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    Iglesia Católica en Cuba: ¿un pacto con el Diablo?

    Iglesia Católica en Cuba: ¿un pacto con el Diablo?
    Publicado el Domingo, 04 Marzo 2012 05:47
    Por CafeFuerte

    El Cardenal Jaime Ortega durante la peregrinacion de la Virgen de la
    Caridad del Cobre.En vísperas de la visita del Papa Benedicto XVI a
    Cuba, el papel de la Iglesia Católica en la sociedad cubana actual y sus
    diferencias con el movimiento de oposición política en la isla se han
    convertido en un tema de creciente discusión entre creyentes, analistas,
    personalidades religiosas y ciudadanos de a pie.

    Esta semana la Conferencia de Obispos Católicos emitió un mensaje
    llamando a la reconciliación de todos los cubanos y la revista Palabra
    Nueva adviritió sobre el eventual surgimiento de presiones que puedan
    poner en peligro el fluido diálogo que la Iglesia mantiene con el
    gobierno cubano desde mayo del 2010. Paralamente, una carta pública al
    Papa, firmada por 750 disidentes y activistas de derechos humanos, le
    advirió al pontífice que su visita enviará un mensaje equivocado para
    que los represores puedan seguir actuando impunemente en el país.

    El siguiente artículo publicado por la revista Foreign Affairs pone en
    perspectiva lla visita de Benedicto XVI en un recorrido por el pasado de
    sobrevivencia de la Iglesia en la isla y un futuro de interrogantes no
    menos inquietantes. El articulista es un profundo conocedor del tema,
    corresponsal internacional de National Catholic Register y autor de
    Pradarea Romaniei.

    Con este texto, CaféFuerte comienza la publicación de una serie de
    artículos y materiales periodísticos sobre la inminente visiita del Papa
    a Cuba. Agradecemos la cortesía de FP.

    ¿CÓMO LA IGLESIA CATOLICA SE ESTÁ PREPARANDO PARA UNA CUBA DESPUÉS DE
    CASTRO?

    Por Victor Gaetán

    Cuando el Papa Benedicto XVI visite a Cuba el próximo mes, será para
    reforzar una vez más la estrategia del Vaticano que le ha permitido a la
    Iglesia Católica local ejercer allí por más de más de tres décadas:
    evitar diligentemente cualquier confrontación política con el régimen de
    Castro, colaborar con La Habana en la lucha contra el embargo de Estados
    Unidos y apoyar las crecientes reformas económicas del gobierno cubano.
    A cambio, la Iglesia ha sido capaz de mantener un cierto grado de
    autonomía en la isla, permitiéndole la reconstrucción de su presencia y
    posicionamiento para una eventual bonanza económica en un futuro post
    Castro.

    Es un equilibrio controversial. Los cubanos en el exilio critican con
    fuerza a la Iglesia, porque creen que los líderes católicos de la isla
    deben desafiar a la dictadura. Sin embargo, el Vaticano mira mucho más
    allá. En vez de impulsar abiertamente el cambio, la Iglesia ha llegado a
    aplicar una estrategia de "reconciliación". Se ha insertado a sí misma
    como mediadora entre el régimen y sus más audaces opositores, tanto a
    los encarcelados o los que están en las calles. La Iglesia está presente
    y persistente, pero no toma una postura partidista. La actitud se
    remonta a la ostpolitik, practicada durante la Guerra Fría -en la
    mayoria de los países comunistas, especialmente en aquellos donde los
    católicos eran una población minoritaria, el clero bajo la cabeza para
    atender a sus fieles y sobrevivió. Hoy en día, en países que van en un
    rango desde Albania a Montenegro, desde Rumania a Ucrania, las
    comunidades católicas están prosperando.

