Alan Gross: Castro's prisoner
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    Edipo en La Habana

    Publicado el jueves, 05.16.13

    Edipo en La Habana
    José Azel

    Cuando Edipo, el héroe trágico de la mitología griega, se dio cuenta en
    su angustia y vergüenza de la calamidad que había llevado a su ciudad,
    no soportó ver los resultados de su arrogancia. Abrumado por su
    conciencia, se sacó sus propios ojos, y se fue al exilio. En Cuba los
    Castro, desinteresados en cambiar el rumbo, simplemente rescriben la
    historia de su fracaso y buscan reinventarse a sí mismos.

    Por cualquier medida socioeconómica objetiva, la Cuba pre-Castro era un
    país relativamente avanzado. En los años cincuenta el índice de
    mortalidad infantil en Cuba era el mejor de América Latina y el
    decimotercero más bajo en el mundo. Cuba clasificaba tercera en la
    región en consumo de alimentos per cápita, cuarta en alfabetización, y
    primera en aparatos de televisión per cápita. En la Cuba pre-Castro
    había 58 periódicos diarios de diferentes tonalidades políticas, y era
    octava en el mundo por el número de estaciones de radio. En 1957, con
    128 médicos por 100,000 habitantes, Cuba clasificaba tercera en América
    Latina y aventajaba a Reino Unido y Finlandia. En 1957 el salario
    promedio en Cuba era superior al de Bélgica, Dinamarca, Francia o Alemania.

    Después de 53 años de la alquimia regresiva que es la planificación
    centralizada, Cuba ha sido transformada de uno de los países más
    prósperos del hemisferio en uno de los más pobres. La Cuba de los Castro
    es un país anestesiado por el miedo y sumergido en una cultura de
    pobreza, con ingresos personales anuales promedio por debajo de $250.

    Por otra parte, de acuerdo al último reporte “Libertad en el Mundo”, de
    Freedom House, Cuba continúa siendo el único país de América considerado
    “No libre”, con calificaciones en lo peor de lo peor en las categorías
    de derechos políticos y libertades civiles. De los 47 países del mundo
    señalados como “No libres”, solamente 9 tienen calificaciones
    ligeramente peores que Cuba: Corea del Norte, Turkmenistán, Uzbekistán,
    Sudán, Guinea Ecuatorial, Eritrea, Arabia Saudita, Siria y Somalia.

    Peor aún, los arquitectos de esta tragedia no son desacreditados, sino
    honrados, como lo fue Raúl Castro recientemente en Chile, donde fue
    declarado presidente de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y
    Caribeños (CELAC).

    Dado el miserable fracaso del modelo socioeconómico cubano, el
    servilismo de los líderes latinoamericanos hacia el liderazgo cubano
    solamente puede explicarse como una forma petulante de antiamericanismo.
    No se trata de que la revolución cubana haya logrado mucho por el pueblo
    cubano; no lo ha hecho. Es que los Castro han confrontado exitosamente
    al Goliat del norte. Esa audacia parece ser lo que los líderes
    latinoamericanos valoran del desastroso experimento cubano.

    Irónicamente, pronto podríamos ser testigos de Estados Unidos
    apuntalando al régimen cubano, siguiéndole los pasos a la Unión
    Soviética y Venezuela. Si la muerte de Hugo Chávez resulta en una
    sustancial reducción de la ayuda de Venezuela a Cuba, los Castro podrían
    decidir jugar su carta de Alan Gross y liberar al americano prisionero.
    La administración norteamericana podría entonces sentirse obligada a
    reciprocar de alguna manera.

    Para Cuba el gran premio sería que se aliviara la prohibición de viajes,
    permitiendo a más turistas americanos visitar Cuba. La industria del
    turismo en Cuba es controlada por las fuerzas armadas, así que el dinero
    de los turistas americanos fluiría fundamentalmente hacia el régimen,
    con solamente un goteo para el pueblo cubano. Los centros turísticos
    cubanos están en áreas aisladas, y los turistas americanos, la mayoría
    hablando solamente inglés, tendrían solamente restringidos contactos con
    el pueblo cubano.

    Con turistas americanos visitando la Isla, los cubanoamericanos podrían
    descubrir que el gobierno de Castro establecería limitaciones a sus
    viajes. Para los Castro los cubanoamericanos –capaces de comunicarse con
    familiares y amigos y salir de las áreas aisladas para turistas– son más
    subversivos y desafiantes. ¿Para qué preocuparse con visitantes
    cubanoamericanos si usted puede tener la playa de Varadero enfocada a
    turistas americanos buscando el folklore y tomando mojitos?

    En Edipo en Colono, la segunda obra de la trilogía de Sófocles, el rey
    exiliado muere maldiciendo a sus hijos para que se maten unos a otros en
    combate, y se dice que su tumba se convirtió en sagrada para los dioses.
    Los Castro han condenado a los hermanos cubanos a cada lado del Estrecho
    de la Florida a combatir unos con otros, pero cuando se conozca la
    verdadera historia de la tragedia cubana, nadie considerará sagradas las
    tumbas de los Castro. La historia no los absolverá.

    jazel@miami.edu

    http://www.elnuevoherald.com/2013/05/16/1478031/jose-azel-edipo-en-la-habana.html