Alan Gross: Castro's prisoner
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    Por qué nadie protesta en La Habana

    Por qué nadie protesta en La Habana
    Por Mary Anastasia O'Grady

    Los acontecimientos de los últimos 10 días de Egipto me hicieron acordar
    de Cuba. ¿Porqué una rebelión similar contra cinco décadas de represión
    sigue pareciendo un sueño lejano? Parte de la respuesta es la relación
    entre los hermanos Castro, Fidel y Raúl, y los generales. El resto se
    explica por el modelo significativamente más represivo del régimen de la
    isla. En el arte de las dictaduras, Hosni Mubarak no les llega ni al
    talón a los Castro.

    Que tantos egipcios hayan levantado sus voces en la plaza Tahrir es un
    testimonio del anhelo universal por la libertad. Pero es un error
    ignorar el rol clave que juegan los militares. Apostaría a que cuando se
    escriba la historia del levantamiento, sabremos que los altos mandos de
    las fuerzas armadas no aprobaban el plan del presidente de designar a su
    hijo como candidato en la próxima elección.

    Castro compró la lealtad de la policía secreta y las fuerzas armadas al
    cederles el control de los tres sectores más rentables de la economía:
    las ventas minoristas, el turismo y los servicios. Los militares cubanos
    reciben cientos de millones de dólares al año. Si el sistema colapsa,
    también lo hacen esos ingresos. Los militares egipcios también son
    propietarios de empresas, claro está, pero no dependen de una economía
    enteramente en manos del Estado. Y como beneficiario de una
    significativa ayuda y capacitación de Estados Unidos durante muchos
    años, las fuerzas armadas egipcias han cultivado una cultura de
    profesionalismo y de compromiso con el país por encima de cualquier
    individuo.

    En Cuba no hay partidos políticos de oposición ni medios de comunicación
    que no pertenezcan al gobierno: brigadas de respuesta rápida aseguran
    que se acate la línea del partido. No se puede viajar fuera del país sin
    la autorización del gobierno. Los disidentes pacíficos con capacidad de
    liderazgo que no se quiebran son exiliados o asesinados.

    La diferencia más impactante entre Cuba y Egipto es el acceso a
    Internet. En un informe elaborado por Freedom House en marzo de 2009
    sobre Internet y la censura a los medios digitales en todo el mundo,
    Egipto ocupó el puesto 45 (de un total de 100 países), un poco por
    debajo de Turquía, pero por encima de Rusia. A Cuba le correspondió el
    lugar 90, con una censura mayor a la de Irán, China y Túnez. Mientras
    tanto, el servicio de telefonía celular en Cuba es demasiado caro para
    la mayoría de la población.

    Sin embargo, la tecnología de alguna manera se filtra en Cuba. Cuando
    Fidel acabó con la vida del prisionero de conciencia Pedro Boitel en
    1972 al negarle agua durante una huelga de hambre, el mundo apenas lo
    notó. En contraste, las noticias sobre la muerte a manos del régimen del
    prisionero de conciencia Orlando Zapata Tamayo en 2010 llegó a Internet
    casi inmediatamente y fue objeto de una condena mundial. La dictadura
    militar no pudo contener la publicidad negativa.

    De manera similar, cuando las Damas de Blanco, un grupo de esposas,
    hermanas y madres de prisioneros políticos, fueron atacadas por la
    policía el año pasado cuando caminaban pacíficamente por La Habana, las
    imágenes fueron capturadas por teléfonos celulares e inmediatamente
    aparecieron en la red. Fue otro desastre de relaciones públicas para los
    hermanos Castro y sus amigos como el presidente mexicano Felipe Calderón
    y el presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero.

    La presión internacional inducida por la tecnología está haciendo que el
    régimen se muestre más renuente a aplastar a sus críticos con los
    métodos tradicionales. En una entrevista del 27 de enero con el diario
    argentino Ámbito Financiero, la internacionalmente reconocida bloguera
    Yoani Sánchez dijo que el "estilo" de la represión del gobierno ha
    pasado de los arrestos agresivos y las largas condenas a los intentos
    focalizados de difamación y aislamiento. Agregó que la policía
    uniformada "fue distanciándose del tema político, no por órdenes de
    arriba, sino porque no quieren quedar asociados con la represión".
    Ahora, aseveró, la intimidación y los arrestos arbitrarios son
    realizados fundamentalmente por la policía secreta con indumentaria civil.

    Un poco más de espacio ha envalentonado a la población. Sánchez
    manifestó en la entrevista que es "optimista respecto del proceso lento
    e irreversible en el interior de los cubanos, en el que la crítica
    ciudadana irá en aumento, habrá menos miedo, sentirán que la máscara es
    cada vez más innecesaria y que ya no se traduce en privilegios y subsidios".

    La semana pasada se filtró en Internet un video de un seminario militar
    cubano respecto a cómo combatir la tecnología. Las imágenes muestran la
    preocupación de la dictadura con la web. El instructor advierte sobre
    los peligros que representan los jóvenes con un discurso atractivo que
    comparten información a través de la tecnología y que intentan
    organizarse. El "chat" en tiempo real, Twitter y la aparición de jóvenes
    líderes en el ciberespacio —llamado un "campo de batalla permanente"—
    son peligros descritos durante la charla de una hora de duración. El
    instructor también comparte sus preocupaciones respecto a los programas
    del gobierno de Estados Unidos que intentan aumentar el acceso a
    Internet al margen de los canales oficiales en la isla.

    El viernes, el régimen brindó una nueva muestra de su paranoia al acusar
    de espionaje a Alan Gross, el contratista de la Agencia para el
    Desarrollo Internacional de Estados Unidos. Gross ha estado en la cárcel
    durante 14 meses por dar a los judíos cubanos equipos de computadoras
    para que se puedan conectar con la diáspora judía.

    A pesar de un acceso muy limitado, los cubanos ya están recurriendo a
    Internet para compartir lo que hasta ahora habían mantenido en su
    cabeza: pensamientos contrarrevolucionarios. Si se extienden, incluso
    los bien alimentados militares no podrán salvar al régimen. Por ahora,
    sin embargo, los cubanos solamente pueden soñar con la libertad que los
    egipcios disfrutan mientras dan a conocer su descontento.

    Escriba a O'Grady@wsj.com

    http://online.wsj.com/article/SB129705044704283831.html?mod=WSJS_opinion_MiddleFeatures