Alan Gross: Castro's prisoner
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    Un espía y un contratista

    Un espía y un contratista
    Viernes, Noviembre 8, 2013 | Por Rene Gómez Manzano y Felix Bonné Carcasés

    LA HABANA, Cuba, noviembre, www.cubanet.org -En un trabajo intitulado
    “Nuestra visión sobre el desmonte del sistema cubano”, que los dos
    autores del presente artículo circulamos el pasado 16 de octubre,
    hubimos de expresar nuestra convicción de que, para mejorar sus
    relaciones con los Estados Unidos, el gobierno de Raúl Castro deberá
    excarcelar al contratista Alan Gross, quien permanece en prisión desde
    hace varios años por el mero hecho de facilitar unos equipos de
    comunicación satelital a sus correligionarios.

    En aquella ocasión, explicitamos nuestra opinión acerca de la forma y el
    momento en que podría producirse esa liberación: “Para hacerlo de manera
    que implique el menor costo político posible para ellos, resulta
    razonable suponer que los castristas aprovecharán con ese fin la
    liberación del espía Fernando, que deberá tener lugar a principios de 2014”.

    A continuación, precisábamos la esencia de nuestro planteamiento y el
    orden en que —según nuestro criterio— cabe presumir que tengan lugar los
    acontecimientos: “Es decir, que la excarcelación de Gross se produzca
    poco tiempo después que la del segundo miembro de Los Cinco que recibirá
    ese beneficio”. En principio, estábamos hablando del próximo febrero,
    que es cuando el señor González Llort extinguirá su sanción.

    Los autores de este artículo partimos de una base: Los miembros de la
    llamada Red

    Avispa fueron juzgados por una corte independiente, en un país en el que
    existe un estado de derecho. Un jurado de sus pariguales, tras un juicio
    larguísimo rodeado de todas las garantías procesales, decidió que esos
    cinco compatriotas eran responsables de los delitos imputados. Esto se
    refiere —sobre todo— a su condición de agentes no inscritos de un estado
    extranjero, calidad que reconocen ellos mismos y sus jefes.

    Tras ser declarados culpables, una magistrada de carrera impuso penas
    diversas, en dependencia de la participación que cada uno de ellos había
    tenido en los hechos justiciables. En los casos específicos de René
    González Sehwerert —ya liberado— y de Fernando, las sanciones se
    ajustaron a la menor responsabilidad relativa que uno y otro tuvieron en
    la actividad de la red de espionaje.

    A la luz de esa realidad, nos parece oportuno formular algunas
    preguntas: ¿Resulta imprescindible esperar el transcurso de los próximos
    tres meses para considerar que el agente González Llort ha saldado sus
    cuentas con la justicia estadounidense? ¿Cuál es la diferencia
    sustancial entre que permanezca encarcelado 13 años y 4 meses o que esa
    situación se prolongue “solamente” durante 13 años y 2 meses!

    En ese contexto, ¿no existe la posibilidad de que, en un gesto de buena
    voluntad y por razones humanitarias, se le permita abandonar la prisión
    con alguna antelación a —digamos— las festividades del próximo mes de
    diciembre? Es razonable pensar que, si se actúa así, resulta probable
    que el gobierno de Raúl Castro responda con la liberación de Alan Gross;
    si no lo hiciera, quedaría bastante mal parado ante la opinión pública.

    Debemos aclarar que, cuando pensamos en la caridad y la compasión, las
    personas que acuden en primer lugar a nuestras mentes son el propio
    contratista, víctima inocente de la tensión existente entre Cuba y el
    vecino del Norte, así como sus seres queridos: su anciana mamá, su
    sufrida esposa, su hija seriamente enferma.

    Creemos que el noble propósito de poner fin al calvario que de manera
    arbitraria e injusta está sufriendo esa familia norteamericana,
    justifica por sí solo que se ponga en libertad al espía Fernando con
    alguna antelación a la Navidad y a Jánuca, que es la fiesta que, en su
    calidad de judíos, celebran por esas fechas los Gross y sus
    correligionarios. Esto, a su vez, viabilizaría una medida recíproca de
    Raúl Castro.

    Resulta obvio que la liberación anticipada de González Llort provocará
    la previsible alegría entre sus propios familiares, quienes están
    sufriendo, por su encarcelamiento, el natural dolor derivado de unos
    hechos delictivos en los que su pariente sí participó de manera
    consciente y deliberada, pero en los cuales ellos mismos no tuvieron
    intervención directa.

    Al lanzar esta iniciativa humanitaria, lo hemos hecho con los mejores
    deseos de viabilizar, al menos, un pequeño gesto de distensión entre
    Cuba y los Estados Unidos, lo cual —¡ojalá!— constituya quizás el primer
    paso en la salida de nuestra Patria de la honda crisis en que la ha
    sumido el régimen castrista.

    Source: “Un espía y un contratista | Cubanet” –
    http://www.cubanet.org/articulos/un-espia-y-un-contratista/