Alan Gross: Castro's prisoner
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    Intercambios culturales y transición democrática

    Opinión

    Intercambios culturales y transición democrática
    Antonio G. Rodiles
    La Habana 06-03-2012 - 9:00 pm.

    ¿Por qué la negativa y el temor del régimen a que los cubanos discutamos
    sobre nuestra realidad?

    El pasado sábado 3 de marzo tuvimos en Estado de SATS un encuentro sobre
    los intercambios académicos y culturales entre Cuba y los Estados
    Unidos. El panel estuvo integrado por el filósofo Alexis Jardines, quien
    participó mediante una video-grabación, los analistas políticos Julio
    Aleaga Pesant, Miriam Celaya, y el jefe adjunto de la Sección de
    Intereses de los Estados Unidos en la Habana, Charles Barclay. Durante
    casi dos horas debatimos sobre esta problemática cargada de múltiples
    vericuetos, generándose un diálogo intenso y respetuoso, que esperamos
    pronto prolifere en nuestro país.

    La reacción de la Seguridad del Estado no se hizo esperar, organizó un
    operativo policial en las calles aledañas para intimidar a los
    participantes que salían, una vez terminado el encuentro, y casi al
    unísono se publicaron varios comentarios en internet cargados de
    mentiras y falaces conclusiones.

    ¿Por qué la negativa y el temor a que los cubanos discutamos sobre
    nuestra realidad y en especial sobre un tema tan importante?

    La respuesta está sin dudas en la propia naturaleza del sistema, en el
    difícil contexto que enfrenta y en la ausencia de recursos para
    maniobrar ante un país totalmente arruinado. Cada día resulta más
    evidente que los cambios cosméticos emprendidos por Raúl Castro poco
    podrán hacer para reanimar una economía que necesita una inyección de
    miles de millones de dólares y revitalizar un partido de gobierno que no
    posee ningún arraigo y legitimidad entre la población. La mortal
    enfermedad de Hugo Chávez, su principal aliado, se convierte en un
    elemento extremadamente inoportuno frente a un impredecible proceso
    electoral, quedando en peligro los más de 100 mil barriles de petróleo
    que se reciben diariamente, sin que se vislumbre ningún posible
    sustituto. Con valores superiores a los 100 dólares por barril, el
    gobierno cubano se encuentra una vez más al borde del abismo. Por otra
    parte las inversiones de otros países, como son los casos de Brasil y
    China, están claramente dirigidas al futuro mejoramiento de las
    relaciones entre la isla y los Estados Unidos, hecho que se mantiene
    totalmente estancado, entre otras cosas, por la negativa de poner en
    libertad al contratista Alan Gross y por la incapacidad de dar pasos
    concretos en la dirección de reformas políticas.

    Este difícil escenario obliga al gobierno cubano a reiniciar una
    ofensiva que logre un relajamiento de las sanciones comerciales
    impuestas por el vecino país, o al menos que flexibilicen las
    restricciones a los viajes de los turistas norteamericanos. Para ello,
    será necesario persuadir a muchos que desconfían de la capacidad del
    gobierno actual de llevar adelante cambios importantes en lo económico y
    lo político. Dentro de esta estrategia de soft power la diplomacia
    académica y cultural juega un papel esencial. En la misma lógica, el
    radio de influencia de los actores políticos, tanto dentro como fuera de
    la isla, que abogan por el tránsito a un sistema democrático, debe ser
    reducido al mínimo. El tiempo apremia y la élite necesita afianzar a
    toda velocidad su corroído poder para lograr trasmutar.

    Personalmente no tengo ninguna duda que nos vamos acercando a ese
    momento de cambios que tanto hemos deseado. Estamos en el preciso
    instante de actuar y reclamar a rostro descubierto nuestro protagonismo
    en un proceso de transición.

    Los intercambios académicos y culturales son de extrema importancia para
    crear todo ese capital humano que ha escapado en estampida de nuestro
    país y permitir el libre flujo de información y conocimiento que
    caracteriza al mundo actual. Pero no pueden convertirse en una
    herramienta para legitimar un gobierno que ha destruido a nuestra
    nación. Estos intercambios culturales pudieran estar llamados a
    convertirse en un ingrediente indispensable de la transición a la
    democracia, pero esto solo ocurrirá si atraviesan a la sociedad civil
    cubana y a la diáspora, ese debe ser el reto fundamental. Sin dudas la
    sociedad civil cubana se encuentra en un período de resurgimiento, lo
    cual nos obliga no solo a ejercer nuestros derechos, sino también a
    hacerlo con el mayor rigor posible.

    El reclamo de la sociedad civil, a jugar el papel que genuinamente le
    corresponde, irrita grandemente al poder, sobre todo si consideramos que
    desde hace 53 años el mismo grupo de individuos ha asumido el monopolio
    absoluto de la palabra, de los rostros, de la lógica y sobre todo, asume
    que el poder de la fuerza le asiste para impedir a cualquier precio que
    los cubanos demanden otra opción de gobierno. Las absurdas acusaciones
    que buscan desprestigiar en lo personal a todo aquel que disienta, el
    uso del cinismo y el engaño como herramientas insustituibles, son
    muestra de una visión primitiva y senil de ese grupo aferrado al pasado,
    aferrado al totalitarismo, negados a aceptar que el tiempo es
    implacable. El máximo representante de esta política ha sido y es Fidel
    Castro, un individuo al que jamás le ha temblado la mano cuando de
    imponerse se trata, aun si para ello necesita aplastar la vida de
    cualquier ser humano (ejemplos sobran). No conozco a los individuos que
    son empleados en estos medios promotores de rabia e histeria, sólo me
    queda invitarlos a que comprendan que Cuba inevitablemente cambiará, es
    solo cuestión de tiempo y de circunstancias que ocurra ese reacomodo tan
    esperado. Les recuerdo que cada ser humano es responsable de sus propias
    acciones, es una realidad que nunca deben olvidar.

    Desde nuestro activismo no tenemos otra opción que seguir trabajando en
    el tránsito a una sociedad democrática, donde nunca más se imponga la
    fuerza de unos pocos sobre los derechos de toda una nación.

    Nota: Acabo de leer sobre la nueva designación de Abel Prieto como
    asesor de Raúl Castro. Los hechos dirán si este movimiento va en
    consonancia o no con la estrategia antes expuesta.

    http://www.diariodecuba.com/opinion/9967-intercambios-culturales-y-transicion-democratica