Alan Gross: Castro's prisoner
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    Los olvidados de siempre

    Represión, Militares

    Los olvidados de siempre

    Aquellos que fueron militares o miembros del Ministerio del Interior del
    régimen castrista en algún momento, y ahora cumplen una condena
    política, sufren una represión multiplicada y un doble olvido

    Rafael del Pino, EEUU | 07/12/2011

    Dentro de la prisión de máxima seguridad ubicada en las afueras de la
    ciudad de Guanajay, el régimen cubano construyó un "área especial" para
    los militares prisioneros por problemas políticos y los otros "delitos"
    que se le fabrican a los que se convierten en una amenaza, aunque solo
    sea potencialmente.

    Esta área especial se construyó fundamentalmente para los sentenciados
    de las Causas No. 1 y No. 2 de 1989 y es, sin lugar a dudas, la mas
    represiva de todos los establecimientos penales de la Isla. En ella
    guardaron prisión oficiales del más alto rango de las FAR y el MININT
    incluyendo a generales como Patricio de la Guardia, Pascual Martínez Gil
    y hasta los ex ministros Diocles Torralba y el del Interior, general de
    división José Abrantes, a quien dicho sea de paso se le dejó morir de un
    ataque al corazón al no recibir debidamente a tiempo la atención médica
    necesaria.

    El área especial está dentro del cordón de la prisión de Guanajay y es
    una edificación independiente dentro de ella, con su propio cordón
    interno de seguridad. Ni el jefe de la prisión puede entrar en el área
    especial sin autorización del mando superior porque esta se subordina
    solamente a la jefatura del Ministerio del Interior.

    Las dimensiones de las celdas tienen como promedio tres metros de largo
    por dos de ancho. En su interior tienen uno de esos servicios sanitarios
    sin taza donde el prisionero debe hacer todas sus necesidades
    fisiológicas y soportar la pestilencia hasta que a los carceleros se les
    ocurra conectarle el agua que se suministra esporádicamente.

    Las puertas de las celdas son tapiadas con gruesas planchas de acero que
    impiden todo contacto exterior ya sea visual o auditivo.

    Cuando se le concede visita al prisionero, nadie más de los que allí
    guardan prisión tiene derecho a la misma. No por exclusividad, sino para
    que los familiares de otros presos de esa área puedan tener la más
    mínima posibilidad de confraternización.

    Como señalé anteriormente, el agua la ponen a voluntad del carcelero y,
    si el prisionero quiere alumbrarse, su familia debe traer el bombillo y
    la lámpara.

    Si es invierno y necesita protegerse del frio, la familia también debe
    suministrar la colcha. A dichos familiares les corresponde también, por
    supuesto, el lavado de toda la ropa de cama y personal, que también debe
    ser suministrada por ellos.

    Si un prisionero necesita ser atendido por el médico, es conducido
    escoltado por dos guardias y en el trayecto desde el área especial hacia
    el policlínico no logra ver un alma. Hasta los presos de confianza,
    dedicados a la limpieza de la prisión exterior, son retirados.

    Se puede estar en el área especial años y nunca el prisionero conocerá
    al de la celda contigua porqué está hecho para eso, para que no se
    comunique con nadie, salvo con los carceleros que son los que traen la
    comida. Ni siquiera los presos comunes de la prisión exterior, que
    trabajan como electricistas o plomeros, pueden entrar allí, y las pocas
    veces que han entrado le advierten claramente que no pueden hablar con
    nadie de esa área.

    Allí consumen en desproporcionadas condenas muchos militares que se han
    enfrentado a la dictadura. Ellos no tienen, ni en el interior de Cuba ni
    tampoco en el exterior, quien los considere héroes. Quienes le pongan
    vallas anunciadoras clamando por su libertad, quienes consuman horas de
    propaganda radial —como el programa del conocido presentador de Miami
    Edmundo García— que solo se ocupa de los cinco agentes de la
    Inteligencia cubana condenados en Estados Unidos, pero olvida
    convenientemente a sus compatriotas encarcelados en la propia Cuba

    Por supuesto que los militares presos en Cuba no tienen televisión a
    color, ni Internet, ni llamadas por teléfono, ni aire acondicionado, ni
    tres comidas al día balanceadas con proteínas y carbohidratos. Nadie los
    menciona en programas de radio o televisión. Los encargados de denunciar
    las violaciones de derechos humanos, tanto dentro como fuera de Cuba,
    los pasan por alto. No tienen comités para la liberación de "los héroes
    luchadores antiterroristas" que están presos no por espiar a un grupo
    determinado de supuestos terroristas como hicieron los que guardan
    prisión en Estados Unidos, sino por enfrentarse a un Estado que
    aterroriza a todo un pueblo.

