Alan Gross: Castro's prisoner
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    El espía se va de viaje a Cuba

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    Cinco Espías, René González, Alan Gross

    El espía se va de viaje a Cuba

    La separación de los poderes del Estado es una realidad en Estados Unidos

    Eugenio Yáñez, Miami | 21/03/2012 10:20 am

    Una semana atrás señalé, con relación a la solicitud de viajar a Cuba
    del espía en libertad condicional René González, que el Gobierno de
    Estados Unidos no podía tomar ninguna decisión al respecto "ya que eso
    corresponde a los tribunales, que decidirán teniendo en cuenta lo que
    consideren apropiado, y nada más".

    De inmediato, los brigadistas de respuesta rápida digital, muy
    doctamente, señalaron que mi escrito era una "escandalosa apología del
    sistema estadounidense" y que "el articulista no sabe que es una falacia
    eso de los tres poderes". Pasaron solamente seis días cuando la decisión
    de la jueza federal de autorizar la visita demostró que los defensores
    del totalitarismo cubano necesitan urgente actualización política y
    cultural, pues la representante del Poder Judicial de EEUU autorizó lo
    que el Poder Ejecutivo recomendaba no permitir, y que una influyente
    congresista (Poder Legislativo) consideraba un tremendo error consentir.

    Así de sencillo. No hicieron falta tratados académicos ni citas de
    "clásicos": bastó simplemente leer las noticias, porque en una verdadera
    democracia lo normal es que las instituciones funcionen y que nadie esté
    por encima de las leyes, ni siquiera los gobernantes. No pretendamos que
    quienes defienden dictaduras en estos foros e intentan desacreditar a
    quienes escribimos como personas libres que somos ?¡cuanto deben
    envidiarnos!? sean capaces de reconocer su error: si tuvieran memoria, o
    vergüenza, no serían lo que son; pero tampoco vale la pena dedicarles
    demasiado tiempo.

    Con relación al espía que viaja a Cuba, los cubanos libres no debemos
    tomar el asunto como algo personal: si fue autorizado para hacerlo por
    quien correspondía por ley, pues que tenga buen viaje. Nuestra libertad
    es nuestra fortaleza. Y desde el punto de vista estrictamente
    humanitario, no nos desmerita para nada desearle que pueda compartir con
    su hermano gravemente enfermo difíciles momentos que tal vez sean los
    últimos en que puedan estar juntos.

    Precisamente por eso, sería muy conveniente que tanto el régimen cubano
    como el propio espía mantengan el viaje en el terreno "humanitario", sin
    pretender buscarle cortapisas propagandísticas ni réditos políticos a lo
    que debería ser un encuentro familiar y privado, doloroso y triste,
    estando de por medio la salud y la vida de un ser querido.

    Habrá que ver si la dictadura cubana es capaz de respetar el carácter
    humanitario de la situación o si sucumbe a la tentación de politizar el
    escenario con la cantaleta de "los cinco héroes" y todo lo demás que
    tiene hastiados a todos dentro de la Isla, en su absurdo intento de
    pretender, con presiones y alborotos para confundir cubanos de a pie,
    tontos útiles, o "antiimperialistas" en todo el planeta, interferir en
    la administración de justicia del país más poderoso del mundo.

    Sobre lo de que no tenga contactos con oficiales de inteligencia cubanos
    durante su visita a Cuba es como pedirle al alacrán que no clave al
    aguijón. Y Estados Unidos no tiene manera de mantener control sobre esa
    situación, ni aunque todo el personal de la Sección de Intereses de
    Estados Unidos en La Habana, más todos los diplomáticos de naciones
    aliadas, trataran de saber lo que sucede cuando el visitante esté fuera
    de las candilejas. Pero eso era sabido desde antes que se autorizara el
    viaje por la jueza, pues esa solicitud del Departamento de Justicia era
    tan ingenua como considerar que Irán no pretende fabricar armas
    nucleares, que Corea del Norte desea sinceramente la paz, que el Papa
    recibirá a los disidentes en Cuba, o que Santa Claus baja por las chimeneas.

    Por otra parte, cualquier relación política bilateral que se base en el
    respeto y no en la imposición, requiere acciones y reacciones de ambas
    partes. Una vez autorizado el viaje del señor René González, no debe
    olvidarse que existe otra situación humanitaria del otro lado, que
    requiere una autorización del Gobierno cubano: el señor Alan P. Gross,
    ciudadano norteamericano cumpliendo condena en Cuba ?dejemos a un lado
    ahora si justa o injustamente? ha solicitado un permiso humanitario para
    visitar a su madre, también enferma de cáncer, y se sabe que también su
    hija padece de esa enfermedad.

    En los temas humanitarios no deben primar ideologías ni intereses
    políticos, sino aspectos estrictamente humanos. El corazón del señor
    René González no es mejor ni peor, ni mayor ni menor, que el del señor
    Alan P. Gross. Si uno tiene a un hermano sufriendo un grave cáncer, el
    otro tiene una madre en la misma situación. No tiene sentido pretender
    que lo que vale para un caso no valga para el otro: si un elemental
    humanitarismo justifica una autorización, eso mismo justifica la otra.
    Cualquier otro razonamiento sería una impúdica falacia.

    Que no vengan a decirnos ahora que uno ya cumplió muchos años de cárcel
    y ahora se encuentra en libertad condicional, mientras el otro debe
    cumplir todavía bastante tiempo, porque ese no es el tema: el tema es si
    uno puede querer a su hermano más que lo que el otro puede querer a su
    madre. Que no nos digan que el de La Habana cumple condena de acuerdo a
    las leyes del país, porque el de Florida también la cumple de acuerdo a
    las leyes de este país, porque ese no es el tema: el tema es si uno
    puede querer a su hermano más que lo que el otro puede querer a su
    madre. Que no nos digan que los prisioneros en Florida lo son por
    motivaciones políticas, como si el de la Isla lo fuera por motivaciones
    esotéricas, musicales o folklóricas, porque ese no es el tema: el tema
    es si uno puede querer a su hermano más que lo que el otro puede querer
    a su madre.

    Como dije más arriba, "desde el punto de vista estrictamente
    humanitario, no nos desmerita para nada desearle [al espía] que pueda
    compartir con su hermano gravemente enfermo difíciles momentos que tal
    vez sean los últimos en que puedan estar juntos". ¿Tendrán la dictadura
    cubana, y sus papagayos-comentaristas que la defienden a toda costa, la
    dignidad y el corazón necesarios para autorizar al señor Gross y
    desearle lo mismo con relación a su señora madre?

    Ojalá. No por la dictadura, sino por el señor Gross.