Alan Gross: Castro's prisoner
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    Hello, ¿tú por aquí, Raúl?

    Publicado el viernes, 12.13.13

    Hello, ¿tú por aquí, Raúl?
    BY MIGUELCOSSIO

    El senador John McCain ha comparado el apretón de manos que el
    presidente Barack Obama ofreció a Raúl Castro con el que se dieron en
    septiembre de 1938, en Munich, el primer ministro británico Neville
    Chamberlain y Adolf Hitler, durante el pacto entre Reino Unido, Francia,
    Italia y el Tercer Reich, que aprobó la ocupación alemana de los
    Sudetes, a espaldas de Checoslovaquia.

    ¿Por qué Obama debería estrechar la mano de quien mantiene presos a
    americanos?, cuestionó McCain, en una obvia referencia a Alan P. Gross.
    “¿Cuál es el punto?”, dijo.

    Más allá de calificar de exageración la analogía planteada por el
    senador o de validar su pertinencia, veamos el hecho en sí, en su
    “estado puro”. ¿Podía Obama evitar el saludo con Castro o Mugabe u otro
    dictador en el contexto del funeral de Nelson Mandela, uno de los
    mayores exponentes mundiales del diálogo entre dos enemigos
    aparentemente irreconciliables?

    ¿Son acaso comparables o mensurables los saludos entre enemigos
    políticos que el mundo ha visto de un siglo para acá? ¿John F. Kennedy y
    Nikita Kruschev (Viena, 1961), Richard Nixon y Mao Zedon (Pekín, 1972),
    Menachem Begin y Anuar el Sadat, con la mediación de Jimmy Carter (Camp
    David, 1978), Ronald Reagan y Mijail Gorbachov (Moscú, 1988), Yitzak
    Rabin y Yasser Arafat, gracias a Bill Clinton (Oslo, 1993), Tony Blair y
    Muamar Gadafi (Sirte, 2007), los astronautas Thomas Stafford y Alexei
    Leonov durante el acoplamiento de las naves Apollo y Soyuz en medio del
    espacio, en 1975? ¿O el estrechón de manos que se extendieron los
    infantes del Ejército estadounidense y los soldados soviéticos sobre el
    río Elba en 1945, a pocos días del fin de la II Guerra Mundial?

    Según la Casa Blanca, el gesto de Obama “no fue planeado”, algo, a mi
    juicio, poco creíble. ¿O acaso el entorno presidencial hizo oídos sordos
    acerca de la posibilidad de un cruce fortuito con Castro, sobre el que
    la prensa venía especulando desde el momento en que Cuba confirmó la
    asistencia del general a los funerales de Mandela? De ser así, habría
    que despedir a unos cuantos en el 1600 Pennsylvania Ave. NW, Washington,
    D. C.

    Imagino que antes del viaje a Johannesburgo la Casa Blanca esbozó una
    estrategia, coherente con la filosofía y modos políticos del presidente.
    Si se da: un saludo breve, cortés, seguido por un discurso impecable,
    cargado de ideas acerca de la libertad y los derechos humanos, un
    mensaje dirigido a los opresores presentes en el Soccer City de Soweto;
    acorde con el contexto y la figura de Mandela: “al día de hoy, hombres y
    mujeres siguen encarcelados por pensamientos políticos… hay demasiados
    líderes que se muestran solidarios con la lucha de Mandela por la
    libertad pero no toleran el disenso en sus propios pueblos”.

    ¿Fue entonces una bofetada de guante blanco o un acto de debilidad
    política? Desde el inicio de su gestión en enero del 2009, Obama dejó
    claro que no deseaba la hostilidad con Cuba. Reestrenó la práctica de la
    apertura en cuanto a viajes y remesas, entre otras medidas, al tiempo
    que preservó los mecanismos clave de presión contra el régimen: el
    embargo, un férreo control sobre los dineros de La Habana dentro de
    Estados Unidos, ayuda a la oposición y la permanencia de Cuba en la
    lista de patrocinadores de terrorismo. La historia dirá si su política
    fue acertada o errada. Por lo pronto desconocemos si el apretón de manos
    llevaba oculto otro mensaje, llámese liberación de Alan Gross u otro
    cualquiera.

    Obama tiene una fe muy particular en su forma de hacer diplomacia. A la
    vista están los ensayos sobre Corea del Norte, Siria, Israel-Palestina,
    Rusia, China, el discurso en la Universidad de El Cairo, en el 2009, o
    la histórica conversación telefónica con Hasan Rohani, que dio pie al
    acuerdo nuclear de seis potencias mundiales con Irán.

    El apretón de manos a Castro no significa en sí una apertura, que
    pudiera llegar. Lo importante es el contexto en que ocurrió: el funeral
    de Mandela, símbolo del diálogo entre contrarios en la lucha contra el
    apartheid; figura principal de la reconciliación y la transición
    democrática sudafricana, algo que no han hecho ni harán por su país
    Fidel y Raúl Castro.

    Director de noticias de SBS.

    Source: “MIGUEL COSSIO: Hello, ¿tú por aquí, Raúl? – Opinión –
    ElNuevoHerald.com” –
    http://www.elnuevoherald.com/2013/12/13/1634797/miguel-cossio-hello-tu-por-aqui.html