Alan Gross: Castro's prisoner
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    Alan, Angel y Arón

    Publicado el jueves, 10.04.12

    Alan, Angel y Arón
    Ileana Fuentes

    Una sencilla canción norteamericana de 1968 nos recuerda a tres grandes
    adalides de los derechos civiles, la paz internacional y la convivencia
    planetaria.

    Como lo fueron en su época Abraham, Martin y John, aunque de forma
    diferente –Lincoln, King y Kennedy asesinados, los de hoy emboscados o
    encarcelados– Alan Gross, Angel Carromero y Jens Arón Modig son bajas en
    la lucha por un mundo mejor… en este caso, una Cuba mejor.

    Alan Gross lleva preso en el paraíso transformista –nunca reformista– de
    los Castro desde diciembre del 2009. El fallo de culpabilidad por violar
    la soberanía nacional de Cuba, indica que a Gross le siguieron los pasos
    durante más de cinco años. Entró y salió de la isla muchas veces en lo
    que para él eran –y para el mundo libre, eran– encomiables visitas
    humanitarias.

    No así para las autoridades cubanas. Alan Gross fue acusado de poner en
    peligro la seguridad nacional, de ser agente del imperialismo enemigo,
    de proveerle a opositores, disidentes y ciudadanos desafectos la
    prohibida tecnología de comunicaciones que abriera las compuertas de la
    Internet y las redes sociales en la cárcel de Raúl y de Fidel. A los
    efectos de La Habana: subversión digital.

    Lo triste es que Gross cayó en una especie de agujero negro propiciado
    por un cándido optimismo burocrático en Washington que insiste en lidiar
    con los servicios de inteligencia, espionaje y seguridad de Cuba cual si
    ésta fuera una república bananera. Ramiro Valdés, José Abrahantes,
    Manuel Piñeiro no fueron jamás militares de opereta. Con ellos, Cuba
    alcanzó el pináculo de los servicios secretos internacionales, a la par
    de la KGB soviética, la Statni checa y la Stasi alemana. En Washington
    se habla de la "primavera árabe" como modelo transformable en "primavera
    cubana" que conduzca a la isla hacia la democracia. Piensan liquidar el
    castrismo mediante Twitter, e-mails y Facebook. Hasta Yoani Sánchez, la
    premiada bloguera independiente, afirma que están locos de remate.

    El pasado mes de julio, un joven sueco y otro español emprendieron un
    camino parecido, con confianza vikinga el primero, el segundo cual
    peregrino a Santiago. Se equivocaron de mapa: no iban a Groenlandia ni
    Compostela, sino a Santiago de Cuba. Con la misma credulidad que Alan
    Gross, partieron en misión imposible a fomentar derechos y libertades en
    la finca del Comandante. Nadie les repasó las leyes cubanas para
    entender en qué tipo de suicidio se estaban lanzando. Cierto: hay que
    penetrar las grietas de las murallas. Pero con civiles idealistas y
    novatos no me parece honesto ni práctico. Honesto y práctico es enviar
    la 5ta Flota y la 82da División Aerotransportada, entrenadas para
    penetraciones eficientes y rápidas.

    En el camino del Santiago tropical, Angel y Arón se llevaron a otros dos
    buenos hombres: Oswaldo Payá Sardiñas y Harold Cepero, cabeza y
    colaborador respectivamente del Proyecto Varela del Movimiento Cristiano
    Liberación. ¿Por dónde andaba Cristo a la hora de proteger a estos
    cuatro cristianos? El accidente ya es historia y no hay que volver a
    contarlo. Lo que sí hay que contar es lo que se avecina en este
    juicio-de-tres-pistas iniciado hoy contra el infeliz chivo expiatorio
    español. Angel Carromero es culpable desde que pisó suelo cubano. Su
    juicio es sólo un formalismo.

    Al sueco lo hicieron más sueco, con su amnesia selectiva: "Recuperé el
    sentido luego del choque para acordarme de que no me acordaba de nada".
    Un quid pro quo diabólico y perfecto: el olvido, o la vida. El actual
    totí se llama Angel; antes se llamó Alan. Además de culpable por
    homicidio vehicular, pueden tocarle otros 15 años –la condena de Gross–
    por violar la seguridad nacional y las leyes de Cuba. La Moncloa se
    recondena con esta daga traicionera. Si Madrid se comporta y el discurso
    de la nueva concordia del recién nombrado embajador de la Unión Europea
    a La Habana convence –suavizar la posición común ante las ¿reformas? de
    Raúl Castro– entonces Carromero recibirá un castiguito, y la Madre
    Patria se encargará de ampararlo en su regazo.

    Entre tanto, Alan, el hebreo-americano, se consume en el Hospital
    Militar Carlos J. Finlay, en Marianao. Arón, el vikingo, calla su verdad
    en el Atlántico Norte. Si fuera cubano, gritaría: ¡Asere! ¡Esto es el colmo!

    © Ileana Fuentes

    http://www.elnuevoherald.com/2012/10/04/1315211/ileana-fuentes-alan-angel-y-aron.html