Alan Gross: Castro's prisoner
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    Espías, demagogia y cintas amarillas

    Espías, Los Cinco

    Espías, demagogia y cintas amarillas
    Hablar de Los Cinco para no hablar de bajos salarios o derrumbes
    Eugenio Yáñez, Miami | 12/09/2013 9:20 am

    La última pirueta propagandística del régimen y sus jenízaros en el
    extranjero sobre los espías de la Red Avispa condenados en EEUU, que
    presentan como “héroes antiterroristas”, ha sido un llamado a portar
    cintas amarillas para reclamar su liberación.
    Como los cubanos no tienen cintas amarillas -ni de ningún color- el
    gobierno las suministra, porque los reclamos son parte de un enorme
    circo con el que se pretende que se olviden escasez de alimentos, bajos
    salarios, doble moneda, epidemias, falta de viviendas, transporte que no
    aparece, pérdida de valores morales, fraude, corrupción, y golpizas a
    opositores.
    ¿Cómo puede quejarse el régimen de la doble moral de los ciudadanos y de
    que no sean honestos, si miente al llamar a sus espías luchadores
    antiterroristas. Intentar penetrar instalaciones militares como el
    Comando Sur y bases aéreas y navales no es espionaje, sino
    antiterrorismo, solamente en el país de las maravillas de Alicia o en la
    propaganda elaborada en el Macondo tropical de la finca de los hermanos
    Castro, llamada también República de Cuba.
    Por mucho menos que los espías de la Red Avispa, y en ningún caso por
    actividades violentas ni comparables en intención, acción o resultados
    con la de los espías, 75 cubanos fueron encarcelados durante la
    Primavera Negra de 2003, tras juicios sumarísimos sin garantías, que
    duraban pocas horas, donde fueron condenados a penas de hasta 28 años de
    prisión por “delitos” tales como tener un equipo de fax o una cámara
    fotográfica común en su casa. Esa es la justicia del castrismo.
    ¿Qué moral tiene para reclamar la libertad de sus espías capturados,
    confesos y convictos, el gobierno que durante más de medio siglo ha
    encarcelado injustamente a miles y miles de cubanos en las peores
    condiciones penitenciarias? ¿Qué moral para pretender que un país viole
    sus propias leyes por complacer a un gobierno extranjero que siempre se
    ha empeñado en hacer el mayor daño posible a Estados Unidos? ¿Qué moral
    para quejarse de las condiciones carcelarias de sus espías? Si parecen
    estar en hoteles de cinco estrellas cuando se compara con las prisiones
    cubanas donde purgan condenas los prisioneros de conciencia del
    castrismo. El primer espía que cumplía condena, todavía en libertad
    condicional, recibió dos permisos de las autoridades norteamericanas
    para visitar Cuba por asuntos familiares. Nunca La Habana ha concedido
    tal privilegio a nadie.
    La batalla que el régimen pretende ganar en el plano emocional con
    demagogia, o con cansinas reiteraciones sobre supuestas arbitrariedades
    legales, y que siempre encuentran acólitos en el resto del mundo para
    repetirlas y mantener activa la cantaleta, no tiene futuro práctico,
    pero se utiliza para entretener a los cubanos de la Isla y desviar su
    atención de acuciantes problemas que les afectan diariamente, para los
    cuales el gobierno no tiene soluciones.
    Es cuestión de realpolitik. En las relaciones entre países, en todo
    momento y en todas partes, no hay que tener razón -aunque el régimen
    tampoco la tiene en este caso- sino capacidad para lograr resultados.
    Para exigir algo a un país es necesario contar con fuerza suficiente
    para que el otro tenga que ceder, o de lo contrario ofrecerle algo a
    cambio para que conceda lo que se pide. Un quid pro quo, aunque los
    guerreros de la brigada castrista digital que entrarán a comentar no
    sepan el significado de esa frase.
    La Habana ni tiene fuerza para obligar a Washington a complacerle, ni
    ofrece nada atractivo para los objetivos americanos. Intentó negociar
    prisioneros de la Primavera Negra por sus espías, sin resultado. Después
    detuvo y condenó injustamente a quince años de prisión al norteamericano
    Alan P Gross para negociarlo, también sin resultados.
    El régimen no logrará sus caprichos con demagogia, escándalo, canciones
    y cintas amarillas. Lo que gasta en propaganda y demagogia en este tema
    podría destinarlo, por ejemplo, para importar leche en polvo. Porque los
    niños cubanos, aunque cumplan siete años, tienen derecho a tomar leche,
    como los espías presos en Estados Unidos.
    Si de verdad al régimen le interesa negociar a sus espías, por las
    calles de Cuba pasean tranquilamente decenas de delincuentes
    norteamericanos reclamados por la justicia de Estados Unidos, no por
    motivos políticos ni por “antiimperialistas”, sino por hechos de sangre
    y delitos comunes condenables en cualquier lugar del mundo. Podrían ser
    una oferta interesante a negociar con Estados Unidos alrededor del tema
    de los cinco espías, (que ya son cuatro en estos momentos).
    Sin embargo, es difícil que veamos eso. Los espías le convienen más al
    régimen en cárceles de Estados Unidos que en la calle. Y como hay
    condenas largas, el gobierno cubano supone que tendrá asegurada
    propaganda y demagogia por mucho tiempo.
    Aunque, en realidad, no sería de extrañar que la dictadura termine antes
    que los espías cumplan sus condenas. Porque en un caso existen hasta dos
    de cadena perpetua.
    Y por muy optimistas que sean los Castro y su camarilla, no creerán ser
    inmortales.

    Source: “Espías, demagogia y cintas amarillas – Artículos – Cuba – Cuba
    Encuentro” –
    http://www.cubaencuentro.com/cuba/articulos/espias-demagogia-y-cintas-amarillas-302384