Alan Gross: Castro's prisoner
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    La espía que nadie conocía

    Publicado el lunes, 05.06.13

    La espía que nadie conocía
    Frank Calzón

    En temas de seguridad nacional, como en la vida, lo que usted no conoce
    puede causarle daño.

    Tomemos el caso de Ana Montes, una ex analista de la Defense
    Intelligence Agency (Agencia de Inteligencia Militar norteamericana),
    actualmente cumpliendo una sentencia de 25 años de prisión después de
    confesar que espió para La Habana durante 17 años. De acuerdo a un
    artículo reciente del Washington Post, “las agencias militar y de
    inteligencia americanas invirtieron años evaluando los daños y
    consecuencias de los crímenes de Montes”. El año pasado las agencias
    informaron al Congreso que Montes fue “uno de los espías más dañinos en
    la historia de Estados Unidos”.

    ¿Cómo pudo ocurrir? ¿Qué es lo que hizo?

    Ana Montes entregó información altamente secreta al régimen cubano, el
    cual la compartió con algunos de los regímenes más antiamericanos del
    planeta. Montes también reportó a las más altas autoridades del
    Pentágono, desinformándolos retratando a Cuba como un pequeño país,
    incapaz de causar daño a Estados Unidos. Pero de acuerdo con los
    artículos del Washington Post, Montes puede ser responsable de la muerte
    de norteamericanos y de amigos de Estados Unidos en Latinoamérica, cuyos
    nombres ella reveló a los servicios cubanos de espionaje.

    Conocida como “la Reina de Cuba” por sus colegas de la inteligencia
    americana debido a su dedicación y duro trabajo, recibió una medalla del
    gobiernos de Estados Unidos, y una medalla del régimen castrista, que no
    pudo recibir nunca. En un momento dado, después de la publicación de uno
    de sus informes, Fidel Castro dijo que finalmente Estados Unidos sabía
    de lo que hablaba.

    Pero a pesar de haberse infiltrado en los servicios de inteligencia
    estadounidenses, haber escrito evaluaciones de inteligencia que
    presentaba a los hermanos Castro bajo una luz inocente y haber provisto
    a La Habana de secretos clasificados muy importantes, rara vez es
    mencionada por aquellos que analizan la política hacia Cuba o por el
    régimen cubano. Al menos en una ocasión un profesor estadounidense
    especializado en América Latina ha dicho que ella era un espía (¿cómo
    podría alguien negarlo, ella misma lo confesó a cambio de obtener una
    sentencia más leve), pero el mismo profesor señaló que a pesar de
    trabajar para La Habana, su análisis de la situación EEUU-Cuba era correcta.

    La Habana ha gastado millones de dólares en una campaña mundial
    presentando a cinco espías cubanos que cumplen condenas en Estados
    Unidos, como patriotas cubanos que estaban en EEUU para supervisar los
    esfuerzos contra Cuba por parte de los exiliados cubanos. Pero algunos
    de esos espías buscaban trabajo en las bases militares estadounidenses
    lejos de cualquier comunidad cubanoamericana, y no eran cinco, sino más
    de una docena. Uno huyó a Cuba, otros se acogieron a medidas de gracia
    al cooperar con el gobierno norteamericano. La Habana permaneció muda
    ante todas las acusaciones hasta que quedó claro quiénes estaban
    cooperando con el Departamento de Justicia.

    Uno puede encontrar propaganda cubana sobre los cinco en cualquier
    embajada cubana alrededor del mundo, y artículos de apoyo y “comités de
    solidaridad con los cinco” establecidos por los amigos del régimen en
    muchos países. De hecho, Alan Gross, el rehén estadounidense que cumple
    una condena de quince años por entregar un ordenador portátil a una
    pequeña comunidad judía de Cuba, permanece en la cárcel, no por algo que
    hizo, sino porque La Habana quiere intercambiarlo por los cinco espías.

    ¿Pero sobre Ana Montes? Nada.

    Parte de la razón por la que muy pocas personas saben acerca de ella es
    que la inteligencia estadounidense estaba recopilando pruebas en su
    contra en el momento del ataque terrorista a las Torres Gemelas.
    Entonces, el FBI tuvo que moverse rápidamente y capturarla por la
    preocupación de que ella pudiera compartir con La Habana detalles sobre
    la investigación de aquel ataque terrorista.

    En una búsqueda en su apartamento, el FBI encontró papel con códigos de
    transmisión que podían disolverse rápidamente en agua. E instrucciones
    sobre la forma de huir de Estados Unidos si se sentía en peligro. Ella
    tenía que ir a un museo en México, donde la agencia de espionaje cubano
    la ayudaría.

    Graduada de la Universidad Johns Hopkins, al parecer se sintió lo
    suficientemente segura como para viajar disfrazada a Cuba dos veces para
    recibir entrenamiento de espionaje, y aprender otras cosas, como la
    forma de pasar una prueba de detector de mentiras. También llegó a cenar
    de vez en cuando con diplomáticos cubanos en restaurantes de comida
    china en la capital norteamericana. Lo hizo todo por razones
    ideológicas: no recibió nada en pago por sus crímenes. Al parecer
    trabajar para La Habana daba cumplimiento a una necesidad psicológica:
    necesitaba sentirse poderosa.

    Al día de hoy permanece sin arrepentirse. Pero ella no podía evadir los
    impulsos de la naturaleza. Relató a los investigadores que se enamoró y
    así lo hizo saber a sus enlaces cubanos. Quería dejar de espiar, seguir
    adelante con su vida, casarse, tener hijos y continuar como si nunca
    hubiera sido un espía.

    Para su sorpresa, los cubanos le dijeron “de aquí no se sale tan
    rápido”. No fueron complacientes. No le dieron ninguna opción. La espía
    que quería casarse y convertirse en madre y ama de casa, continuó
    espiando y traicionando a su país.

    Director ejecutivo del Centro para Cuba Libre, radicado en Washington.

    http://www.elnuevoherald.com/2013/05/06/v-fullstory/1470677/frank-calzon-la-espia-que-nadie.html