    Raul Castro junto al obispo Dionisio Garcia y el Cardenal Jaime Ortega
    en mayo del 2010.La Iglesia tiene un pasado histórico en la isla.
    Pensemos de nuevo en la histórica visita del Papa Juan Pablo II a Cuba
    en 1998. La ocasión marcó un hito -era la primera vez que un Papa ponía
    los pies en la isla- pero la historia subyacente fue trágica: tras tomar
    el poder, Fidel Castro encarceló, asesinó o exilió a 3,500 sacerdotes y
    monjas católicos. Su régimen confiscó seminarios y nacionalizó todas las
    propiedades católicas. El primer Cardenal cubano, Manuel Arteaga y
    Betancourt, se refugió en la embajada argentina. De 1959 a 1992, Cuba
    fue oficialmente un estado ateo.

    Luego, con el desmembramiento de la Unión Soviética, Castro perdió sus
    enormes subsidios de Moscú. Ante el aislamiento y la casi inanición,
    decidió acudir a Juan Pablo II, visitándolo en el Vaticano en 1996 e
    invitándolo a Cuba. Con la apertura a la Iglesia, Castro esperaba
    obtener reconocimiento y oportunidades de comercio. El Papa obtuvo
    aprobación para construir un nuevo seminario y, además de ofrecer misas
    en cuatro ciudades, declaró: "Puede Cuba, con todo su magnífico
    potencial, abrirse al mundo, y el mundo abrirse a Cuba".

    En los años posteriores, la Iglesia Católica en Cuba ha vivido una
    resurrección. Prácticamente se ha duplicado el número de sacerdotes y
    monjas en el país, la mayoría de ellos se mueve en el extranjero. Hoy en
    día, La Habana regularmente otorga los permisos de la Iglesia y
    racionado permite la compra de materiales de construcción para reparar
    las iglesias. La Iglesia ofrece servicios de uso diario tales como
    guarderías y cuidado de los ancianos. Enseña habilidades de la religión
    y el ordenador, las películas extranjeras y las pantallas para los
    grupos de adolescentes. El tiempo que la Iglesia restringe excellant
    Actividades excellant a la propiedad, se pone el reinado relativamente
    libre. La Iglesia abrió un nuevo seminario pocos kilómetros al sur de La
    Habana en noviembre de 2010, la primera iglesia construida desde la
    revolución. Junto a la numerosa delegación estadounidense y católico, el
    presidente Raúl Castro asistió a la inauguración.

    Benedicto XVI peregrina a Santiago

    El próximo mes, el Papa Benedicto XVI hará la peregrinación a Santiago
    de Cuba, en el extremo oriental de la isla, para visitar el santuario de
    la Virgen de la Caridad, patrona de Cuba. Benedicto XVI pretende poner
    de manifiesto la larga historia que une la Iglesia con Cuba, así como su
    acercamiento actual: Raúl Castro dará la bienvenida al Pontífice en
    Santiago, y luego reunirse con hin después en La Habana. El Papa
    celebrará dos misas al aire libre, en Santiago y La Habana, ambas en
    "plazas de lA Revolución". Sec espera la asistencia de cientos de miles
    de fieles.

    En muchos sentidos, esta peregrinación es una continuación de la visita
    de Juan Pablo II: una reafirmación de amor de la Iglesia de Cuba y un
    gesto destinado a bendecir su futuro en la isla. Eso podría parecer
    inútil para los analistas seculares, pero es la esencia de una visita
    "pastoral": El líder llega a animar a la población cansada. Para Fidel y
    Raúl Castro, de 85 años y 81, respectivamente, es el final de la edad
    biológica, y los hermanos, formados por los jesuitas, parecen estar
    adoptando su identidad natal a pesar pesar de las críticas lanzadas
    durante la revolución. Washington y la comunidad cubana en el exilio
    están atentos para ver si el Papa se reunirá con figuras de la
    oposición, aunque los líderes de la Iglesia local tienen fama de tener
    una actitud fría hacia ellos.

