido George McGovern, ex candidato demócrata a la
    presidencia de EEUU en 1972.
    La esencia de las declaraciones del senador se resume en sus palabras en
    La Habana: “No concibo que exista alguna razón en el mundo por la cual
    los Estados Unidos y Cuba no puedan tener relaciones normales”. Por lo
    tanto, el senador agregó que “Sigo instando al presidente Obama a que
    cambie la política” hacia Cuba.
    Cuando se le preguntó sobre posibles acciones que pudiera desarrollar
    Estados Unidos para ese cambio de política, aclaró muy bien las cosas:
    “Pienso que debieran eliminarse las restricciones de viaje, debieran
    comenzar a normalizarse las relaciones comerciales, debiera eliminarse a
    Cuba de la lista de países patrocinadores del terrorismo, porque en
    realidad no hay razón para que figure allí”.
    ¿Suenan conocidas las palabras del senador? ¿Se parecen a las que se
    pronunciaron en el evento en Miami tres días antes? ¿Algo que recuerde
    lo que repiten los sicarios verbales del régimen cuando comentan
    continuamente en estos foros?
    Sin embargo, el senador no se detuvo ahí. También señaló que “es
    importante resolver” la situación de los tres espías de la Red Avispa
    que cumplen condena en Estados Unidos, y la del subcontratista
    estadounidense Alan Gross. El señor Gross, algo que no dijo el senador,
    cumple quince años de cárcel en La Habana por un delito que no es delito
    en ningún lugar del mundo donde funcione un Estado de derecho, lo que
    evidentemente no es el caso de Cuba.
    El senador, que no concibe que pueda existir alguna razón en el mundo
    por la cual Estados Unidos y Cuba no pudieran tener relaciones normales,
    podría haber mencionado también, según su punto de vista, los pasos que
    el gobierno de Cuba podría llevar a cabo para que esas relaciones entre
    ambos gobiernos pudieran normalizarse. Los periodistas en La Habana no
    se lo preguntaron. No se tocó ese tema: o el senador tenía poco tiempo,
    o estaba demasiado interesado en Ernest Hemingway —motivo de su viaje a
    la Isla— o quién sabe por qué otra razón, no hizo mención a pasos que
    podría dar el régimen para mejorar esas relaciones.
    Tanto el político americano como los cubanos reunidos en Miami la semana
    anterior, o los sicarios verbales del régimen, parecen tener pensamiento
    unidireccional, incapaz de concebir un camino de dos vías, donde se va y
    viene, y cada parte de la ecuación exige y ofrece para lograr una
    negociación seria y responsable, no un circo político.
    Podrían pedirle al régimen como mínimo, para no exigir demasiado,
    ratificar y cumplir los pactos de derechos humanos, económicos,
    laborales y sociales que firmó en Naciones Unidas hace varios años,
    extraditar a Estados Unidos a delincuentes comunes americanos que
    reciben refugio en Cuba desde hace muchísimo tiempo, no golpear a
    mujeres y opositores pacíficos porque piensen diferente a la línea del
    gobierno, o permitir libre acceso a Internet y a información real y no
    manipulada sobre la economía nacional y los casos de corrupción.
    Nada de eso atenta contra la seguridad del país, los intereses
    nacionales o la tranquilidad de los cubanos. Al contrario, los haría
    mucho más libres, y por lo tanto, más plenos, como decía Ernesto Guevara
    cuando jugaba a ser teórico del hombre nuevo.
    Sin embargo, nadie espere eso. Es imposible ser simpatizante del
    castrismo, inteligente y honesto al mismo tiempo.
    Los personajes mencionados más arriba son simpatizantes del castrismo.
    ¿Que más son, honestos o inteligentes?

    Source: Castrismo, inteligencia y honestidad – Artículos – Opinión –
    Cuba Encuentro –
    http://www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/castrismo-inteligencia-y-honestidad-317342