    Para mayor desgracia, cuando alguno logra salir del área especial y
    decide jugarse la vida en una balsa, cuando llegan a Miami no solo les
    dan las espaldas porque una vez estuvieron en las filas de las
    instituciones militares, sino que son señalados como posibles
    colaboradores del régimen que los ha destrozado.

    Estos militares, que están presos en Cuba por delitos políticos, tienen
    un problema al cumplir las desproporcionadas condenas y ganarse la
    libertad. Después de habérseles arrancados los mejores años de sus vidas
    se encuentran que no solo han perdido sus retiros, sino que el —hasta
    ahora— único empleador del país, el Estado, no los quiere en sus centros
    de trabajo convirtiéndolos virtualmente en mendigos.

    Si intentan obtener una visa de refugiado en la Sección de Intereses de
    Estados Unidos, como le sucedió al ex coronel Omar Ruiz Matoses después
    de haber cumplido 17 años de una condena de veinte, algunos burócratas
    que se encargan de gestionar estos trámites los rechazan, porque según
    esos funcionarios los militares que han cumplido prisión por oponerse a
    la dictadura no son políticos, son presos que han incumplido los
    reglamentos de las Fuerzas Armadas.

    Estos fríos, distantes, inconmovibles diplomáticos, que para colmo de la
    ineptitud e ineficiencia no son capaces ni de hablar la lengua del país
    donde prestan sus servicios, han sido en muchos casos los que han
    contribuido a las salidas ilegales, al contrabando humano y a otros
    procedimientos que han costado vidas de ex presos militares al verse
    cerradas todas las puertas.

    Hasta los muertos españoles son mejores que ellos. Algunos que dejaron
    este mundo desde el siglo pasado han resuelto lo que estos incapaces no
    han podido hacer. Como el mismo ejemplo del coronel Matoses, que tuvo
    que acudir su abuelo español de la tumba para sacarlo del infierno.

    No se descarta una negociación entre el Gobierno de Estados Unidos y
    Cuba para un canje de prisioneros. Se ha hecho siempre, tanto en la
    guerra fría como ahora. El más reciente caso lo constituye el canje de
    mil prisioneros palestinos por un soldado israelí. Hecho que ha puesto
    en una situación incómoda al Gobierno de Estados Unidos, al plantearse
    Alan Gross cuál es el valor de cambio de un judío norteamericano
    comparado a uno israelí.

    Es imposible predecir si el pragmatismo llegará a imponerse al orgullo
    de gran potencia. O si el inmenso poder económico de la comunidad judía
    logre abrir las puertas de la negociación. Pero si esto llega a suceder,
    es de esperar que la parte norteamericana no repita el error de pasar
    por alto a los olvidados de siempre, a oficiales como el de la
    inteligencia del MININT Rolando Trujillo Sarraf y otros como Borges y
    Claro, ex oficiales de la contrainteligencia que se pudren en esa cárcel.

    Es de esperar que las organizaciones de derechos humanos, en primer
    lugar a la encabezada por Elizardo Sánchez Santa Cruz, tengan
    actualizados todos sus expedientes de las decenas de oficiales que han
    sido arbitrariamente encarcelados y movilicen a la comunidad
    internacional para que los olvidados de siempre no sean abandonados a su
    suerte.

    Si se negocia el canje de los "cinco héroes" por Alan Gross, junto a
    este último tienen que salir también los verdaderos héroes que se han
    enfrentado al terrorismo de Estado, sean o no ex militares. De lo
    contrario sería una imperdonable burla.

    http://www.cubaencuentro.com/cuba/articulos/los-olvidados-de-siempre-271324