    Orquestando la visita está el cardenal Jaime Ortega y Alamino, el
    arzobispo habanero de 75 años. Nombrado obispo por Juan Pablo II en
    1978, arzobispo en 1981 y luego como el segundo cardenal en la historia
    de Cuba, en 1994, la vida de Ortega refleja los senderos de la Iglesia:
    Él estudió para el sacerdocio en Cuba y Quebec, luego se vio obligado a
    trabajar en un campo de trabajo forzado en la isla entre 1966 y 1967.
    Ortega ha sido pionero de la estrategia de reconciliación de la Iglesia
    en la isla y, en consecuencia, su gestión ha demostrado ser una suerte
    de caminata sobre una cuerda floja política.

    La batalla del Cardenal

    La más intensa batalla de Ortega en estos últimos tiempos transcurrió en
    el 2010, después de la muerte de Orlando Zapata Tamayo, un preso
    político que permaneció en huelga de hambre durante 85 días. La muerte
    de Zapata galvanizó a la oposición en La Habana, incluyendo las Damas de
    Blanco, un grupo de mujeres y familiares de presos políticos. (Después
    de la misa dominical cada semana, vestidas de blanco, estas mujeres
    marchan hacia un parque, donde protestan en silencio. Sus paseos son uno
    de los símbolos más visibles de la resistencia pacífica en la capital).
    Después de la muerte de Zapata, las Damas ampliaron la protesta a las
    calles de la ciudad, donde airtadas turbas (sospechosas de conexión con
    el gobierno) las asaltaron, empujaron y escupieron a las mujeres. Cuando
    las Damas regresaron a sus protestas silenciosas, las turbas las
    siguiieron y bloquearon el paso. Lo que había comenzado como un pequeño
    testimonio público del sufrimiento privado de estas familias, se
    transformó en una audaz revuelta de género. Entonces, más reclusos se
    sumaron a la huelga de hambre. Proyectadas alrededor del mundo, las
    imágenes sugerían que Cuba estaba al borde de un cambio violento.

    Ortega intervino. Por su propia iniciativa, le escribió una carta a Raúl
    Castro en mayo pidiéndole a las Damas de Blanco se les permitiera
    marchar pacíficamente. Sólo tres días más tarde, funcionarios del
    gobierno lo llamaron para concertar una reunión con las mujeres, y las
    Damas tuvieron la oportunidad de solicitar que sus familiares enfermos
    fueran puestos en libertad o trasladados a cárceles más cercanas a sus
    hogares. Ortega siguió negociando con el gobierno hasta julio, cuando
    anunciió que había llegado a un acuerdo con Castro para liberar a los
    prisioneros.

    Pero al final, Ortega diluyó la victoria de la oposición con una dosis
    de la dura retórica gubernamental al uso. No mucho tiempo después del
    anuncio de la liberación de prisioneros, visitó Washington para recibir
    un premio de $100,000 dólares, otorgado por los Caballeros de Colón. En
    su discurso de aceptación, Ortega dejó asombrados a los observadores de
    Cuba refiriéndose a los activistas pro democracia encarcelados como
    "convictos", que eran -en palabras claramente calmantes para los oídos
    en el régimen de Castro- "considerados prisioneros de conciencia por
    Amnistía Internacional".

    Ventajas del Vaticano

    Luego hizo rondas en Washington. Informó al asesor de Seguridad Nacional
    de Estados Unidos, James Jones, y al subsecretario de Estado para
    Asuntos del Hemisferio Occidental, Arturo Valenzuela. El prelado incluso
    pasó más de una hora en una reunión secreta con Newt Gingrich,
    presumiblemente para presionar por el apoyo y discutir con el ex
    presidente de la Cámara de Representantes sobre la venidera contienda
    por la Casa Blanca. Ortega argumentó que la liberación de los
    prisioneros debería allanar el camino para estrechar las relaciones de
    Estados Unidos y Cuba, incluyendo el levantamiento del embargo
    comercial. Durante los seis meses posteriores a su visita, la Casa
    Blanca tuvo levantó las restricciones a los viajes de grupos académicos,
    religiosos y culturales. Al final del año, La Habana había liberado a
    más de 100 presos políticos -a cambio de aceptar el exilio.

