Alan Gross: Castro's prisoner
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    Antes de Carromero y después de Carromero

    Muerte de Oswaldo Payá

    Antes de Carromero y después de Carromero
    Orlando Luis Pardo
    La Habana 04-10-2012 - 10:52 am.

    El político español es una pieza clave en este vodevil contra todos y
    para el mal de todos.

    Todo lo que diga será usado en su contra. Su biografía misma lo acusa:
    correcaminos con decenas de multas, medio enredado en cuestiones de
    Hacienda, twittero a favor de los recortes del gobierno español mientras
    baila una sevillana etanólica. Ángel Carromero, para colmo miembro de un
    partido que en Cuba se considera fascista (a imitación del comandante
    Hugo Chávez), tendrá sus 15 minutos de infamia este primer viernes de
    octubre, cuando se le condene en una vista oral obligatoriamente breve
    (según el dictado de nuestro Canciller), donde ningún cubano le reclama
    absolutamente nada a este ibero.

    No para de lloviznar por estos días en La Habana. Después del diluvio de
    más de cien mil horas con Fidel, el Estado socialista se empantana en su
    transición hacia un capitalismito chinesco, donde lo único que no encaja
    bien son los derechos del pueblo cubano, así en la Isla como en el
    Exilio. Y Ángel Carromero será una pieza clave en este vodevil
    inverosímil contra todos y para el mal de todos. Aunque el pizpireto
    prisionero del PP ni se lo imagine en su cadalso de comunistas cubanos.

    Sólo un extranjero "enemigo" y en plena "actividad subversiva" dentro de
    la Isla, podía ser suficiente coartada para la muerte violenta de
    Oswaldo Payá Sardiñas. Una muerte que durante años le fue anunciada por
    personal paramilitar, incluso delante de su propia familia (y de
    extranjeros, para que difundieran sin tapujos el terror de semejante
    castigo ejemplar). Bien, pues, promesa cumplida. Hay cosas con las que
    en el castrismo no se juega. Cosas sobre las que el castrismo nunca
    mintió. Los que no tengan genes revolucionarios para asimilar esta
    siniestra sinceridad, no los queremos, no los necesitamos…

    Aquel fatídico domingo 22 de julio, horas más tarde del impacto y de un
    sms en sueco tecleado en caliente tras el acoso, en un hospital de
    provincias y sin evidencias de terapia intensiva de urgencia, moriría
    también el otro pilar del Movimiento Cristiano Liberación, Harold Cepero
    Escalante, que sobrevivió consciente al choque pero a nadie se le
    ocurrió tomarle una declaración (ni se le permitió dársela a su familia
    antes de fallecer). Menos aún sabemos del testimonio de ambulancieros,
    forenses, doctores, y el personal de seguridad que en minutos tomó ese
    tramo de carretera y la ciudad de Bayamo (¿quién les avisó que en el
    carnet del occiso instantáneo se leía: Oswaldo Payá Sardiñas, putativo
    presidente en el post-castrismo?). Sólo unos campesinos a medio
    alfabetizar declararon con precisión en la TVC que el auto de la muerte
    iba a más de 100 km/h de velocidad: "una tapa de lata…"

    Esa madrugada, según Oswaldo Payá Sardiñas abandonaba su hogar sin
    despedirse de su esposa Ofelia Acevedo Maura, la cuenta apócrifa de
    Twitter @Yohandry8787 ya delataba en tiempo real su viaje al interior
    del país, tergiversando que se trataba de una excursión a la playa de
    Varadero. En efecto, casi una década atrás, en el oficialista libro Los
    disidentes, podemos disfrutar de unas fotos violatorias de la intimidad
    vacacionista de la familia Payá-Acevedo. Allí, una adolescente de 14
    años parece mirar a un futuro vacuo mientras su padre se zambulle y
    desaparece en la grisura del mar. Era Rosa María. Es Rosa María,
    devenida hoy de súbito una nueva líder del Movimiento Cristiano
    Liberación, principal voz moral incriminante de toda la violencia de
    Estado que acorraló a su ciudadano padre desde que ella nació. Rosa
    María Payá Acevedo, acusada antes de abrir la boca de reunirse al borde
    del mar con falsos turistas extranjeros para, por un puñado de euros,
    fundar la rama juvenil del MLC.

