Alan Gross: Castro's prisoner
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    Un acontecimiento de unidad y reconciliación nacional

    Publicado el miércoles, 03.21.12

    Un acontecimiento de unidad y reconciliación nacional
    Oscar Espinosa Chepe

    LA HABANA – Sectores mayoritarios de la sociedad cubana recibirán con
    gran esperanza la visita del papa Benedicto XVI, que se prolongará del
    26 al 28 de marzo. Comenzará en Santiago de Cuba, donde oficiará una
    misa en la Plaza Antonio Maceo el mismo día de su llegada, el 27
    visitará la Basílica Santuario Nacional del Cobre como Peregrino de la
    Caridad, en el Año Jubilar del 400 Aniversario del hallazgo de la virgen
    y el 28 realizará una misa multitudinaria en la Plaza de la Revolución
    José Martí en La Habana.

    Su estancia, con fines pastorales, tendrá adicionalmente un importante
    significado, en tiempos cuando se acrecientan los problemas económicos,
    políticos y sociales, y la población, cada vez, con mayor fuerza, exige
    las transformaciones que con urgencia liberen a la sociedad de las
    ataduras que la ha conducido al "borde del precipicio". Al igual que en
    ocasión del periplo de Juan Pablo II en enero de 1998, será una
    contribución al entendimiento y la reconciliación de todos los cubanos.
    Por ello, no solo involucra a la grey católica nacional, sino a toda la
    población, incluidos los no creyentes, conscientes de que su estancia
    representa un notable aporte a la búsqueda de soluciones a nuestra
    compleja situación.

    Por supuesto, el Santo Padre no podrá contribuir al bienestar nacional
    sin la buena voluntad y la convicción cívica de todos los cubanos de que
    solo nuestra lucha por la democracia y el respeto a los derechos puede
    llevarnos a salir de la crisis. Juan Pablo II nos llamó a ser
    protagonistas de nuestra propia historia y a que Cuba se abriera al
    mundo y el mundo se abriera a Cuba. La visita de Benedicto XVI
    confirmará que esas sabias recomendaciones tienen plena vigencia, por lo
    que puede esperarse que a las dos solemnes misas concurran masivamente
    los cubanos. Unos convocados por la devoción de sus creencias
    religiosas, y todos por el respeto y el reconocimiento a quien nos
    tiende la mano y convoca a la unidad y la concordia en nuestra sufrida
    tierra.

    A las misas, la población asistirá por voluntad propia, solo ante el
    llamado de su devoción y conciencia, y será ocasión para confraternizar
    con muchos compatriotas que llegarán del exterior, en una fiesta de
    unidad nacional propiciada por la Iglesia Católica.

    En este marco, las autoridades cubanas tienen la oportunidad de liberar
    a todos los prisioneros políticos, incluso al contratista norteamericano
    Alan Gross, un serio obstáculo para mejorar las relaciones con Estados
    Unidos; y crear mejores condiciones para la extensa población penal.
    Asimismo debe ser el inicio de una apertura política, junto a la
    económica, y el reconocimiento de que los ciudadanos en un marco
    pacífico, responsable y civilizado tienen derecho a manifestar sus
    criterios con respecto a las políticas oficiales sin temor a ser
    represaliados o calificados falsamente de agentes de una potencia
    extranjera.

    La Iglesia Católica cubana ha estado desempeñando un importante papel
    como puente entre todos los cubanos, aunque algunas personas no lo
    comprendan aún. Sus esfuerzos han abierto pequeños espacios de
    expresión, impensables hace poco tiempo. Su perseverante y discreto
    accionar logró la liberación de los prisioneros del grupo de los 75 y
    otros reos políticos y comunes, en las complicadas condiciones en que
    pudo lograrse. Parejamente ha realizado otras gestiones de indudable
    valor para la sociedad, sin buscar reconocimiento alguno.

    La visita del papa Benedicto XVI será oportunidad también para agradecer
    esas contribuciones, logradas con mucho tacto e inteligencia. Nadie
    puede pretender que una entidad de carácter religioso realice las
    actividades correspondientes a integrantes de la sociedad civil cubana,
    que en armonía y con realismo deben procurar un mayor reconocimiento del
    pueblo. La Iglesia Católica ha dado sobradas pruebas de haber estado
    siempre al lado de la ciudadanía, sin discriminación de ningún tipo. Las
    presiones –hijas de la desesperación causada por tantos años de
    sufrimientos y represión– para que adopte posiciones parcializadas y
    divorciadas de la realidad, lejos de ayudar en el contexto nacional
    actual perjudican en la labor de fortalecimiento del consenso a favor
    del cambio y del decisivo papel de la Iglesia como puente de
    comunicación entre todos los cubanos, comprendidos, por supuesto,
    nuestros compatriotas residentes en el exterior, componentes
    inalienables de nuestra patria.

    Es de esperar que la llegada del Santo Padre, en peregrinación por el
    Año Jubilar de la Virgen de la Caridad del Cobre, no solo sea un hito
    religioso, sino también marque nuestra historia como punto de inflexión
    hacia el entendimiento y la concordia nacional. De todos los cubanos, en
    especial de las autoridades, dependerá que este noble objetivo sea
    alcanzado.

    Economista y periodista independiente cubano.

    http://www.elnuevoherald.com/2012/03/21/1157709/oscar-espinosa-chepe-un-acontecimiento.html