Alan Gross: Castro's prisoner
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    El Vaticano y La Habana

    El Vaticano y La Habana
    La Iglesia Católica se ha consolidado como la principal institución no
    gubernamental en Cuba, con sus propias fuentes de financiamiento y redes
    de apoyo internacional.
    Cortesía de Jorge Duany
    febrero 13, 2014

    El secretario de Estado John Kerry se reunió recientemente con su
    homólogo del Vaticano, el arzobispo Pietro Parolin, y solicitó su ayuda
    para liberar al contratista estadounidense Alan Gross de las cárceles
    cubanas. Gross fue sentenciado por crímenes contra el gobierno cubano en
    el 2008.

    Kerry también cuestionó la libertad de culto y el respeto por los
    derechos humanos en Cuba durante su conversación con el arzobispo Parolin.

    Si el Vaticano decide interceder en el caso Gross, aprovechará varios
    años de acercamiento entre la Iglesia Católica y el gobierno cubano.
    Después del colapso de la Unión Soviética en 1991, el régimen de Fidel
    Castro adoptó una postura más tolerante hacia la religión. Por su parte,
    la Iglesia Católica ha insistido en la reconciliación entre todos los
    cubanos.

    Las relaciones entre iglesia y Estado atravesaron por un período
    turbulento después del triunfo de la Revolución Cubana en 1959. Como
    subraya el historiador Javier Figueroa, en esa época la Iglesia Católica
    experimentó una fuerte confrontación ideológica con el gobierno
    revolucionario, cada vez más inclinado hacia el marxismo y el ateísmo.
    La Iglesia resistió el embate de las expropiaciones estatales, el cierre
    de instituciones educativas privadas, la expulsión del personal
    religioso y la hostilidad hacia cualquier profesión de fe, especialmente
    la cristiana.

    Fueron tiempos difíciles para la Iglesia, que logró sobrevivir
    adaptándose a nuevas circunstancias políticas y sociales. Para mediados
    de la década de 1980, el Encuentro Nacional Eclesial Cubano elaboró un
    discurso nacionalista, afirmando el arraigo histórico y popular del
    catolicismo en la isla, así como su papel misionero autónomo del gobierno.

    La crisis económica iniciada en Cuba en 1989, conocida como Período
    Especial en Tiempos de Paz, propició entre otras cosas una reevaluación
    de las prácticas religiosas. En 1990, el Estado cubano permitió que la
    organización católica de asistencia humanitaria, Caritas, operara en la
    isla. Posteriormente, en 1991, el Partido Comunista de Cuba comenzó a
    admitir a creyentes religiosos.

    La Constitución cubana se revisó al año siguiente, proclamando un Estado
    laico, no ateo. En 1997, el gobierno cubano autorizó la celebración de
    las Navidades por primera vez en 30 años. También se reanudaron las
    procesiones religiosas en la isla, especialmente para conmemorar el día
    de la patrona nacional, la Virgen de la Caridad del Cobre.

    La visita del papa Juan Pablo II en el año 1998 revitalizó la Iglesia
    Católica en Cuba. Al llegar a La Habana, el papa declaró: “Que Cuba… se
    abra al mundo y que el mundo se abra a Cuba”. Posteriormente, el papa
    condenó el embargo estadounidense a Cuba. La participación de la Iglesia
    en la vida pública cubana se fortaleció gradualmente, especialmente
    desde que Fidel Castro le traspasó el poder a su hermano Raúl en el 2006.

    En épocas recientes, el gobierno cubano le ha devuelto a la Iglesia
    varios edificios confiscados en los años sesenta, particularmente
    templos, conventos, seminarios y escuelas, para su reparación. La
    Iglesia ha multiplicado sus actividades en Cuba, ofreciendo orientación
    pastoral, servicios sociales, eventos culturales y recreativos y
    adiestramiento en la administración de pequeñas empresas. El número de
    sacerdotes y monjas pasó de poco más de 700 en 1996 a unos 800 en 2012.
    También aumentó el intercambio de personal, recursos e información entre
    parroquias en Cuba y Estados Unidos.

    La Iglesia Católica se ha consolidado como la principal institución no
    gubernamental en Cuba, con sus propias fuentes de financiamiento y redes
    de apoyo internacional. El régimen de Raúl Castro ha reconocido a la
    Iglesia como interlocutor legítimo en temas sensibles como el
    tratamiento de los disidentes y presos políticos.

    Aún queda por verse si el acercamiento entre iglesia y Estado
    desembocará en un diálogo más abierto y pluralista con la ciudadanía y
    la diáspora sobre el futuro de la isla.

    Esta columna la publicamos por cortesía de su autor Jorge Duany.

    Source: El Vaticano y La Habana –
    http://www.martinoticias.com/content/el-vaticano-y-la-habana/32001.html