    Jugar el papel de santo reconciliador le ha otorga el Vaticano tres
    ventajas. La Iglesia ha ganado espacio físico y operacional para
    expandir su presencia en la isla. En segundo lugar, Ortega ha negociado
    el conflicto, lo que cumple con la misión de la Iglesia ("¡Benditos sean
    los hacedores de paz", se lee en la Biblia), y le concede reconocimiento
    a su papel, tanto dentro como fuera del país. Y, por último, y quizás lo
    más importante, viéndolo en una perspectiva de largo alcance, el
    Vaticano está preparando el terreno para facilitar una transición no
    violenta en la era post-Castro.

    Según fuentes del Vaticano relacionadas con Cuba, la Iglesia recuerda su
    experiencia ayudando a conducir una transición pacífica del comunismo a
    la democracia en Polonia. Ese proceso fue resultado de una negociación
    entre el régimen, la Iglesia y sus aliados en un intrépido movimiento de
    laicos católicos, el movimiento Solidaridad, que fue el sindicato de
    vanguardia para el cambio político. Pero la analogía es débil debido a
    que la Iglesia cubana ha dejado de promover un auténtico movimiento de
    origen popular en favor de la democracia. Desde finales de los años 90,
    un católico devoto, Oswaldo Payá, ha liderado el movimiento por la
    democracia inspirada en el ejemplo polaco, llamado Proyecto Varela.
    Algunos incluso llaman a Payá "el Walesa de Cuba", en alusión a la
    visión de futuro de Lech Walesa en Polonia. Payá fue recibido por Juan
    Pablo II y fue galardonado con el Premio Sajarov de Derechos Humanos por
    parte de la Unión Europea. Sin embargo, a pesar de su creciente
    reputación, la Iglesia cubana no ha hecho nada para apoyarlo o fomentar
    su movimiento.

    A riesgo de un castigo futuro

    La Iglesia también está tratando de impulsar a los Castro en el camino
    hacia la liberalización de la moribunda economía cubana. La institución
    está ofreciendo clases de habilidades empresariales y contabilidad para
    los pequeños negocios. Es además copatrocinadora de un programa de
    maestría en La Habana, junto a una universidad española. La élite bajo
    Castro tiene su propio plan de juego, aunque apostando por algo mayor.
    Anticipándose a una futura transferencia de la riqueza al estilo de la
    Rusia postcomunista, una experiencia que convirtió a los burócratas de
    la nomenclatura en oligarcas, los familiares de Castro y altos mandos
    militares están tomando posiciones al frente del turismo, la energía, el
    comercio exterior, y el sector inmobiliario.

    Cuando Washington mira hacia Cuba, sin embargo, no ve la Polonia de 1980
    tanto como un problema de Estados Unidos, único en el siglo XXI. Por
    supuesto, en Polonia, Washington trabajó estrechamente con la Iglesia y
    el movimiento laico en favor de la democracia. Hoy, la Casa Blanca apoya
    a los blogueros individuales y se ha centrado en reducir las barreras
    para viajes y remesas entre la isla y Estados Unidos. Aunque Ortega
    continuará abogando por el fin del embargo, esto no será probable
    mientras Cuba mantenga un americano un americano en la cárcel [el
    contratista Alan Gross] y prevalezca firme la gran oposición sobre el
    tema en el Congreso.

    El riesgo que corre la Iglesia en un futuro post-Castro es que sea
    castigada por haber hecho un pacto con el diablo. Después de la
    transición democrática en Polonia, un 15 por ciento de los clérigos
    fueron acusados ??de cooperar con los comunistas. Ellos fueron echados a
    un lado. Del mismo modo, la próxima generación en Cuba quizás no se tome
    el tiempo para reconocer el papel de sacrificio de la Iglesia. Con
    relación a eso, la Iglesia tendrá que reconciliarse con su propia postura.

    http://cafefuerte.com/cuba/noticias-de-cuba/politica/1625-iglesia-catolica-en-cuba-un-pacto-con-el-diablo