    Ninguno de los seres queridos de Oswaldo Payá Sardiñas ni de Harold
    Cepero Escalante está acusando al ángel exterminador de las Nuevas
    Generaciones del Partido Popular. La empresa estatal propietaria del
    Hyundai Accent de matrícula T31402 no ha reclamado en público
    indemnización por uno sólo de los tornillos de su vehículo. Tampoco
    ninguna cooperativa arrocera o forestal se ha pronunciado en defensa de
    los sembradíos apachurrados o las cicatrices del arbolito homicida. Se
    trata entonces de un caso de oficio donde legalmente no hay afectados,
    excepto la inocencia gubernamental.

    Después del videoclip presentado a la prensa, donde el joven político
    español pide al mundo que no politice su caso (lo filma la policía
    política, pero eso es un detalle circunstancial), ya sabemos que el peor
    enemigo de Ángel Carromero no será el Estado cubano, sino el propio
    pánico dopado de Ángel Carromero. A la diestra de su volante, como un
    personaje perverso de Perrault o los hermanos Grimm, un democristiano
    sueco roncaba la pesadilla de los justos bajo el mediodía de un
    pavimento en reparaciones y un frenazo a tope de velocidad. Según su
    testimonio ya con "suelo europeo bajo sus pies", y a pesar de su onírica
    inocencia, Jens Aron Modig igual fue preso e incomunicado en una
    habitación sin ventanas, donde sus interrogadores lo ofendieron con
    impunidad, hasta coaccionarlo a declarar en cámara contra sí.

    Desde Kafka es sabido que la justicia en los sistemas totalitarios nunca
    se interesa por la Verdad, ese prejuicio burgués de los evangelios.
    Mucho menos por la Vida, esa estadística estrafalaria. El cadáver
    parlante de Ángel Carromero, como el del norteamericano Alan Gross, y el
    de incontables cubanos que han pasado por esa experiencia, declarará
    como un ventrílocuo que aún conserva cierta esperanza de ponerse a
    salvo. Se llama instinto de conservación y es un síntoma de la
    mediocridad en que patalea la vieja Europa del siglo XXI. En situaciones
    límites, la democracia sólo sirve para uno mismo. El cristianismo
    occidental queda entonces sin prójimos. Ángel Carromero quiere ser Ángel
    Carromero, aunque sea hundido en un campo de concentración o humillado
    en el camposanto donde dos seres humanos fueron zambullidos y
    desaparecieron en la grisura del Mal.

    No para de lloviznar por estos días en una Habana después de Castro y
    antes de Carromero. Cuando este viernes 5 se verifique por fin lo que
    todos sabemos y no sabemos cómo pronunciar, habrá comenzado una nueva
    era cubana en la historia de la Revolución. Estaremos todos más solos,
    más desolados, más expuestos al lente paparazi que pornográficamente
    expuso a su familia y luego expiró a Oswaldo Payá Sardiñas.

    Como en los buenos tiempos fundacionales de una guerra cínica más que
    cívica, habrá que ir haciendo silencio para sobrevivir bajo este obsceno
    aguacero. El exilio libre quedará a millones de euros más distante que
    ahora. Los activistas de la solidaridad internacional pro-derechos
    humanos preferirán manejar en cualquier otra esquina del mundo. Los
    garabatos chinos y el chillido de ese lenguaje colectivista tendrán un
    poquito más de sentido ante nuestra sensiblería individualista. La
    etimología sin ética del vocablo "desaparecidos" sufrirá una atroz
    actualización. En una salita con aire acondicionado del Oriente de Cuba,
    el año cero de la cosmogonía Carromero está a punto de comenzar. Alabado
    sea.

    http://www.diariodecuba.com/derechos-humanos/13329-antes-de-carromero-y-despues-de-carromero